Adiós al terror

Sesenta años de terror quedaron atrás. Euskadi Ta Askatasuna (ETA), organización militar que durante todo este tiempo se erigiera como la vanguardia de las reivindicaciones del pueblo vasco, anunció (el pasado 3 de mayo) el final de su trayectoria y el desmantelamiento total del conjunto de sus estructuras.

Apretado resumen informativo que condensa en sí miles de historias entrelazadas por el dolor causado por las acciones de la organización y que, se olviden o no, se perdonen o no, tendrán siempre unos nombres y apellidos. Seis décadas de sufrimientos desmedidos, unos 853 muertos, miles de patrimonios convertidos en polvo… y centenares de familias enfrentadas en el tiempo, como las que nos presenta desde la ficción Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) en la novela Patria, que a dos años de su publicación no pierde una especial actualidad.

Patria, escribe su autor en un texto posterior al revuelo literario causada por la misma, nació de diversos “estímulos alejados en el tiempo”. El primero de ellos “no pasó de un rápido apunte en un cuaderno de anotaciones. Una mujer que ha perdido a un ser querido a causa de un atentado de ETA quiere, antes de morirse, que le pidan perdón. Eso es todo. A este apunte lo precedieron y sucedieron otros que acaso no den nunca lugar a una novela o un relato”.


En tiempos en los que el independentismo catalán ha alcanzado sus mejores momentos, y en los que su contraparte, el centralismo español, responde al primero con la totalidad de los recursos a su alcance, y hasta con descaradas desproporciones, escudriñar en las entrañas de las disyuntivas que una cotidianidad específica les presentan a unas familias cualesquiera,puede resultar incómodo.

Así es Patria: una novela de personajes entrañables, esclarecedora, que el lector no puede soltar, dolorosa, con una estructura y una sintaxis memorables y, también en cierto modo incómoda.

Indiscreta, dudosa posibilidad, se pensará. ¿Cómo desde la literatura, siempre que sea buena, es posible condensar el drama que significó el enfrentamiento radical que, durante décadas, se vivió en el país vasco? Nacionalistas versus españolistas. Un cara a cara similar al de estos días en la otra región del ya inexistente reino.

Pues sí. Desde la novela, Patria, el lector podrá asomarse a los universos individuales y colectivos que se contienen en un espacio ficcional, nada lejano al real. Dos familias de una misma localidad. Una localidad inserta en un país. Un país señalado por otro en el curso de la historia. Una cultura en el centro de otra. Los amores y los días. La risa y los llantos. La suerte y la mala estrella. La totalidad de sentires y pesares con los que se construye una patria.

Una historia real que nos habla de padres e hijos. Antigua labor que los novelistas tributan a las personas que habitamos este planeta llamado tierra, palabra que suena similar a patria. “El barco no se abandona porque hay tormenta, sino cuando se hunde”.

Lo sabemos todos. Durante décadas, la imposibilidad de canales democráticos para la expresión histórico-cultural del pueblo vasco generó manifestaciones de afirmación y sobrevivencia apoyadas en la violencia. El hecho provocó a su vez una espiral. La brújula para encontrar el núcleo del aprieto se extravió. Imperó entonces la lucha armada, aun sin saber a ciencia cierta qué fue primero. El huevo o la gallina. Pues “¿cómo vas a darle la espalda a tu propio hijo aunque sepas que está cometiendo maldades?”.

“Las guerras son así”, dirá uno de los muchos personajes de Patria. ¿Muchos?, preguntará el lector. Tanto como los que conforman una familia y otra. A las que todos pertenecemos. ¿Muchos? En realidad unos cuantos.

Bittori y el Txato, de un lado; Miren y Xoxian, del otro. Padres de cinco hijos, dos y tres, respectivamente, que desde la primera línea ya se entrelazan en un ambiente en apariencia de víctimas y victimarios, pero no, descubriremos después. “Somos víctimas del estado y ahora somos víctimas de las víctimas”.

Los hechos se acumularán. “A una determinada distancia temporal del asesinato”. Que hay uno, y no se oculta al lector, desde la primera página. El Txato: víctima de un atentado de la banda terrorista vasca ETA. “¿Cómo se vive íntimamente la desgracia de haber perdido a un padre, a un esposo, a un hermano en un atentado? ¿Cómo afrontan la vida, tras un crimen de ETA, la viuda, el huérfano, el mutilado?”.

Historia que abarca y desemboca en la desaparición de la organización. Un volver a empezar, “porque hay que pasar página y mirar al futuro y que no haya vencedores ni vencidos”.

Todo para entender que no es el odio, esa rabia profunda y lenta, el arma para derrotar definitivamente a la nostalgia, los remordimientos y la sensación de la derrota.

La más vendida

Con un tiraje inicial de 20 mil ejemplares, a año y medio de colocarse en mesas de novedades lleva 21 reediciones, se calcula que de Patria se habrán vendido más de 600 mil ejemplares, sin contabilizar los que se comercian en el formato ebook. Sus derechos de traducción se han vendido en 14 países; ya circula su versión alemana.

A la fecha, Patria ha sido distinguida con los premios Ramón Rubial, Francisco Umbral, de la Crítica y Nacional de Narrativa. Se negocian ya la cesión de derechos para que HBO produzca una serie de televisión, la primera en España de esa cadena.

La belleza

“¿Para qué sirve la belleza?”, escribe el periodista José Manuel Fajardo en Los años del miedo. Crónica de la violencia (1990-2015) [Malpaso]. Pregunta inevitable si se alternan dos hechos: primero, una explosión que hace temblar toda estructura; segundo, unas esculturas de Rodin expuestas en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Que para sirve la belleza: para recordarnos que “incluso con lo peor que hay en nosotros, puede hacerse algo bello si se proyecta al arte. La belleza sirve, al menos, para dignificarnos. Y para devolvernos la fe en el ser humano”.

Algo que garantiza la lectura de Patria.

***Fernando Aramburu, Patria, Tusquets, Barcelona, 2016, 648 pp.

@mauflos