AMLO y los jóvenes

Cuando Andrés Manuel López Obrador, siendo jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, propuso un programa de subsidio gubernamental para capacitar a los jóvenes que no estudian ni trabajan, la reacción de la “gente decente” fue de escándalo: “¡Qué barbaridad!” “¿Cuánto va a costar eso?” “¡No va a alcanzar todo el PIB para sustentar el programa!” “¡Puro populismo!”

Con “argumentos” similares, se refirieron al programa de ayuda económica para los habitantes de la tercera edad y con el apoyo de muchos medios de comunicación, corearon: “¿Cómo que regalar dinero a los viejos?” “¿De dónde saldrán los recursos para soportar tan tremendo gasto?” “¡Populista irredento!”. “¡Es un peligro para México!” “Casi medio millón de mujeres y hombres de la tercera edad, a los que se les dará, sin merecerlo, sin trabajar, 800 pesos mensuales, es un dispendio” “¡Eso no es digno de un jefe de Gobierno que presume de austero!” “Además, pretende agregar, a ese regalo demencial, otro para los preparatorianos de bajos recursos y madres solteras” “Y para coronar sus pretensiones, quiere abrir varias prepas y hasta una universidad”. ¿Qué tipo de político es López Obrador?”, se preguntaban dolosamente desde el poder.

A pesar de la tormenta, AMLO llevó a término sus propuestas. Una gran cantidad de personas, hasta entonces desvalidas, empezaron a sentirse dignos de nuevo. Muchos de ellos salieron de sus covachas a donde habían sido relegados y comenzaron a contribuir al sostén de sus hogares, comprar sus medicinas o tomarse un café. El éxito tuvo que ser reconocido y Obrador cimentó su imagen de hombre de confianza. Luego, inició su campaña presidencial, con una consigna “Por el bien de todos, primero los pobres”. Ahora, por ahí andan ejerciendo actividades dignas y productivas los muchachos que salieron de las nuevas prepas y de la Universidad de la Ciudad de México, que tiene una matrícula que ronda los 13 mil estudiantes. No hubo dispendio, fueron los recursos mejor empleados.


En esta temporada electiva, de nueva cuenta, se ha levantado la polvareda que tacha de populista, sin sustento y alocado, al único programa que se propone atender a los jóvenes que no estudian ni trabajan, Esta propuesta muestra la constante preocupación de Andrés Manuel López Obrador por la juventud y, en particular, de aquellos a los que el neoliberalismo excluye negándoles la oportunidad de estudiar o trabajar,

Un programa que atiende a los marginados y excluidos, genera el rechazo de las “buenas conciencias”, que muestra su ira disfrazada de incredulidad, con una mezcla de sentimientos racistas y clasistas, que generan expresiones burlonas de “gente de alcurnia”, que rechaza la igualdad social y que advierte: “Distribuir recursos es peligroso para el propio bienestar de hoy y, más aún, el de mañana”. “Los escasos medios con que cuenta el gobierno apenas alcanzan para lo indispensable”. “Regalarlos, botarlos, es contraproducente”. En el fondo, su alegato oculta su idea de la vida: Si ha de haber privilegios, estos sólo deben ser para la “gente bonita”.