A 20 años de Acteal: Nos dicen que perdonemos pero no podemos olvidar

A casi 20 años de la masacre de Acteal, Guadalupe Vázquez Pérez aún recuerda cómo asesinaron a machetazos y balazos a su padre.

San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 25 de noviembre de 2017. A casi 20 años de la masacre de Acteal, donde fueron asesinadas 45 personas entre hombres, mujeres y niños, Guadalupe Vázquez Pérez aún recuerda cómo asesinaron a machetazos y balazos a su padre, su madre, a sus tres hermanas, su abuela y su tío.

Con 30 años de edad ahora, la joven recuerda aquella ocasión en que su madre y su padre hicieron todo lo posible por protegerla hasta el último momento. Los criminales arrasaron con la mayoría de los pobladores de ese campamento de desplazados miembros todos de la Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal,

“Nos dicen que ya perdonemos, pero no podemos perdonar, porque perdonar para nosotros es olvidar el pasado y lo que ocurrió es algo que nunca vamos a olvidar”, dice la mujer que tenía 10 años cuando ocurrió aquel crimen que se dio, dice, en el marco de la contrainsurgencia del gobierno federal.


Lupita, como todos le dicen a la joven mujer indígena, ha denunciado el crimen de Acteal que ha quedado en la impunidad, pues ninguno de los autores materiales e intelectuales está preso. Todos fueron liberados.

“Esa fue la estrategia del gobierno, simular la justicia, hacer como que castigaba a los responsables, a los paramilitares, pero en realidad nunca tuvo esa intención, poco a poco los fueron liberando a todos, por lo que nosotros ya no creemos en esta justicia”, asevera Lupita.

Durante la presentación del libro “Acteal: Resistencia, memoria y verdad, un estudio psicosocial de los antecedentes, factores asociados al hecho y manejo de la emergencia, consecuencias psicosociales e impacto colectivo de la Masacre de Acteal”, Guadalupe Vázquez rememoró aquella tragedia que acabó con su familia.

Ahí también estuvo Vicente Jiménez Sántiz, jTatik Vicente, el mayor de ese pueblo tzotzil que sufrió la masacre, presidente de la Organización de la Sociedad Civil Las Abejas de Acteal.

Reseñaron que todos fueron masacrados por un grupo de paramilitares priistas y del Partdo Frente Cardenista de Chenalhó, durante el contexto de guerra de contrainsurgencia como parte del Plan de Campaña Chiapas 94, diseñado por el Estado mexicano y encabezado por Ernesto Zedillo Ponce de León.

“En realidad no fue solo con un mes de anticipación sino siete meses antes que estuvimos dando la señal de alarma, nada más para que el entonces secretario de Gobernación dijera que era imposible prever lo que pasó”, dijeron.

Recordaron que a un mes de la conmemoración de los XX años de Acteal y de la celebración de los XXV años de Organización, están preparados para compartir e intercambiar con otras mujeres y hombres que también luchan contra el olvido y trabajan por la memoria y la Otra Justicia.

(Con nota de Isaín Mandujano- apro)

Tierra, Cultura y Autonomía Indígena. ¿Es Posible Revertir el Capitalismo?

Cric, del pueblo Nasa, Colombia

Entre los seguidores del mítico Capitán Ludd en Inglaterra, quienes ante la imposición del trabajo asalariado en las fábricas se dieron a la tarea de incendiar y destruir la maquinaria industrial en las sublevaciones que estremecieron a los capitalistas durante los años de 1811 y 1812, y la actual lucha por la Liberación de la Madre Tierra en el Cauca, donde las comunidades se enfrentan a grandes monopolios económicos, con la destrucción de los cultivos de caña y el bloqueo de la infraestructura agro-industrial, hay muchas cosas en común: su rechazo a las formas industriales de producción, sus prácticas de acción directa y colectiva contra el mundo material que los oprime pero, sobre todo, los vínculos tradicionales, culturales y colectivos son fuente de constantes, renovadas y poderosas formas de resistencia contra el capital.

Los ludditas ingleses de comienzos del siglo XIX lucharon en un momento en el cual la violencia, el despojo y el desplazamiento de las comunidades rurales, para la imposición de cercas y encerramientos allí donde antes se encontraban tierras colectivas o comunales, había permitido el desarrollo industrial y la sustitución del trabajo artesanal por trabajo fabril. Sin tierra, las comunidades rurales tuvieron que marchar a las ciudades para vivir sometidas a los patrones, trabajando largas jornadas a cambio de salarios de hambre.

La expansión del capital siempre ha implicado el despojo de tierras comunales, con acelerados procesos de urbanización que desembocaron en la formación de grandes ciudades ambientalmente insostenibles, bordeadas por cinturones de miseria y conglomeraciones urbanas hacinadas y desempleadas, asímismo múltiples formas de violencia continúan dejando los campos deshabitados para beneficio de la propiedad agro-industrial y monopólica de la tierra.

El despojo de tierras no solo fue el mecanismo que dio origen al capitalismo industrial, es también la causa de los conflictos actuales por la tierra en el Cauca, que hoy enfrentan a las comunidades indígenas Nasa con terratenientes, agro-industriales y compañías mineras multinacionales. Es como sí en esta región, apartada de los grandes centros de acumulación de riqueza, el capitalismo no hubiera logrado cantar su victoria definitiva. Intenta imponerse con toda violencia, pero la organización y las prácticas de resistencia de los movimientos indígenas amenazan la propiedad monopólica de la tierra y obstaculizan la imposición de la explotación minera en los territorios ancestrales.

Flores Magón no estaba equivocado cuando encontraba en las comunidades indígenas Mexicanas una base sólida para la lucha revolucionaria contra la concentración de la tierra. No es gratuito que hoy las luchas indígenas latinoamericanas se manifiesten como un poderoso desafío a la expansión global del capital, cuando el capitalismo necesita tomarse todos los territorios, los recursos, destruir todo a escala planetaria intentando sobrevivir a su propia crisis.

Desde el levantamiento zapatista en 1994, pasando por las guerras indígenas por el agua y el gas del 2000 y el 2003 en Bolivia, que provoron en la caída del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, y que dieron fin a la hegemonía blanca en el país de los Quechua y los Aymara, los levantamientos indígenas del Ecuador que, en 1997, lograron destituir al entonces presidente Abdalá Bucaram y que luego, en el 2000, terminaron con la caída del presidente Jamil Mahuad, la lucha del movimiento indígena Mapuche en Chile y Argentina por la reconstrucción de sus territorios ancestrales, hasta la creación de los municipios autónomos indígenas en México, en todos estos casos, se trató de la respuesta de los movimientos indígenas a la imposición de las políticas neo-liberales en América Latina, que impulsó grandes movilizaciones, tomas de tierra, insurrecciones armadas, sublevaciones, derrocamientos presidenciales, asedio a las ciudades y bloqueo de carreteras, como manifestaciones de poderes colectivos que encontraron su fuerza en las raíces étnicas y culturales de las comunidades, que abrió un ciclo de luchas indígenas continentales iniciado con el levantamiento zapatista del 94 y que está lejos de cerrarse.

No solo se resiste al neoliberalismo, los movimientos indígenas luchan por la expansión y consolidación de nuevos espacios autónomos. Su memoria histórica los llama a la reconstrucción de sus territorios y prácticas ancestrales, para ello tienen que revertir el despojo, hacer retroceder el dominio del capital en lugares donde la propiedad monopólica de la tierra ha querido consolidarse. Es el caso de las luchas por la tierra en el Cauca que, en su último ciclo desde el 2014, desafían la propiedad de grandes imperios agro-industriales, como el Ingenio Castilla e INCAUCA.

Si el origen del capitalismo se encuentra en el despojo de tierras, la lucha indígena del Cauca recorre el camino inverso a su desarrollo histórico. Con base en la experiencia circular del tiempo nasa, se podría decir que la lucha por la tierra camina para atrás y tiende a revertir el proceso de des-posesión que dio origen al capitalismo. Ataca la base de la acumulación del capital, no se pierde en estrategias electorales, no espera una reforma agraria, su autonomía no es un regalo concedido por el Estado, atacan la raíz del capital de manera afirmativa, luchando por la reconstrucción de la propiedad colectiva de la tierra, mientras liberan espacios para la autonomía alimentaria, política, jurídica y cultural de las comunidades.

Extracto de artículo en: enraizandoprensalibre

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