Poca o nula expectativa de las elecciones entre los adultos mayores.

Poca o nula expectativa

Poca o nula expectativa de las elecciones entre los adultos mayores. Después de haber votado, cuando menos en 6-8 elecciones presidenciales y cumplir con su responsabilidad cívica en 2018. Las personas entre los 60 y 80 años esperan que las promesas no se queden como siempre, en promesas.

La mayor parte de quienes se dedican al campo antes eran ejidatarios y hoy pequeños propietarios, son adultos mayores. Sus hijos se han ido a las capitales de las entidades o a los Estados Unidos.

“Soy campesino, trabajo mis tierras y cuando nos va bien se levantan buenas cosechas. Cuando no; perdemos todo”. De ahí que se hayan vuelto beneficiarios del programa 70 y más para sustituir un poco esos ingresos.


De las elecciones no esperan nada, “para qué. Siempre ha sido una desilusión el resultado electoral”. Los gobiernos que llegan, sin importar los partidos nunca cumplen.

“En años pasados ha habido problemas, porque siempre prometen y nunca lo han hecho, Al contrario, han hecho lo pior. Hasta el agua están vendiendo”.

“El gobierno que llegue a quedar que haga un buen gobierno. baje la gasolina, el diésel y la electricidad como han prometido los candidatos”. Si no lo hacen “la cosa se va a poner pior”.

Don Sebastián, en chinga todos los días. Sin esperar nada de las elecciones

La vida es a todo dar, dice Don Sebastián Zamora de 83 años. Después de haber votado, se queda en la explanada del parque que está frente al Palacio Municipal de Hueyotlipan -Wyotlipan, para los migrantes-, en cuyos bajos se instalan las casillas. Después de haber participado en tantas elecciones, dice que no espera nada de estas, porque “los candidatos ofrecen mucho y cumplen poco”

Don Sebastián se levanta, todos los días a las 5 de la mañana y se lanza para sus tierras –cuenta con 6 hectáreas en las que siempre maíz, frijol, haba y les dedica su vida. “Porque en el campo siempre hay que hacer. Lo que pasa es que a la gente ya no le gusta hacerlo. Pero trabajo hay.”

Aunque tuvo 6 hijos todos ellos han emigrado “porque no les gusta el campo”. Salvo uno que a veces viene a ayudarlo. Sobre todo, los fines de semana. Después de haber enviudado, dice Don Sebastián: “se compadeció de mí una muchacha” con la que procreó una niña, que en este momento tiene 3 años de edad

Recibió 8 hectáreas de ejido, que ahora se han convertido en pequeña propiedad, por el cambio que hizo “El Salinas”, lo que le permitió vender 2 hectáreas, porque no puede atenderlas. Agradece a “dios que le preste la vida y lo socorre a uno para comer”, “porque pocos llegan a estas alturas”. Espera vivir todavía muchos años para seguir “en chinga”.

La única elección de Don Faustino es la muerte. Sobrevive con 100 pesos a la semana

Faustino Fragoso de 88 años camina con dificultad frente al atrio de la Iglesia de San Antonio de Padua en Calpulalpan. Regresa de cumplir con su responsabilidad cívica. Votó en la casilla 79 que se ubica en una escuela primaria, a un costado de la iglesia .

Recuerda que de niño fue pastor, luego tlachiquero, machetero en camiones de pulque, despachador de gasolinera, cargador de tanques de gas y recogiendo basura. Aunque se casó, nunca tuvo hijos. Es viudo y vive “arrimado” en un cuartito que le presta su hermana.

Cada día “me despierto, me pongo a barrer, hago mi comida”. Ahora vive de la ayuda que le da el gobierno -70 y más- lo que hace que tenga que vivir “con 100 pesos cada semana, unas tortillitas y lo que me regalan los que me conocen”.

Ahorita fui a votar. No espero nada de las elecciones. Porque nunca pasa nada. Pero hay que cumplir. Lo único que le queda es esperar la muerte. Porque desafortunadamente se encuentra enfermo “tengo una infección en todo el cuerpo. Me salió porque buscaba cosas en la basura para vender.”

Don Pedro de 75 años. Junto a la tierra hasta que me muera

Pedro Cervantes de 75 años de edad, originario de la comunidad de Benito Juárez. Todos los días se levanta y va a sus “terrenos”, “tengo mis tierras”. Aunque para cultivarlo hay que alquilar el tractor, porque ya no hay animales, para hacerlo como antes. Ya hay muy pocos caballos y burros.

Toda una vida dedicada a la tierra, la que visita y cuida todos los días. Se casó, vive con su esposa y uno de sus hijos; “el xocoyote”. De los 6 hijos que tuvo, el más chico se quedó a vivir con él y su esposa para cuidarlos- y cuando muera él se va a quedar con las tierras. Los otros se fueron a México, porque no les gustó el campo.

Agradece a la vida “porque he vivido” todos estos años, ahora que ya estoy viejo, mi mujer es la que me lleva al terreno o me saca a pasear. El trabajo físico le permitió estar fuerte, aunque ahora el cuerpo “ya está enfermo”.

No sé qué vaya a pasar en el país “para mi sale igual”, porque los gobiernos no cumplen. A “nosotros solo nos queda esperar la muerte”. Agradecido por la vida, porque “ha vivido”.

Afirma que toda su vida a votado, aunque las cosas cada vez van más mal. Hace una comparación de cómo era la vida antes, cuando era joven y afirma que el campo le permitió mantener a su familia, pero ahora apenas si deja para “comérselo”.

Ni las hierbas curan la falta de cumplimiento de las promesas dice José Luis de 61 años

José Luis Espejel, 61 años. Comerciante ambulante “en lo que viene siendo la medicina naturista” en la que se inicia a la edad de 15 años. “Empecé por la necesidad de sostenerme a mí mismo. La gente era tan humilde que no alcanzaba para todos”. El que tenían su ejido “tenía la posibilidad de vivir, pero los que no tenían tierras, tenían que salir a buscar el pan”.

Un compadre de San Juan Totolac, “me invitó a trabajar en el laboratorio Ocoxo (?) y el me hizo la proporción de que si quería iniciar a trabajar de vender medicina naturista. Yo le acepte.” El laboratorio “le enseña uno, cual es el procedimiento de las plantas y cómo curan. Y hasta la fecha todavía le sigo en el trabajo éste”.

46 años trabajando como comerciante ambulante de medicina naturista.” Anteriormente dejaba para vivir cómodamente, pero en la situación que estamos. Todos esta por el alza de la gasolina. Si yo tengo una unidad para andar rancheando en los pueblos. Tengo que echarle 500 pesos de gasolina. Necesito una venta de 2 mil pesos, para de ahí sacar esos 500 pesos, más los mil de inversión en la medicina y de lo que queda sacar cuando menos 200 del día”.

En espera de que se abra la casilla, dice: “Yo pediría a los gobiernos que queden, al que fuera, que cumplan con las promesas, bajar las gasolinas, bajar la luz, bajar el gas.” Si no ocurre, las cosas se va a poner más duras. “Ni las Yerbitas, ni las Yerbotas pueden curar a los políticos que no cumplen”.