El subdirector de la Cruz Roja en Puebla, Leonides Cuapio Montero, definió que el hospital de esta institución es privado y si no se pagan sus servicios no atiende a la gente que llega al nosocomio. Esa respuesta se dio luego de que se cuestionó al organismo por no haber dado atención a un joven de 18 años que murió y que no recibió ayuda médica debido a que la aseguradora que intervino primero exigía que se otorgara el perdón al chofer que provocó la tragedia.
Ante esta respuesta surge una pregunta fundamental: ¿si el hospital de la Cruz Roja es privado, entonces por qué se hacen colectas masivas para que toda le gente aporte fondos para el mantenimiento y equipamiento de esa institución?
Una definición como la que hizo Leonides Cuapio muestra que existe una desviación de la misión de la Cruz Roja, la cual fue una institución que surgió para auxiliar a ciudadanos que sufren un accidente o que no cuentan con servicios médicos de instituciones públicas o privadas. Tal parece que ahora se le ve como una propiedad de quienes controlan al organismo mediante sus consejos directivos.
Este no es el primer escándalo que envuelve a la Cruz Roja, pues ya en otros desastres, en diferentes partes de la República Mexicana, se puso en evidencia cómo la institución falta a su labor de auxiliar a la población damnificada.
Eso no quiere decir que todo está mal. En la Cruz Roja hay médicos y socorristas cuyo trabajo es loable y profesional. Lamentablemente quienes encabezan a la institución están dominados por las tendencias privatizadoras que afectan a la República desde hace dos décadas.