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La artesana Verónica Castillo fue distinguida por el gobierno de Estados Unidos

Por : Paula Carrizosa

2013-06-14 04:00:00

Los árboles de la vida son cerámica policromada
creada por un artesano reconocido
internacionalmente, Alfonso Castillo Orta, y
también padre de Verónica Castillo Hernández

Verónica Castillo Hernández es una artesana heredera de la tradición del barro policromado de Izúcar de Matamoros, perteneciente a la familia Castillo Orta, que desde temprana edad fue enseñada por su abuela doña Catalina Orta para aprender esta técnica artesanal.

Ahora, como residente de Estados Unidos, su valiosa obra artística y su labor educativa la han llevado a ser reconocida con el premio National Heritage Fellow, que le entregará en el mes de septiembre próximo el presidente Barack Obama.

Verónica es hija de quien fuera uno de los artesanos reconocidos internacionalmente, creador de la cerámica policromada, conocida como Árboles de la vida: el artesano Alfonso Castillo Orta (1944–2009), reconocido con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1996.

Desde hace años la artesana y escultora radica en San Antonio, Texas. En una breve conversación telefónica con La Jornada de Oriente, señaló que el premio “llegó de sorpresa”, porque ya había sido nominada en tres anteriores ocasiones apoyada por Norma Cantún, siendo desechada la propuesta el mismo número de veces.

Fue ahora, gracias a la insistencia de Cantún y a la constante labor de Verónica Castillo, que se hizo acreedora a este reconocimiento que entrega el gobierno estadounidense a quienes se destacan en las artes.

Explicó que haber ganado el premio National Heritage Fellow se debe en mucho al texto que escribió para una de sus exposiciones, titulado Renacimiento desde las entrañas de mi ser.

En dicho escrito “explico que el barro es una herramienta del lenguaje, que se posiciona frente a la realidad social, llena de violencia y desigualdad. Se trata de proponer que se puede ver esa realidad en la obra, y así, visualmente se puede ayudar al espectador a comprender qué es lo que pasa”.

Esa propuesta se afianzó con la labor que Castillo Hernández realiza desde hace tiempo: acercar y difundir entre niños, adolescentes, jóvenes y adultos parte del legado artesanal no sólo de Izúcar de Matamoros y de su herencia, sino de la extensa gama artesanal que hay en México.

Sobre todo, como explicó, ha tratado de enfocarse a los oficios artesanales que se han ido perdiendo, como la plumaria, el papel picado o el popotillo.

“En San Antonio, la ciudad que me ha adoptado como su hija, un 80 por ciento de sus habitantes son hispanos, por lo que los niños de una o dos generaciones tienen esa descendencia”.

Ellos, prosiguió la escultora, se sorprenden de la riqueza artesanal del país y a la vez lamentan que se está perdiendo, por lo que están interesados en rescatar la que también es su cultura.

“Para mí los niños son como un libro abierto a los que les emociona el color”, señaló con voz entusiasmada.

Reflexionó que si los niños no aprenden a valorar su cultura desde esa etapa, con mayor dificultad lo harán de adultos, pues no tendrán conciencia de la herencia que hay detrás de los objetos.

“Es necesario crear a nuevos jóvenes coleccionistas y en darle un nuevo valor a las piezas artesanales que muchas veces alcanzan el rango de obras de arte, ya que son hechas por artesanos que, por su propia evolución y transformación, sin varias las técnicas ancestrales, se convierten en artistas de la tradición”, finalizó Verónica Castillo.

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