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Quinta jornada

Por : Eduardo Merlo

2012-12-21 04:00:00

Posada te pide,
Pues si es una reina
¡Oh amado casero!
¿Quién lo solicita?
por sólo una noche
¿Cómo es que de noche
la Reina del cielo.
anda tan solita?

 

Las “jornadas”, como se les llamó originalmente, estaban siempre acompasadas de cantos sencillos, pero muy alegres, la mayoría traídos de España, a donde se les llamaba villancicos, porque en principio los cantaban los vecinos de las villas, llamados por ello villanos, estos cánticos siempre aluden a la alegría y esfuerzo de los pastores de los alrededores de Belén, por ir hasta la gruta a donde estaba la santa Madre con el Niño recién nacido, de ahí que, por ejemplo, uno de ellos diga: “Los pastores a Belén, corren presurosos. llevan de tanto correr los zapatos rotos. ¡Ay, ay, ay, qué alegres van, sabe Dios si volverán”. Los villancicos deben reflejar esa sencillez y a veces ingenuidad, de quienes la han compuesto y de quienes la ejecutan, no puede, por ejemplo, ser más gallega, la siguiente: “Pero mira cómo beben los peces en el río; pero mira como beben por ver a Dios nacío. Beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver a Dios nacer”. Hay por supuesto, villancicos novohispanos, como aquel que escribió sor Juana Inés de la Cruz, evidentemente en el siglo XVII, enfatizando la lengua náhuatl, que entonces era muy común entre el pueblo y de la que ella era excelente hablante: “Los mexicanos alegres/ también a su usanza,/ que en quien campea la lealtad/ bien es que el aplauso campe;/ y con las cláusulas tiernas/ del mexicano lenguaje,/ en un Tocotín sonoro,/ dicen con voces suaves:/ Tla ya timohuica,/ totlazo Zuapilli,/ macca amo Tonantzin,/ titechmoicahuiliz./ Me nel in Ilhuicac/ huel timomaquitiz/ ¿Amo nozo quenman/ timotlalnalmiquiz?”. El canto llano llamada Tocotín tenía ese nombre, que significa “brincón” o que da de brincos, aludiendo a la viveza y travesura de los niños indígenas, que cantaban y bailaban al mismo tiempo con gran agilidad. Lamentablemente se perdió la partitura con la música que acompañaba este “Tocotín”, pero conociendo el ingenio de sor Juana, debió ser excepcional. Hubo poetas también de aquí, que fueron estupendos y muy sentidos versadores, dejando villancicos preciosos en cuanto a su letra, ya que igualmente la música se perdió con el tiempo. Uno de ellos fue sin duda Pedro de Trejo, novohispano anterior a sor Juana, pues compuso en el siglo XVI y para botón de muestra basta este fragmento de uno de sus villancicos: “Virgen de Virgen nacido,/ Ella pura y puro Vos:/ Hombre y Dios por Ella ha sido,/ que antes era un sólo Dios./ Ordenó la Trinidad/ y una esencia poderosa/ de juntar su calidad/ con una Virgen graciosa;/ en Dios ni Ella no hubo cosa/ más de quererlo los dos./ Hombre y Dios por Ella ha sido,/ que antes era un sólo Dios. / Dios se requebró con Ella;/ fue el requiebro soberano:/ El pudo, por querer Ella,/ siendo Dios, hacerse humano,/ porque a no querer, en vano/ fuera el juntarse con nos./ Hombre y Dios por ella ha sido,/ que antes era un sólo Dios”. No estaría completo el mensaje si dejamos afuera los versos de un poeta contemporáneo a Trejo, nada menos que Fernán González de Eslava, de quien únicamente transcribimos este estribillo: “El mal se destierra,/ ya vino el consuelo,/ Dios está en la tierra,/ ya la tierra es cielo”. De los antiguos villancicos quedan únicamente remanentes en los cantitos típicos de las posadas: “¡Oh Peregrina agraciada!/ ¡Oh bellísima María!/ yo te ofrezco el alma mía/ para que tengáis posada”. Otro alusivo a los personajes centrales de las posadas: “Humildes peregrinos:/ Jesús, María y José/ mi alma os doy con ellos/ mi corazón también”. Un canto español arraigado aquí dice: “Toquen las panderetas,/ruido y más ruido/ porque las profecías/ ya se han cumplido”. Uno más de letra ingeniosa: “Del cielo cayó una palma,/ de la palma una flor,/ de la flor nació María,/ de María el Salvador”.

En otros tiempos, los anfitriones para quedar bien y requete bien, servían platos extendidos con deliciosos buñuelos llamados “de rodilla”, porque son muy delgados, como si la masa se extendiera sobre la rodilla. Una variedad utilizaba, además de la manteca, de la harina y huevo, un colado de tequezquite con hojas de los tomates; dicen los que de esto saben, que es como deben hacerse. Alusivo a esto era el canto que rezaba: “Esta noche es Nochebuena, / noche de comer buñuelos/ en mi casa no los hacen/ por falta de harina y huevo”.

 

Nuestros tatarabuelos poblanos cantaban:

Yo soy carpintero
Voy a espiar primero
y de Nazareth,
a ver si es verdad,
mi esposa es María
para abrir las puertas
y yo soy José.
con seguridad.

 

Mucha alegría y espíritu de familia estén presentes en estos días, les desea: Eduardo Merlo.

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