Escuchar a la tierra

Mírame, nos dice la tierra, escúchame:

“Me agito como lo hago desde hace millones de años, desde mi primer día y hasta el último. Intento moverme gentilmente, colosal y serena, me he devorado a mí misma incontables veces.

A ti, hombre, te han sido concedidas algunas decenas de primaveras de las cuales, muy pocas, las volcarás a olvidarte de ti y pensar en el otro, tu hermano, en mi, tu madre astral. Apenas unos meses, algunos kilos que harán algunas toneladas, dedicaras al otro.


Tu ego te hará engrandecer tus pequeñeces, olvidar tus ofensas, y sacar brillo dorado a tu mediocridad, peor es nada, dirás con orgullo. Después vendrá tu ambición, la locura por tu sistema económico, capitalista, que convertirá la catástrofe en negocio, oportunidad política, corazones rotos por el desengaño, tristeza infinita por la breve y fugaz duración de lo mejor de ti.

No es venganza lo que hago porque hundas en mi tus experimentos atómicos, no es rencor porque conviertas mis ríos en yermos torrentes de tu mierda, tus orines y los desechos de la fábrica que ha hecho tu ropa, tu transporte, tu comida procesada. No necesito ninguno de esos sentimientos, igual me agito, igual me muevo, igual tengo fuerza para congelarme completa o convertirme en festival volcánico, en crear nuevas especies y barrerlas de un soplido.

Tus primaveras son pocas, las que vivas con sabiduría, serenidad, amor, paz, generosidad y sin los sobresaltos que has creado serán pocas, muy pocas. Imagina que me estremezco un minuto más, una escala de fuerza más… Pocas cosas quedarían en pie, imagina que me estremezco lo suficiente para que la vida fuera una sola: nadie tiene nada. Como lo dicen tus especialistas: una sociedad sin clases. Tendría que diluviarme, volcanizarme, desbordar mis mares…

¿No sería más sencillo que replantearas tus formas de vida social? Hay respuestas en lo mejor de ti, en el mundo que te rodea, en tu abuela, en todo lo que desprecias, en cada lectura que te da hueva, pereza y cansancio. Hay respuestas en la amargura, pero tu paladar adicto al azúcar lo ha olvidado, hay respuestas en la filosofía, pero tus ojos hambrientos de morbo y zombis lo han olvidado, hay respuestas en los libros antiguos, pero tú adición a los libros de autoayuda ya no los comprenden, hay respuestas en la sencillez y la frugalidad, pero tú adicción mórbida al espectáculo y los sueños de riqueza son más fuertes que tu voluntad de hacer.

Temblaré de nuevo, soy una gran serpiente de magma que se enrosca sobre sí misma, y cada vuelta es tu oportunidad de volver a ser quien solías ser en la infancia de la humanidad.

Es lo que escucho después del temblor.

 

Julio Broca