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Desde febrero no funcionan las plantas tratadoras del Atoyac y del Alseseca

Por : Martín Hernández Alcántara

2012-05-23 04:50:55

Según los especialistas, la solución al problema
de contaminación de los ríos Atoyac –en la
imagen– y Alseseca puede ser más simple: que las
autoridades apliquen la normatividad en materia de
descargas

La escena parece sacada de esos pasajes cinematográficos en los que un cataclismo termina con casi toda la vida del planeta: el agua tiene una oscuridad que la hace semejar petróleo y en su superficie hay miles de pequeñas burbujas que denotan una alta concentración de fosfatos y metano.

Río abajo, en el desemboque de un embalse, la contaminación adquiere un rostro más funesto. La cascada rebosa espuma con tonos que van del blanco al negro, mientras llantas, láminas, plásticos y todo tipo de enseres imaginables son arrastrados por la fuerza centrífuga de un remolino, que los convierte en una sola masa de desperdicios.

Pero no se trata de una fantasía dantesca para el celuloide, sino de algo peor: la realidad del río Atoyac, cuyas plantas tratadoras, a cargo del Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla (SOAPAP), prácticamente están fuera de servicio y permiten que las descargas de la ciudad y la zona metropolitana pasen casi sin alterar su alta polución hasta la Presa Derivadora Echeverría.

De la Presa Derivadora Echeverría, ubicada en Ocoyucan, en épocas de estiaje esas aguas se desvían a través de un túnel que atraviesa la cordillera del Tenzon y llegan a la cuenca del río Nexapa, para ser usadas en terrenos agrícolas de Atlixco e Izúcar de Matamoros; pero en temporada de lluvias alimentan además la Presa Manuel Ávila Camacho, en Valsequillo, donde también se toma el líquido para regar cultivos en la región de Tecamachalco.

¿Desde cuándo están sin funcionar o trabajando parcialmente las tres plantas tratadoras del río Atoyac? Sólo las autoridades lo saben.

Se intuye que no están activas desde el 21 de febrero pasado, cuando el SOAPAP finiquitó el contrato con Tapsa –filial del consorcio internacional Degremont– que operaba las cuatro plantas tratadoras que tiene la capital estatal: la de Barranca del Conde, San Francisco y Atoyac Sur –que se supone, deben limpiar el cauce del Atoyac– y la de Alseseca, que tendría que depurar la corriente del afluente del mismo nombre, pero tampoco lo está haciendo.

El argumento que dio el gobierno estatal para cancelar con Degremont es que el agua vertida por las cuatro plantas tratadoras no cumplía con los estándares oficiales y suponía riesgos para la salud de la población.

Extraoficialmente se sabe que la supresión del contrato –que ya fue impugnada por la transnacional gala– se debió a que la empresa no cumplió con el cronograma para edificar la segunda parte de cada una de las cuatro plantas y que, al retirarse, dejó al SOAPAP sin una serie de reactivos indispensables para ejecutar el aseo de las corrientes.

Lo cierto es que La Jornada de Oriente pudo comprobar a lo largo de varios recorridos en tres semanas por las riberas del Atoyac y el Alsesecay los lugares de descarga las denuncias de vecinos y especialistas acerca de que las plantas trabajan parcialmente, pues las apagan por algunos lapsos en el día y en la noche o de plano no funcionan.

Las repercusiones más graves de la inactividad de las plantas tratadoras, por supuesto, impactan en la salud humana de miles de poblanos y en el medio ambiente, que sufren los estragos de descargas de aguas negras producidas en miles de hogares e industrias poblanas, las cuales transitan y se reutilizan sin la menor intervención aséptica.

Pero hay, además, un abuso económico de parte del SOAPAP, pues en sus recibos aplica un cobro por tratamiento de aguas residuales a los ciudadanos, aunque no ejecuta el servicio.

 

Inauguraciones con espuma

Los recorridos que hizo esta casa editorial a veces fueron acompañados por vecinos y otras por especialistas que pidieron no incluir sus nombres en este reportaje por temor a represalias.

En la planta tratadora de Barranca del Conde, ubicada en las inmediaciones de la ex fábrica La Constancia, la mañana de este lunes había una cuadrilla de trabajadores afanándose en la limpieza del margen del Atoyac. Pero su labor era estéril, porque la procesadora no parecía estar trabajando. Al menos así lo indicaba la ausencia  de la flama que se produce por la combustión de residuos que se obtienen de los lodos al ser tratados. Otro indicio de la inactividad lo aportaban las grandes cantidades de espuma que emanaban del sitio donde se descarga el agua tratada para que siga corriendo por el cauce.

La espuma, explicaron los especialistas, es producto de la alta concentración de fosfatos y del metano, lo que puede ser además indicativo de que sólo se está haciendo un bypass en la planta, es decir, una simple canalización por la procesadora sin que se aplique el tratamiento, para luego liberar el líquido con los lodos y sus consecuentes contaminantes.

Lo sucedido en la planta tratadora de Baranca del Conde –donde se tratan 500 litros de aguas negras por segundo– se repitió a lo largo de todo el río y en las siguientes plantas, como la de San Francisco, que se ubica justo en el Paseo que lleva su nombre y el cual fue inaugurado el 4 de mayo por el presidente Felipe Calderón y el gobernador, Rafael Moreno Valle.

En la planta de tratamiento de San Francisco –donde se tratan mil 500 litros por segundo– se hicieron algunas adecuaciones para la obra del Paseo; la más notable es que se puso la boca de descarga a ras del cauce. Como no hay altura de caída, se supondría que no habría generación de espuma al impactarse el chorro con la corriente; sin embargo, día y noche se puede ver que hay una enorme cantidad de masa de burbujas que van del blanquecino al gris, diseminándose corriente abajo. No obstante, cuando el agua vuelve a chocar con la ribera, principalmente en los codos, nuevamente se genera la masa de fosfatos y metano.

Los fosfatos de la espuma, explicaron los especialistas, son liberados por los detergentes, que no son eliminados, mientras que el metano es producto de la descomposición de los lodos.

Los vecinos manifestaron que regularmente, al filo de las 20 horas, se escucha que los motores dejan de laborar: es en ese momento cuando se aprecia más espuma y el olor fétido aumenta hasta niveles insoportables.

En la entrada principal al Paseo se utilizó una bacteria para aminorar la pestilencia durante la inauguración oficial, pero ahora el tufo ya no está siendo controlado.

 

Color petróleo

Pero sin duda la situación más grave que pudo apreciarse en los recorridos sucede en la planta tratadora Atoyac Sur, localizada en las inmediaciones de Balcones del Sur y las colonias de influencia de la organización Antorcha Campesina, la cual debe procesar mil 500 litros de aguas negras por segundo, pero no parecer hacerlo de manera eficiente.

A diferencia de las otras dos plantas –la de Barranca del Conde y la de San Francisco– en la procesadora Atoyac Sur sí pudo verse la flama de uno de los digestores de metano, pero, en contraparte, también se observó que en la corriente de descarga que limpia las aguas del río Rabanillo el líquido estaba completamente oscuro, con un color parecido al petróleo y sobre él flotaban miles de burbujas.

Los especialistas consultados opinaron que la presencia de las burbujas en la superficie del cauce eran evidencia irrefutable de que los lodos no habían sido tratados: la negrura del agua era tan fuerte que contrastaba con el color café que venía del cauce mayor del Atoyac. Las fuentes opinaron que eso podía ser resultado de que esta última corriente había recibido agua de lluvias.

Kilómetros más adelante se encontró el escenario más impactante: en la Presa Derivadora Echeverría la cantidad de espuma que se formaba en la caída del chorro se acumulaba de tal manera que comenzaba a volar y en algunas partes ni siquiera era posible ver el agua del río, que parecía cubierta por una capa de piedra delgada.

Por el angosto puente de ese embalse circulan diariamente cientos de personas, principalmente niños que van a la escuela y madres de familia que los acompañan, todos expuestos a un foco de infección de magnitudes inimaginables.

En la planta tratadora del Alseseca el hecho se repite, pero con una agravante: justo al lado de la planta tratadora, donde una “almeja” separa los sólidos del lodo, hay tiradas toneladas de escombros.

 

La solución

Cuando Degremont anunció que defendería en tribunales la recuperación de su contrato, denunció que diariamente Tapsa recibía “ aguas que rebasan hasta en 150 por ciento los parámetros de contaminación comprometidos por el SOAPAP desde 2008”, y que había presentado “propuestas integrales técnicas y económicas para la modernización de dichas plantas sin obtener (...) una respuesta por parte del SOAPAP”.

Según los especialistas, la solución a este grave problema de contaminación de los ríos Atoyac y Alseseca puede ser más simple: que las autoridades apliquen la normatividad en materia de descargas; que se inicie la segunda parte de las cuatro plantas de tratamiento y que además los municipios construyan sus propias procesadoras. Con esos pasos, aseguraron, el saneamiento pleno de ambos afluentes podría ser una realidad en un sexenio.

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