Sucumbí a la tentación de vivir

Sucumbí a la tentación de vivir. Y así fue cómo pude salir de la nada. Claro, hubo que firmar contrato. Yo estaba tan contento que ni lo leí. De ahí nació la unión de óvulo y

espermatozoide llamada “ser humano”. Mejor dicho,

llamada “ser viviente”, pues abarcaba tanto al “hombre” como a las chinches de su colchón.


En una palabra a todo ser viviente. Quiso el hombre

corregir ese contrato pero ya era tarde.

 

Sucumbí a la tentación de vivir y ahora vienen a cobrarse. Y el paquete resultaba más que pesado.

Yo fui roca incandescente girando en torno al sol,

luego fui roca apagada y me llamaron planeta,

y así, encontré la mejor plataforma para sobrevivir. Y entonces el hombre se creyó dueño de la naturaleza cuando no ha hecho otra cosa que dar paso a los robots en un escalón más alto hacia quien lo sucederá y ya no dejara necesariamente vacío su escalón sino continuado por un ser superior.