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Memoria justiciera

Por: Guillermo Aragón Loranca

2012-06-12 04:00:00

Conforme se acortan los días que restan para las elecciones de julio, los acontecimientos del contexto electoral se aceleran, se traslapan, chocan, se funden y crean todo un complejo movimiento que presagia cambios radicales en la vida nacional de este país, crucificado por el liberalismo y la clase política que le sirve en charola de plata las riquezas de todos.

Este pasado fin de semana, por ejemplo, coincidieron las diferentes reuniones, acuerdos y marchas del movimiento Yo soy 132, con la celebración del 43 aniversario del llamado halconazo, la matanza de estudiantes normalistas del 10 de junio, llevada a cabo por un sistema político que escondido detrás de una retórica demagógica y populista, revelaba su verdadera naturaleza autoritaria y despótica, asesinando estudiantes y reprimiendo protestas, como en 1968, como en 1965, como en 1959. Y a este memorial del pasado, se podrían añadir las masacres de Acteal, de Aguas Blancas, las muertes y las vejaciones de Atenco y los ahora más de 50 mil muertos de la supuesta guerra contra el crimen organizado; los verdugos son los mismos, aunque cambie el color de su capucha.

El movimiento de los estudiantes se ha declarado apolítico, refiriéndose a que se pretende más bien “apartidista”, ya que no se trata de imponer una preferencia electoral, ni un candidato, ni un programa político; pero, de hecho, es un movimiento totalmente político, en el sentido más puro del concepto: ocuparse y comprometerse con los asuntos públicos; lo que rompe con la idea impuesta de que la ciudadanía “no sabe” y “no debe” hacer política, no debe pensar, no debe cuestionar y mucho menos participar en la vida social; por el contrario, debe dejar todas las decisiones en manos de la “partidocracia” que no es más que la fachada de los capitales transnacionales y que además debe creer en la falsa realidad mediática creada por los aparatos ideológicos de los mismos dueños del dinero.

Lo que se percibe en este dinámico y proceso social, es que por encima de edades, condiciones sociales y niveles educativos, la memoria colectiva sigue viva y transmitiéndose de generación en generación, de tal manera que el juicio condenatorio de la conciencia nacional sigue señalando a los culpables, sigue incriminando su impunidad, sigue desnudando su verdadera naturaleza violenta y represiva, como se lo recordó doña Trinidad Ramírez, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco, hace unos días en la reunión de Chapultepec, al candidato del PRI, mirándolo fijamente a los ojos, que tuvieron que agacharse ante la firmeza de la verdad: “…eres responsable de dos asesinatos impunes, eres responsable de que una banda de violadores siga actuando al amparo de la policía que tú creaste. Estas son tus credenciales para intentar llegar a la Presidencia… No venimos a pactar, sino a señalarte y decirte que sabemos que la justicia no vendrá de ustedes, los represores, sino del pueblo”. La memoria de los agravios no sólo es reconocimiento y homenaje a los caídos, es también reclamo de justicia para los verdugos.

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