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Investigación y decadencia en Tlaxcala

Por: Ricardo Nava Olivares

2012-03-06 04:00:00

Pese a lo que se diga, la investigación científica en Tlaxcala está estancada, el número de investigadores, de investigaciones y de publicaciones no ha crecido y existe una enorme desarticulación al interior y al exterior de las instituciones encargadas de generar y transferir conocimiento, los esfuerzos excepcionales que se habían realizado por fomentar la investigación se diluyeron. En gran parte este estancamiento es derivado de la miopía e ignorancia de cómo conducir los centros de investigación locales.

En el discurso del día a día se presumen datos de los logros realizados, en la realidad los centros de investigación han venido a menos, tan es así que es imposible obtener datos desagregados de los proyectos de investigación y los productos que se están obteniendo; por ejemplo, al revisar el primer informe de gobierno de Mariano González Zarur se presenta información que no coincide con lo realmente publicado, si se hiciera una revisión exhaustiva, el Ejecutivo en turno podría constatar la inexistencia de documentos y verificaría la falsedad con la que las autoridades del sector de investigación pretenden engañar a los tlaxcaltecas y al propio gobierno.

Los datos se inflaron para hacer creer a la sociedad que la investigación y los estudios de posgrado se han consolidado, cosa que no corresponde con el número de estudiantes de posgrado, el número de titulados, el número de artículos arbitrados e indexados, así como el número de proyectos de investigación financiados por fondos locales, nacionales e internacionales. Pasa lo mismo con los convenios de medio pelo firmados, en esos indicadores podríamos constatar la decadencia de los resultados.

En  gran medida el problema de la decadencia se debe a que los líderes institucionales tienen nula experiencia en la administración educativa, responden a intereses de los políticos, más que a los intereses de la ciencia. La pérdida de autonomía tiene efectos en los procesos de formación e investigación, pues las decisiones que se toman obedecen a criterios no científicos, la ignorancia favorece el desconocimiento de instancias que podrían coadyuvar en los esfuerzos que día a día realizan los investigadores, por ejemplo, poco se ha hecho para reactivar el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología y menos aún se ha cabildeado con los señores diputados de la importancia de erogar recursos a través de los fondos mixtos, éstas dos instancias no sólo apoyarían la investigación sino que detonarían investigaciones multidisciplinarias e interdisciplinarias cuyo impacto estuviera ligado a la generación y transferencia de conocimiento, se podrían definir áreas de desarrollo científico ligadas a las ramas industriales, de biotecnología u otras, y con ello no sólo se promovería la investigación local, sino que se avanzaría en la investigación a través de pares académicos nacionales y extranjeros, se formarían redes de discusión colectiva y seguramente se atraería financiamiento para investigación con efectos en el número de publicaciones de carácter nacional y global, dejaríamos el localismo actual.

Por desgracia los administradores de los centros de investigación están más preocupados por llevarse los aplausos de la clase política, que en dedicarse a consolidar un verdadero programa de desarrollo científico, esto último es la mejor forma de contribuir con el gobierno, dejar huella en el ahora y en el futuro, lo demás es palabrería.

Sería oportuno hacer una revaloración de la situación que guardan la investigación y los estudios de posgrado en la entidad, es cierto que se requieren mayores recursos, pero éstos no serán la palanca que detone el cambio, el cambio tiene que ver con la forma en que se construye un proyecto académico, si no nos pasará lo mismo que ha ocurrido con los gobiernos panistas, entre más recursos más pobreza, más dispendio y más discrecionalidad.

La experiencia de otros centros de investigación a nivel nacional debería tomarse como ejemplo, la misma UNAM se ha preocupado por generar investigaciones y publicaciones que buscan impactar en la agenda pública, basta recordar el documento que sobre seguridad pública fue elaborado ex profeso como una estrategia alternativa para el combate a la delincuencia organizada, la misma máxima casa de estudios del país se ha preocupado por fomentar investigaciones sobre alternativas económicas para México, los documentos coordinados y publicados por el investigador José Luis Calva, son fundamentales en su lectura y aplicación. El mismo Colegio de México publicó una obra de 16 tomos de los grandes problemas nacionales, colección que debe ser de lectura obligatoria. Por su parte, El Colegio Mexiquense ha sido pieza angular para el ordenamiento territorial del Estado de México y el Distrito Federal. En el ámbito internacional, los países que han apostado por la ciencia y la tecnología hoy gozan de un mayor nivel de bienestar. ¿Y nosotros cuándo?

Sería ingenuo pensar que el crecimiento de los centros de investigación será por osmosis, más ingenuo sería responsabilizar a todos los investigadores –como todo en la vida, habrá: buenos, regulares y malos– que hacen lo que pueden con lo que los dejan, el problema es que mientras no haya un proyecto académico, seguiremos estancados y mantendremos a estas instituciones fundamentalmente con prestigios individuales y escaso trabajo colectivo institucional.

En otras palabras, el gobierno del estado debería hacer ese balance, analizar no la viabilidad de las instituciones de investigación y posgrado, éstas deben mantenerse y crecer, lo que está en discusión es quiénes conducen a esas instituciones y como dirían por ahí, si no pueden, que renuncien, eso es tener dignidad. ¿O, no?

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