Laberintos y muros

Un portal sumamente irregular cuyas publicaciones circulan constantemente por el facebook, Cultura Colectiva, mostró un video que daba cuenta de la ingente cantidad de muros existentes en diversidad de espacios a lo largo del globo. En efecto, la humanidad, la modernidad, la democracia y la economía, junto con los grandes rascacielos, han construido a lo largo del orbe muros a diestra y siniestra. Tales muros existen para separar a unos seres humanos de los otros por razones económicas, políticas, religiosas, de raza o simplemente por seguridad. Por supuesto, los hay de concreto, de metal, de piedra o de materiales más o menos perecederos; los hay metafóricos, simbólicos, reales o ficticios. Pero sea cual sea su constitución sirven propósitos fundamentales: la separación, la diferenciación, la segregación. Según un artículo de Diego Pietrafesa para el portal noticioso argentino Infonews: “Los muros no son nuevos, no todos son votados en elecciones ni reciben la misma atención mediática. Tampoco todos los muros son de concreto. Un country de Pilar revisa a las empleadas domésticas que se retiran de sus labores metiéndoles la mano en su cabellera, para saber si esconden o no allí vaya a saber qué cosa. También las obligan a vaciar sus bolsos. Se las presume culpables hasta que demuestren lo contrario. Fui testigo, y estoy seguro de que la modalidad debe repetirse en otros sitios similares. Muchas de las mujeres controladas son de la misma tierra de Francisco Torres. No pueden rebelarse ante el trato infame que reciben. Otra dictadura las sojuzga: el terror a perder el trabajo. La frontera argentina boliviana tiene también su muro. Terminó de construirse este año. La reja perimetral divide las ciudades de La Quiaca y Villazón. El dulce de leche, la birome, las huellas digitales, el colectivo y nuestro muro”. Y si nos fijamos, encontraremos los muros entre Centroamérica y México debidamente custodiados por policías rapaces de todo tipo, privadas y públicas y repletos de depredadores de la Mara… Lindos muros.

Quien haya visto la película La Zona (2007) de Rodrigo Plá entiende perfectamente estos muros; los que viven en Santa Fe, cerca de donde se escenifica la acción de la película, quizá no… no al menos los que están del lado bonito. Ellos viven una realidad de parques agraciados, centros comerciales de lujo, tiendas departamentales, escuelas y universidades privadas de alto costo, en fin, todo un universo fuera del mundo real. La paradoja es que ese muro existe para mantener fuera a los que viven en las zonas marginales del pueblo de Santa Fe –que eventualmente ingresan para dar servicio a los de adentro– y mantener a los de adentro en un capelo que los protege de las inclemencias del mundo real. Ese es un muro tan ignominioso como el de Jerusalén o los que tenemos en la frontera norte, la diferencia es que nadie habla de él, a nadie le importa, pues en el orden de las cosas de nuestra presente democracia sustentada en el libre mercado, quien tenga dinero, puede construirse su muro. Pietrafesa continúa de esta manera: “Habrá más muros. Así se publicita en campaña de formación de opinión pública que se teje en los medios hegemónicos. Pero había muros antes de los muros y había muchos que los saltaban. El albañil que hizo mi casa vino del otro lado del muro. La joven que cuidó a mis hijas cuando eran pequeñas, también. El médico que me atendió en la guardia de mi medicina prepaga, otro tanto. Algunos de los empleados que limpian las oficinas donde trabajo son ‘de allá’. Mi bisabuelo también sorteó un muro de agua salada”.

Sí, hay que criticar el muro de Trump que, por cierto, no creo que se construya; hay que traspasar la epidermis del análisis y profundizar más. Tal iniciativa fue una estrategia mediática para ganar la elección y le funcionó. No obstante, si lo hace será uno más que se añada a los miles de kilómetros de muros en todo el globo. Quizá el auténtico problema es que Trump amenaza con hacerlo de manera unilateral, sin consultar a nuestras élites políticas y económicas, sin incluirlos. Los antecesores de Trump sí lo han hecho y nuestros gobiernos han asumido bien su papel de filtro y muro para depredar a los migrantes centroamericanos y que tan solo lleguen unos cuantos al país del norte. Para ellos los muros no son un problema, son parte de un esquema que lleva siglos desarrollándose en diversas partes del mundo para hacer constar que el otro tiene un espacio definido y no ha de moverse de ese lugar. Culmina Pietrafesa con un elocuente párrafo: “Ahora Donald Trump pone el asunto de moda, pero México, Palestina y Melilla (España) son –entre otros– registro elocuente de que el millonario es de todo menos un emprendedor original”. Y como en obra de Remedios Varo, los muros se ciernen sobre nuestra patética realidad democrática como un interminable laberinto de limitaciones, uno que adquiere en estos tiempos aciagos más fuerza. Preocupa el avance incontenible del conservadurismo más soez como lo he expuesto en múltiples espacios. Y nuestra sociedad, mediatizada, informada a través de redes sociales y programas televisivos de baja ralea observa impávida, como de costumbre, el pasar de los acontecimientos con la engañosa sensación de que participan en ellos. Pobres de los promotores del modelo económico y de sus aspectos ideológicos de manual de autoayuda… también ellos han de cuestionarse sus propias vacuidades.





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