10 minutos de consulta

Revisando mis libros empolvados, me encontré con un documento que sorprende desde el mismo título: La consulta de 10 minutos. Riesgo cardiovascular. Impactado revisé la primera página en la que se enumeran cuatro médicos asesores británicos, uno belga y un médico de la ciudad de Guadalajara, México, encargado de la edición en español. Pero lo que me produjo una sensación más pasmosa fue la segunda página, en la que ofrecen un hipervínculo que permite la revisión de una editora (http://www.cedillapublishing.com) que promueve una serie de títulos orientados precisamente a la atención primaria en 10 minutos.

Me atrevo a describirlos porque solamente así podemos tener un alcance real del fenómeno. Inicia con riesgo cardiovascular; continúa con dislipidemia; enfermedad pulmonar obstructiva crónica; diabetes mellitus tipo II; hipertensión; depresión; falla cardiaca; obesidad; vejiga hiperactiva; osteoporosis y abandono de tabaquismo, para terminar con infección por el virus de la Hepatitis “C”.

Tomando al azar cualquiera de los temas, trato de imaginar cuánto tiempo me llevaría elaborar una historia clínica y escapa de mi comprensión la posibilidad de realizar una ficha de identidad y plasmarla en un documento en tan poco tiempo. Luego, me pregunto en dónde queda el interrogatorio, la inspección, la palpación, la percusión y la auscultación que son los cuatro puntos cardinales de cualquier consulta en medicina general. Sin embargo, lo que más sorprende es que, este tipo de publicaciones obedece a la urgente necesidad de orientar a las nuevas generaciones de médicos de todo el mundo, para que puedan soportar la tremenda carga de trabajo que se va desarrollando paulatinamente en el primer nivel de atención. Profesionales de la salud que deben atender alrededor de 40 enfermos por turno de ocho horas de trabajo.


Esto contrasta con el extraordinario progreso de la medicina, en todas las áreas, aunque muy claramente también se refleja en una carencia absoluta del sentido humanitario y tradicional. Se abandonan orientaciones hipocráticas que nunca perderán validez y se promueven técnicas y tecnologías cargadas de una optimización en tiempo, pero también de costo excesivo e inaccesibilidad. A los nuevos alumnos de medicina, ya no se les enseña con tanta escrupulosidad a interrogar, a explorar, a saber recoger los signos y síntomas que hagan nacer la extraordinaria experiencia de llegar a un diagnóstico. Es mucho más rápido tachar en una hoja el renglón que describe la prueba de sangre en un análisis de laboratorio, que observar con detenimiento el color de las mucosas, las palmas de las manos, las uñas, las características de las conjuntivas y así, sospechar una anemia que se corroboraría en el interrogatorio sobre los hábitos alimenticios o algún otro problema que la provocase.

La medicina es arte y ciencia. Es observación y experimentación. Es humanismo y doctrina. El reloj jamás debe ser un instrumento para medir el tiempo que dura una consulta sino el indispensable utensilio para cuantificar el pulso, la frecuencia respiratoria y la frecuencia cardiaca. En efecto, pueden darse casos en la que se pueda llevar a cabo una atención médica de buena calidad en un tiempo brevísimo; sin embargo, los médicos nunca debemos sujetarnos ni ajustarnos a los tiempos. De hecho, uno de mis más memorables y queridos maestros de medicina, orgulloso siempre mostraba su muñeca izquierda carente de un reloj.