Con lo que más nadie ha podido

Sigo hurgando los atinos que hace 32 años tuvo el doctor Alejandro Antonio Carcaño Martínez (DEP) como Síndico Municipal en la administración municipal del licenciado Guillermo Pacheco Pulido, gracias a una plática que tuve con Libertad Aguirre Junco en su programa de radio “Mirada de Mujer”.

Recuerdo ese 7 de abril de 1986 cuando me mandó llamar. Habían tenido un problema –grave– con un grupo de personas dedicadas a la prostitución que cerraron las puertas de Palacio Municipal sin dejar entrar a persona alguna hasta que se les atendiera.

Hombres y mujeres, por igual, de diferentes edades y preferencias sexuales, habían sufrido afrentas innombrables por parte del cuerpo de inspectores municipales comandados por Jorge Berdón quienes, armados hasta los dientes, entraban a los hoteles del Centro Histórico donde se sabía había personas dedicadas a la prostitución, como si fueran en operativos para atrapar peligrosos jefes de mafias. En esa ocasión, el administrador de un hotel cayó muerto de un infarto por el susto. Y se armó el san quintín por lo inadecuado de los operativos del cuerpo de inspectores que parecía jugaba a la guerra.


Estas mujeres y hombres recurrieron a varias personas que pensaron los podían ayudar, pero nadie quiso entrarle al tema, hasta que llegaron al Partido Mexicano de los Trabajadores con Consuelo Valle quien aceptó sin chistar brindarles el apoyo y armaron ese histórico cierre de puertas. Ahí fue cuando me mandó llamar el doctor Carcaño.

No me canso de admirar a Carcaño. Sigue creciendo aún fuera de nuestra dimensión por su inteligencia preclara y su sensibilidad inagotable. En nuestras interminables reuniones, que transcurrieron hasta días antes de su transición, él siempre fue el mejor maestro y yo, una avezada alumna.

Ese proyecto que duró tres administraciones municipales para después convertirse en una asociación civil, tuvo tres aciertos que nadie nunca después ha podido implementar. El primero externa: regular la convivencia entre el fenómeno social de la prostitución y los demás sectores sociales (“regular la convivencia” es un término que Nadia Navarro, cuando regidora, en su ínfima inteligencia y sus grandes intereses, no quiso ni pudo entender); el segundo acierto fue realizar investigaciones in situ de los agentes internos que conforman este fenómeno social para implementar mecanismos para regular la convivencia interna; el tercero, y más urgente que el doctor Carcaño implementó firmemente: detener la corrupción de funcionarios municipales alrededor de todas las personas involucradas en la prostitución.

De esta corrupción alrededor de la prostitución ha salido financiamiento para múltiples  campañas políticas de antes y de ahora. Por eso el interés, (que no desinterés) de no poner orden en este rubro porque la mayor fuente de corrupción de la prostitución, es el mismo ayuntamiento.