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Gobiernos corruptos

Por: Ricardo Nava Olivares

2013-05-27 04:00:00

Los casos de Tabasco y Aguascalientes son una muestra de los niveles de corrupción con que han operado los gobiernos estatales en los últimos tiempos. La transición y la alternancia no detuvieron la discrecionalidad, el dispendio y el uso de los recursos públicos para el enriquecimiento de la clase política, a los casos mencionados se deberían sumar Puebla, Oaxaca, Coahuila, Guerrero y varias entidades más donde hay indicios de prácticas de corrupción, donde existen evidencia de enriquecimiento ilícito, pues la clase política corrupta blindada por la complicidad, presume cínicamente las riquezas que les dejó ser gobierno.

Gobiernos panistas, perredistas, priistas,  ninguno se escapa, la alternancia no sólo no mejoró las condiciones de vida de la población en las entidades federativas con prácticas de buen gobierno, sino que por el contrario proliferaron las prácticas de corrupción en todos los niveles, desde el federal hasta el estatal, municipal y desde luego en las mismas dependencias que ejercen presupuestos, ¿dónde quedaron los presagios de que la alternancia tendría como efecto inmediato una mayor competencia entre las fuerzas políticas que derivaría en nuevas formas de ejercer el poder, nuevas formas de administración y gestión de lo público?, ¿dónde quedaron los presagios de una mayor participación de la sociedad en las acciones de gobierno?, ¿dónde quedaron las instituciones que fueron creadas con fines de estar pendientes de la transparencia y rendición de cuentas?, ¿dónde quedó el marco legal que fue creado para proteger los recursos de los mexicanos?, todo ha sido una grotesca simulación.

En gran medida, la actual simulación se debe explicar a partir de la docena trágica de los gobiernos panistas que poco o nada hicieron para modificar las prácticas corruptas, se ha demostrado que precisamente ellos fueron los principales beneficiarios de mantener el régimen de privilegios que se había consolidado en las épocas doradas del PRI; ejemplos sobran: los hijos de Martha Sahagún, César Nava, Camilo Mouriño, Germán Martínez, todos ellos cobijados por los inquilinos de Los Pinos de ese entonces.

Fox y Calderón son los principales responsables de los escasos avances en materia de transparencia y rendición de cuentas, pues lejos de atacar de forma frontal a los corruptos, construyeron alianzas para blindarse política y legalmente, al llegar al poder ambos excluyeron de la agenda nacional el combate a la corrupción, los mexicanos nos quedamos esperando que hubiera una estrategia inmediata para atrapar a los bribones del pasado, gobernadores que habían amasado fortunas inmensas en los años noventa, delegados federales, líderes sindicales charros, líderes de organizaciones corporativas en la educación, en el transporte, en los energéticos, en la procuración de justicia y en los propios empresarios coludidos con el gobierno a través de contratos millonarios inflados.

Ambos tuvieron oportunidades para cambiar el rumbo, ambos declinaron en hacerlo, casos como Ulises Ruiz en Oaxaca, Mario Marín en Puebla o el enriquecimiento inexplicable de los hijos de la primera dama o el súbito despegue económico de César Nava o los contratos en Campeche para afianzar la influencia política y económica de la familia Mouriño. Ni Fox ni el becario de Harvard movieron un dedo para acabar con la corrupción, que ya para ese entonces estaba incrustada en sus gobiernos, pues el mensaje era evidente, todos podrán robar y ninguno será perseguido.

A ello se añade dos factores poco analizados, el primero fue los abundantes recursos millonarios que llegaron a México en la docena trágica derivados del precio del petróleo, es hora que no sabemos con exactitud qué fue de los excedentes petroleros, en 12 años panistas se registraron los más altos volúmenes de ingresos por venta del oro negro, es de suponerse que miles de millones de dólares fueron distribuidos entre los privilegiados, el dinero fue moneda de cambio para callar a los gobernadores.

El segundo es el nivel de poder que llegaron a tener las entidades federativas, los gobernadores de los últimos 15 años capitalizaron la debilidad de la Presidencia y la ausencia de controles legales en el uso de los recursos públicos, los recursos provenientes del petróleo sirvieron para aumentar notablemente los presupuestos locales sin que hubiera necesidad de comprobar en qué se ocupaban los recursos, eso favoreció que los gobernadores tuvieran manga ancha para hacer y deshacer con el dinero del pueblo, por ello no es casual que muchos de ellos amasaron enormes fortunas para ellos y sus familias y por eso tampoco extraña que hubiera tantas inconsistencias en las cuentas públicas.

En ese marco debemos leer los casos de Tabasco y Aguascalientes, los ex gobernadores indiciados son reflejo de un régimen político corrupto, son producto de la docena trágica panista que solapó a los amigos y a los propios adversarios.

Hasta ahora la iniciativa de encarcelar a los ex gobernadores parece que es una decisión de los gobiernos locales, dada las circunstancias políticas es posible que esas acciones lleven el aval de la Presidencia, si esto fuera así confiamos que por fin vayan con todo contra los que afectaron el patrimonio público.

Si Enrique Peña Nieto quiere que México se mueva y se transforme, ahí tiene una de las mejores maneras de ganar la legitimidad del pueblo mexicano, quizás sea bueno recordarle que hasta el momento está parcialmente reprobado en sus cinco meses de gestión, eso dicen las encuestas.

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