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En Chachapa, las mayordomías se convierten en verdaderas fiestas de la convivencia

Por : Paula Carrizosa

2012-01-30 04:00:00

Vicente Nolasco y Alma Guerrero, los mayordomos y
guardianes de una de las imágenes de la feria
anual de San Salvador Chachapa

El sábado pasado, en la casa de Vicente Nolasco y Alma Guerrero, los mayordomos y guardianes de una de las imágenes de la feria anual de San Salvador Chachapa, se vivió una “fiesta de la convivencia”. Allí, entre la música de mariachi y la banda, el olor y sabor del mole y el arroz, el calor de los comales, la bebida, y la complicidad de su familia y sus “compañeros”, culminó esta tradición cultural que tiene por objetivo mantener la devoción de una imagen patronal. 

El patio marcado con el número 308 de la calle 2 Sur, en esta junta auxiliar de Amozoc, fue el lugar donde vecinos, amigos, conocidos, invitados y hasta extraños, se congregaron para comer y convivir como parte de esta tradición popular que tiene un profundo arraigo y significado: las mayordomías.

En este tipo de organización social y religiosa compleja, el mayordomo tiene una “responsabilidad fincada en una tradición antigua y arraigada que tiene que ver con la capacidad de alianza”, como había comentado en una anterior entrevista la historiadora Lidia Gómez.

Dicha característica se vio reflejada en las más de mil personas que se congregaron en torno a dos cosas: la imagen de la virgen del sagrado corazón de Jesús, que entre los feligreses es llamada cariñosamente como la “virgen de los corazones” y la amistad que los une con Nolasco y Guerrero, los mayordomos.

La fiesta del sábado fue la penúltima celebración de la semana mayor que comenzó el 22 de enero, cuando la población de Chachapa festejó al “Divino Salvador”, la imagen patronal que le da nombre a la junta auxiliar.

Así, durante ocho días hubo celebraciones religiosas que se complementaban con el banquete que se alargaba y culminaba por la noche, con un baile amenizado por grupos de música popular o con la quema de vistosos castillos de juegos pirotécnicos.

 

La familia y los “compañeros”

 

Si bien los mayordomos son quienes se encargan de organizar las actividades, atrás de sus decisiones están los familiares y los “compañeros”, quienes se encargan de proveer los recursos, apoyar con mano de obra y sobre todo, brindar ánimo y respaldo moral.

En el caso de Vicente Nolasco y Alma Guerrero, contaron con el apoyo de sus hermanos y amigos, quienes aportaron una cierta cantidad de dinero para solventar la fiesta, la música, el espectáculo y los otros deberes que tiene un mayordomo, como la aportación para el arreglo del templo y en este caso, de la enorme carpa que se puso en el atrio de dicha iglesia.

Algunos incluso llegan a vender alguna porción de sus tierras o cabezas de ganado, con tal de apoyar y cumplir con esta tradición.

Como explicó Vicente Nolasco, 15 días antes de la fiesta mayor los mayordomos del pueblo se reúnen y se ponen de acuerdo para comprar los productos con los que se hará el banquete. Luego, los preparativos continúan ocho días antes con la realización de los arreglos florales que irán en la portada de la parroquia, para lo cual trabaja una comisión especial.

En este caso, como relató su hermana Rosalina Nolasco, las compras se hicieron desde el lunes anterior en el tianguis de Huixcolotla, debido “a los precios y a la calidad”.

Fue ahí donde se surtió una larga y pesada lista: 60 kilogramos de chile mulato, 25 de pasilla, 40 kilogramos de ajonjolí, 40 de cacahuate, 30 de almendra, 200 de plátano largo y 10 cajas de pasa, entre otros productos, para preparar los más de 360 kilos de mole.

“Fueron cuatro días de preparación: uno para limpiar, otro para tostar, otro más para llevar al molino y hoy, para cocinar”, expresó Rosalina con una sonrisa, a pesar de su cansancio.

 

La faena

 

El patio no sólo sirvió como un comedor sino como una enorme cocina que funcionó desde el viernes, cuando un centenar de mujeres y hombres participaron en la realización de los tamales y el mole que serían servidos el día siguiente.

A la entrada, un grupo de hombres limpiaba las varas de ocote y acomodaba la hierba, que serviría de “cama” para poner a la virgen de los corazones y a las demás imágenes protegidas por los mayordomos de este año.

Al fondo, acomodados en una larga hilera, los ayudantes envolvían los tamales, limpiaban las hojas de maíz, prendían el fuego y acomodaban las vaporeras en las que se cocerían los cientos de pequeños tamales.

La tarea más simbólica se realizaba en una de las esquinas. Se trataba de la “freída del mole” que se convierte, quizá, en una competencia. “Tiene que chillar”, dijo una mujer para indicar que tras verter la pasta, ésta debe crujir al contacto con la manteca caliente.

Mover la pasta “tiene su chiste”, como dijo otra, porque “los que hacen el mole deben de saber que en un pueblo todo el mundo opina, sabe y conoce el sazón”. Incluso, las mujeres son ayudadas por los hombres, quienes tienen que mover con ritmo y evitar “que se pegue”.

“Ya están las nueve”, dijo otra voz para indicar que ya estaban listas las nueve cazuelas en las que hervía el mole, el platillo típico del estado.

 

La fiesta

 

A pesar de que el viernes Vicente Nolasco y Alma Guerrero habían trasnochado hasta constatar que estaba lista la comida y la bebida que se ofrecerían a los vecinos, la pareja comenzó temprano con sus actividades.

A las 6 de la mañana, acompañados por una banda de viento, fueron al templo y montaron la alfombra de aserrín con la que se acostumbra adornar el atrio. Fue ahí mismo, donde se echaron los primeros cuetones que marcaron el inicio de la fiesta.

Luego, en el patio familiar, los mayordomos y el grupo que los acompañaron, desayunaron tamales y café de olla. Al partir, los cueteros recibieron los primeros “bocados”, que consistieron en un bote de plástico lleno de mole y piezas de guajolote.

Así, la mañana transcurrió entre el olor del arroz que cocinaron unas 50 mujeres mientras bailaban y pedían a la banda que no dejara de tocar.

Al sonar las 12, la familia ya estaba lista en el atrio de la iglesia donde se realizaría la misa “dedicada a los mayordomos”. Tras la celebración religiosa, Vicente y Alma encabezaron al numeroso grupo que entre la música de la banda de viento, pétalos de rosa y confeti, caminó hacia el lugar de la fiesta.

Una cuadra antes de llegar los papás mandaron a los niños a “apartar los lugares”, y al llegar, las familias corrieron para acomodarse. Incluso, hubo decenas que se quedaron de pie, esperando su turno. Enseguida, amigos y compañeros de los mayordomos comenzaron a servir los platos, a ofrecer cervezas y refrescos fríos, y a poner las tortillas calientes y los tamales de frijol en las mesas.

Desde las 13 horas esa fue la tónica: servir y atender a los comensales, recoger la basura y alistar la mesa, para que nuevamente, fuera ocupada por otros vecinos y convidados.

A la comida se sumó la música de mariachi, las porras que los amigos ofrecían a “Vicente y a Alma, por ser los mejores mayordomos”, los vendedores ambulantes y hasta la presencia de Carlos Rodríguez, quien fue contratado para grabar todo el acto y producir un dvd que será repartido entre los “compañeros” y familiares, e incluso, a los amigos que están trabajando en Estados Unidos, y quieren recordar esta fiesta tradicional.

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