Alimentos y salud

El desmantelamiento del aparato productivo alimentario nacional ocurrido durante el neoliberalismo implicó la desincorporación de más de 70 empresas agropecuarias del Estado que habían desempeñado un importante y estratégico papel en el abasto de alimentos a las zonas urbanas y rurales. De la misma manera, las reservas alimentarias del país fueron eliminadas en el régimen de Carlos Salinas y la investigación agropecuaria ha sido prácticamente aniquilada y, hoy, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, fusionado en 1985, es una institución que sobrevive con un escaso presupuesto para la investigación.

Con el neoliberalismo, el sector agrícola fue desatendido y se debilitó severamente; México, dejó de producir semillas y fertilizantes, se abandonaron los créditos al campo y se eliminaron los precios de garantía, entre otras cosas; lo que dio lugar a la creciente importación de agroquímicos, semillas y fertilizantes y, aun peor, la compra al exterior de alimentos que rompen la identidad cultural de las comunidades. Hoy, el mercado nacional está inundado de productos cuyo contenido nutrimental es cuestionable. México, supera 50 por ciento de importación de granos básicos, oleaginosas, carne de cerdo, carne de ave, leche en polvo, almidón de maíz, alcohol etílico, manzana de mesa, glucosa, alimento para animal y una infinidad de productos procesados sintéticamente.

Las enfermedades predominantes que actualmente son problemas de salud púbica, tienen su origen en un sistema alimentario dominante basado en el uso de sustitutos, conservadores, edulcorantes, colorantes, saborizantes, estimulantes, coadyuvantes; todos de origen sintético, de dudosa calidad y escaso valor nutritivo.


El uso indiscriminado de agrotóxicos, herbicidas y pesticidas de origen químico y con altos efectos residuales, no solo ha deteriorado los ecosistemas, sino también la salud humana. La contaminación de los mantos acuíferos, la destrucción del proceso de fortalecimiento vegetal por los microorganismos del suelo, la generación de resistencia de insectos a los productos químicos y la destrucción de insectos benéficos polinizadores, las mutaciones en infantes, intoxicaciones y el envenenamiento en humanos, ha sido el resultado de ese uso excesivo impuesto por las empresas monopólicas y la actitud omisa de las autoridades gubernamentales.

Las cifras actuales de obesidad adulta e infantil, diabetes, hipertensión, problemas gastrointestinales, cardiopatías, disfunciones corporales y cáncer; son alarmantes. México ocupa el primer lugar, a nivel mundial, en obesidad infantil; sexto en diabetes y el cáncer, como una de las principales causas de muerte se incrementó 20 por ciento, entre 2004 y 2013, a razón de 78 mil 582 casos anuales. Por si fuera poco, tres empresas trasnacionales de la agricultura, asociadas a la industria farmaceutica, controlan el 73 por ciento de las ventas globales: Amgen, Genentech y Monsanto. Bajo este escenario: quien produce, compra y consume alimentos, y quien se enferma, obligadamente engrosará las arcas de estas empresas.

México tiene que recuperar la capacidad productiva de alimentos para garantizar a su población productos sanos, inocuos, nutritivos y, culturalmente, aceptables que lleguen a los consumidores en todo el país a precios asequibles, producidos bajo un modelo de agricultura agroecológica y con un enfoque de desarrollo local, acortando los circuitos de distribución.