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Disidencia sin propuesta

Por: Ricardo Nava Olivares

2013-04-22 04:00:00

La mayoría de los maestros disidentes no ha leído la reforma educativa. La mayoría se ausenta de las aulas sin conocer el pliego petitorio, acostumbrados a ser utilizados bajo el modelo corporativo, se movilizan para “defender sus derechos laborales”, al final del día lo que importa es mantener los privilegios de ser parte del magisterio, ¿el compromiso por la educación dónde quedo? ¿Cuál es la propuesta?

Para mejorar la educación del país se requiere mucho más que una reforma educativa, no será suficiente con que el Estado recupere la rectoría de la política educativa, se necesita hacer un profundo rediseño del sistema educativo mexicano, se deberá revisar el actual modelo educativo y pedagógico en prácticamente todos los niveles, se deberá hacer una evaluación integral de al menos los últimos 30 años, la apuesta del salinato por una educación basada en el mercado está agotada, se deberá discutir el papel que están jugando los funcionarios de la educación, los docentes, los alumnos e, incluso, los padres de familia, a ello se deberá añadir el resultado del inacabado nuevo federalismo en la educación, por ende se deberán presentar informes sobre la descentralización en el nivel básico, la tarea es gigantesca porque el rezago es enorme.

Nadie está en contra de mejorar la calidad educativa, pero para ello se deberá discutir qué es la calidad en educación, pasado por el concepto, el modelo, indicadores y pedagogías que permitan mejorar, aunado a lo anterior se deberá ser lo suficientemente cuidadoso a fin de hacer un balance crítico de los errores cometidos, pues está demostrado que si bien es cierto hay un mínimo de conocimientos básicos que todos los alumnos deben obtener y desarrollar, también es cierto que los contextos mundial, nacional y regional son distintos y demandan que sean considerados en el nuevo rediseño del sistema educativo en su conjunto. Esa revisión debe ser propuesta no tan sólo con la mirada del funcionario de la educación, sino con la participación activa de los docentes, estos últimos tienen el pulso de las debilidades, limitantes, ausencias de los conocimientos de los alumnos, nadie más que los profesores saben de los distintos problemas que tienen los alumnos en su proceso de enseñanza–aprendizaje, con tan sólo preguntar a los docentes universitarios podrían darse respuestas concretas sobre las limitaciones.

Para nadie es nuevo que los alumnos que llegan a la universidad se incorporan con lagunas enormes de cultura, historia, análisis de contexto, que en términos de hábitos están por los suelos, ni leen y pero aún no saber leer que no es lo mismo, no escriben y pero aún no saben escribir, hay problemas de memoria de corto, mediano y largo plazo y tienen ausencias imperdonables sobre historia universal y de México, se presentan serias dificultades para recordar las tablas de multiplicar, pues no lograron comprender las capacidades que se desarrollan derivados del aprendizaje que deja el uso de las matemáticas, es prácticamente nula su capacidad de articulación que les permita que algún tema analizado en clase sea comprendido en una visión más amplia, ni se diga los clásicos y reiterados problemas en redacción, ortografía, sintaxis, entre otros, todo ello que se supone fue proporcionado en preescolar, primaria, secundaria y bachillerato, ese pulso lo tienen los docentes universitarios, pero los docentes de educación básica también lo saben y ellos fueron los que formaron, es parte de su responsabilidad.

Si bien los docentes pudieran justificar sus yerros a partir de la imposición de los modelos educativos y pedagógicos, sería muy poco profesional dejar que el barco se hunda sin que hayan movido un dedo para evitarlo, he ahí que los profesores no sólo deben defender sus derechos, deben retomar el importante papel que éstos juegan en la educación, deberían recuperar la pasión docente, comprometiéndose con los alumnos y con un proyecto nacional que disminuya la desigualdad en que vive la mayoría de los mexicanos.

La pobreza no sólo es económica, sino que también es cultural, educativa, política y de libertad, y en cada uno de los casos el docente tiene mucho que aportar para disminuirla. Marx ya escribía a mitad del siglo XIX en la famosa  Tesis III de Feurbach: “la teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado”.

Por eso incomoda que los disidentes no modifiquen sus prácticas docentes, que suspendan clases o que abandonen las aulas para tomar las calles de la ciudad, hasta hoy no hay propuestas que vayan más allá de rechazar la reforma educativa o incidir en la ley secundaria, hacerla a modo de mantener el estado de confort donde se encuentran.

La lucha también se debe dar en las aulas formado personas ávidas de aprender, de discutir, de discernir, capaces de desarrollar un pensamiento crítico que ponga en jaque al modelo de desarrollo del país, que ponga un alto a la voracidad de la clase política y económica, a esos profesores seguramente les brindaríamos el apoyo, a los otros no.

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