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Nada nuevo bajo el sol

Por: Guillermo Aragón Loranca

2012-12-04 04:00:00

Los primeros actos de un gobierno aportan indicios respecto a la forma como se va a gobernar durante los próximos seis años; y en este caso no sólo son reveladores los primeros actos, sino también las acciones previas al relevo.

El cambio se da con base en una elección mediática y amañada, y con base en acuerdos y concesiones mutuas entre el poder entrante y el saliente: hacer el trabajo sucio de último momento (reforma laboral, facilitar la autorización de sembrar transgénicos, iniciativa para privatizar las tierras ejidales, echarle tierra al asunto de las tarjetas Monex, por mencionar algunos) a cambio de la impunidad y el silencio ante los miles de muertos y desaparecidos por la guerra sucia disfrazada de combate al crimen organizado, protección e inmunidad ante los juicios planteados ante la Corte Penal Internacional; igualmente protección para colaboradores como el procurador General de la República y exilio dorado a una universidad gringa neoliberal. A esto se le llamó “transición democrática”, “acto de civilidad política”, “obediencia irrestricta al mandato del pueblo”. La firma en lo oscurito de un “Pacto por México” entre las “élites políticas”; un pacto cuyo contenido no se conoce, pero que se adivina fácilmente: privatizar a Pemex (aunque eufemísticamente se diga que solamente se trata de abrir la participación de la iniciativa privada a la explotación del petróleo que sigue siendo de la nación), aumentar impuestos a la clase media y condonarlos a los empresarios; aumentar el IVA generalizado al 22 por ciento como lo aconseja el pontífice Gurría; privatizar lo que queda de la seguridad social; criminalizar la protesta social unificando las legislaciones penales y aplicando el linchamiento mediático a los movimientos sociales (el guante blanco del batallón Olimpia, ahora se volvió negro); eliminar las últimas trabas legales para desmantelar al ejido como propiedad social y “fomentar el mercado de la tierra”, lo cual significa despojar a las comunidades de los recursos naturales que celosamente custodian. Y por si fuera poco, ha quedado claro que se trata de “construir consensos” con los dirigentes de los partidos, no se trata ni por equivocación de construir consensos con la ciudadanía, lo cual evidencia que los asuntos políticos son dominio exclusivo de “los profesionales de la política” dispuestos a vender su voto en la cámara al mejor postor. Las medidas urgentes propuestas no son más que cosméticas y demagógicas: combatir a la pobreza, pero con medidas asistenciales, con programas clientelares que mantengan acallada la inconformidad y hagan posible la compra de votos en las simulaciones electorales; otra vez regresará el tren de pasajeros, pero quién lo va a operar, cuáles serán los costos, ¿obedecerán las empresas extranjeras que compraron los ferrocarriles? O para hacerlas “rentables” se pondrá en marcha un “rescate ferrocarrilero” a costa de nuestros impuestos. Las plazas para docentes “ahora sí se van a someter a concurso”, pero se siguen cerrando las escuelas normales y se reprimen y asesinan a los normalistas críticos (los crímenes de Ayotzinapa siguen impunes). En síntesis, más de lo mismo y con peores augurios es lo que nos espera a los mexicanos si no nos organizamos para resistir y crear otras alternativas.

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