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Terrorismo corporativo

Por: Guillermo Aragón Loranca

2013-04-23 04:00:00

Los medios oficialistas del mundo capitalista no han dejado de explotar las dolorosas escenas del atentado en la Maratón de Boston de la semana pasada, destacando las serias amenazas de Obama de que la justicia (al estilo gringo) alcanzará tarde o temprano a los responsables en donde quiera que se encuentren. El terrorismo interno es algo casi habitual en toda la nación norteamericana: los asesinatos en las escuelas, en la calle o en espectáculos públicos, perpetrados por “individuos desquiciados” (quién sabe por qué razones) ligados a organizaciones extremistas, preferiblemente extranjeras y ligadas al Islam, pero que nada tienen que ver con traumas de guerra, ni con un sistema social excluyente y violento.

Casi el mismo tiempo, otro “accidente” de dimensiones mucho más catastróficas pasó casi en silencio: la West Fertilizer,Co., empresa de abonos químicos en Waco, Texas, explotó, dejando un número hasta ahora desconocido de muertos, heridos y desaparecidos, cuyo número exacto nunca se sabrá, pues en estas “desgracias casi naturales”, los medios son pudorosos y nunca se atreverían a empañar el honor de una “honorable” empresa privada que viola normas de seguridad, soborna a inspectores y niega manejar sustancias peligrosas y altamente explosivas como el amoniaco anhidro, sustancia base para elaborar el Nitrato de Amonio, tan necesario para acabar con la fertilidad natural del campo, según los dogmas de la revolución verde. En este caso, no hay terroristas, no hay culpables, ni la “justicia implacable” del gobierno de Obama se preocupará siquiera por hacer una investigación, a pesar de que han salido a la luz el cúmulo de irregularidades que la empresa arrastra desde su creación.

Con esto se evidencia que sólo existe el “terrorismo” de los otros, los enemigos, los extranjeros, los diferentes, los que no permiten meter mano en sus recursos, perdón, los que no aceptan la inversión extranjera para su desarrollo, los que no aceptan ciegamente el dogma capitalista, los que creen en dioses diferentes del dinero y el mercado, su profeta. Toda la demás violencia, la generada por las desigualdades, por las empresas que violan la ley, que sobornan, que asesinan sindicalistas (como CocaCola en Colombia), que destruyen la biodiversidad con la minería a cielo abierto, que financian los grupos paramilitares para desestabilizar a gobiernos no afines, toda esa violencia no se ve, no se explica; el terrorismo corporativo no existe.

Hay que recordar que en 2005, aquí en Tlaxcala, pasó algo similar con el incendio en Dow Química de Ciudad Industrial Xicohténcatl, en donde la empresa aseguró que se había quemado plástico, que no manejaba sustancias peligrosas, que los gases emanados no eran tóxicos (a pesar del vómito y mareos provocados en los empleados de las fábricas aledañas) y que todo estaba bajo control. En esa ocasión, Sesa no supo decir qué tipo de sustancias manejaba la empresa y, en consecuencia, tampoco qué medidas sanitarias aplicar. Y las consecuencias se hicieron visibles meses más tarde, cuando aparecieron muertos los peces de la presa San José, en la comunidad de Texcalac. La primera violencia es la institucional, es la violencia engendrada por el sistema y las corporaciones depredadoras, y de ella se derivan todas las demás.

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