El artista Amilcar Rivera propone una introspección doble: en su obra y en el espectador

Así como el espectador invade el espacio íntimo del personaje pensativo, ensimismado, metido en un momento de introspección profundo que se halla pintado en el cuadro, así ese mismo personaje silente habita, con su presencia pictórica, los espacios. En ello, reparó el artista plástico Amilcar Rivera (Ciudad de México, 1975), sobre una de las características de su obra que ha sido advertida por algunos de los poseedores de sus cuadros.

Desde este viernes 15 de septiembre y hasta el 12 de noviembre un total de 19 obras, una mayoría de pinturas y un trío de grabados, se exhiben en el Museo del Tecnológico de Monterrey que se ubica en el Centro Histórico de Puebla.

Bajo el título de Introspectus, la exposición de Amilcar Rivera reúne obra reciente realizada en torno a la introspección.


“Trabajo a partir de la mancha, sobre la cual exploro las posibilidades técnicas y el color hasta que sale el personaje y lo resalto”, dijo el artista formado en la Universidad Veracruzana.

Una vez hallados, continuó, los personajes -femeninos y masculinos, en solitario o en pareja- tienen una vida propia que viene del diálogo y la introspección.

Ejemplo de ello es Nuestras soledades, un óleo de mediano formato de 2016, en el que una delgada mujer ocupa el extremo derecho del cuadro mientras reflexiona a ojos cerrados y con un ademán de firmeza en sus manos.

Otro más es Conversando, un acrílico sobre papel de 2015, en el que una pareja con rostros disueltos casi en cadáver se posa uno frente al otro, en apariencia de loto, también a ojos cerrados y en aparente silencio.

En ese sentido, Amilcar Rivera señaló que si bien se asientan en la introspección, sus obras rozan el individualismo reflejado en el carácter de sus personajes.

Durante una conferencia de medios al lado de la directora del Museo del Tec, Mariela Arrazola, el pintor abundó que su trabajo es honesto pues parte de una necesidad de expresión y “no de cumplir” con el mercado del arte, pues ahí solo entra en “galerías inteligentes”.

Al respecto, Mariela Arrazola señaló que la obra de Amilcar Rivera se posiciona a partir del conocimiento profundo de la técnica y el lenguaje pictórico que tiene su autor.

Por ello, agregó, “en el confuso mundo del arte contemporáneo, Amilcar nos recuerda la vigencia de la técnica pictórica y su inigualable lenguaje visual”.

Enfatizó que recién llegado de Tailanda y con una exposición paralela en la Galería José Clemente Orozco de la Escuela Nacional Preparatoria en la Ciudad de México, la muestra en Puebla tiene una curaduría particular: aquella que por medio de colores destaca la obra para que vea y resalte.

“Hay una tendencia al cubo blanco, a colgar todo en paredes blancas, algo que está bien para el arte neoconceptual, pero para la obra con riqueza pictórica como la de Amilcar se necesita del conocimiento y el trabajo académico”, apuntó Arrazola.

Agregó que las características propias de la obra del artista que también ha expuesto en España, Alemania y Eslovaquia, permiten brindar recorridos lúdicos y de aprendizaje a quienes asistan a la exposición. Ello, porque los visitantes podrán desarrollar dos habilidades: el conocimiento reflexivo y la apreciación objetiva del arte.