El origen: la defensa de la vida y nuestro territorio

pue-13axEl Consejo Tiyat Tlali (tierra en totonaca y nahua) está conformado por organizaciones muy diversas que trabajamos en la Sierra Norte de Puebla desde la educación formal y no formal, el desarrollo comunitario, la investigación social, el turismo comunitario, el empoderamiento y exigibilidad de los derechos sociales, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.

Nos hemos sumado a la lucha que comunidades han emprendido en la defensa de su tierra y su agua mediante un rotundo ¡No a los proyectos de muerte! Exigimos la cancelación de todas las hidroeléctricas, la siembra de semillas transgénicas, las concesiones mineras y las ciudades rurales en la sierra.

Integramos el Consejo Tiyat Tlali la Unidad Indígena Totonaca Náhuatl (Unitona), Pastoral Social Indígena, Agencia Timomachtikan, Unión de Cooperativas Tosepan, Maseual Siuamej Mosenyolchikauani, Universidad de la Tierra en Puebla (Unitierra–Puebla), Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (Imdec), Nakú Sygoy, Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (Cesder), Centro de Estudios Ecuménicos (CEE), el Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento A.C. (Copevi) y el Colectivo Voces de la Tierra.


Nuestros objetivos son fortalecer las estrategias de defensa del territorio y la vida de las comunidades afectadas por los proyectos de muerte, que suman ya 69 concesiones a minas de oro y plata y cinco hidroeléctricas. Nuestra aportación a esta ya larga historia de defensa de las comunidades, ha sido por medio de la denuncia de la destrucción de los recursos naturales, sociales–culturales y económicos de la Sierra Norte de Puebla.

También nos hemos propuesto asistir proporcionando información y compartiendo herramientas comunicativas para ampliar la red intercomunitaria en defensa del territorio con una mirada crítica de la realidad. Finalmente, queremos fortalecer espacios de reflexión y toma de decisiones colectivas y con todo esto hacer justiciables los derechos individuales y comunitarios.

En un año de caminar, hemos sido testigos de cómo los diferentes niveles de gobierno, instituciones gubernamentales y partidos políticos han avalado trabajos mineros e hidroeléctricos que violan marcos legales en ámbitos ambientales y de derechos humanos. Por eso pensamos en la reinvención de una política en defensa del bien comunitario, sobre un horizonte que ponga la vida más allá del ámbito público ligado a lo estatal, y del privado en relación al mercado. Se trata de compartir la experiencia comunitaria que actualiza, reinventa, prefigura e irradia un hacer común capaz de resistir, negar, subvertir y desbordar un sistema sostenido a través de sus diferentes mediaciones que lo sostienen a base del despojo y el desprecio.

En esta columna semanal queremos comparti experiencias, sentires, gritos y propuestas que nos provoca este caminar, de la cotidiana defensa de la vida y el territorio amenazados por proyectos de muerte. Trastocando las barreras, imaginarias y reales entre lo rural con lo urbano; ponemos en el mismo escenario cuestiones que afectan bienes comunes: el agua, los alimentos, el aire, el territorio y con esto todo un entramado de relaciones que tienen en común la memoria, para que más allá de la nostalgia, sea una manera de ir más allá de las relaciones sociales opresivas, es decir, como parte de un proceso de transformación social, cuyo punto de partida es la negación de las expresiones depredadoras del actual sistema de acumulación capitalista por desposición.

El título de la columna trae a la mesa la latente obra de Frantz Fanon (1961) Los Condenados de la Tierra, donde el colonialismo y racismo son sistemas que rigen la llamada modernidad, democracia y desarrollo traídos a los pueblos campesinos, y donde la lucha y libertad son también acciones construidas cotidianamente en los pueblos.

Por supuesto, “Los Condenados de la Sierra” hace referencia a los pueblos originarios de la zona montañosa y accidentada del norte del estado de Puebla que desde lo cotidiano e inmediato, día a día protagonizan la defensa de la vida ante el ecocidio que la amenaza.

La sierra –el mundo de dónde venimos– es un espacio cruzado por diversos tiempos, geografías y culturas: un archivo pletórico en biodiversidad en el cual, además de resistencias a la colonización, se asoma una mirada profunda que construye espacios entre los pueblos y comunidades que avanzan por caminos autónomos, con estructuras comunitarias que persisten en la edificación de formas propias de ejercicio del poder, en las cuales las comunidades se fortalecen y tomar sus propias decisiones.

La necesidad de transformar las relaciones con otros poderes como los económicos, religiosos y políticos, se encuentren institucionalizados o no dentro de las leyes, pues no tiene ningún sentido construir un poder distinto que se ejecutará en las mismas condiciones de aquel que se cuestiona; incluye la posibilidad de repensar en serio temas como la relación entra la sociedad y la naturaleza, habida cuenta de que son interdependientes. El destino es visión y experiencia, sentir íntimo y prueba histórica de que otro mundo ya se construye; pues ante la crisis civilizatoria que vivimos, se trata de una cuestión de sobrevivencia.

 

http://consejotiyattlali.blogspot.mx/

*Radio Tzinaca

** Colectivo Voces de la Tierra,

Tajtolmej tein tal