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Crecimiento sostenido... de la pobreza

Por: Guillermo Aragón Loranca

2012-12-11 04:00:00

Este es el resultado real de las recetas neoliberales que se han venido aplicando desde los años ochenta en los países latinoamericanos, como lo dejó claramente expresado la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, en la pasada Cumbre Iberoamericana realizada en Cádiz. En esta frase lapidaria se sintetiza la realidad que están viviendo ya no sólo los países del Continente Americano, sino ahora los mismos países europeos que comienzan a vivir en carne propia los efectos de la receta mágica que alegremente aplicaban a los países subdesarrollados, sus antiguas colonias.

Con este mensaje quedó claro, por un lado, que algunos países latinoamericanos están construyendo su propio camino por fuera de la ortodoxia neoliberal, como es el caso de Bolivia, Ecuador, Uruguay, Venezuela y Brasil, generando herejías tales como reconocerle derechos a la naturaleza o gestionar y administrar sus propios recursos energéticos y naturales; pero, por el otro lado, también ha dejado al descubierto las verdaderas intenciones del demagógico discurso del gobierno conservador español, que olvidando los siglos de saqueo y destrucción, ahora pretende que Latinoamérica lo ayude con inversiones, o por lo menos que los gobiernos sigan quitando las trabas ideológicas y legales para hacer efectivo su “segundo desembarco”, a través de sus transnacionales (Repsol, BBVA Bancomer, Santander, Fenosa, Santillana, Iberdrola, entre otros).

La declaración de la presidente de Brasil también deja mal parados a los gobiernos colaboracionistas y vendepatrias de países como Colombia, Perú o México que han abierto de par en par las puertas a la inversión de capitales, tanto gringos como españoles, con el trillado y falso argumento de que sólo la inversión extranjera directa, que compra a precios de remate recursos naturales, mano de obra barata o hasta presupuestos públicos, es la única opción para lograr un supuesto crecimiento económico que nunca llega, y que sí se traduce en aumento de la pobreza y la polarización social. El caso más extremo e indignante es el del gobierno de Calderón que, a escondidas y de espaldas a los mexicanos, firmó contratos millonarios con los astilleros gallegos en quiebra para la fabricación de barcos–hotel al servicio de Pemex. Aunque eso ha provocado un escándalo, y primero todo fue negado, para finalmente admitirlo, nadie ha explicado hasta ahora para qué le sirven a Pemex esas costosas embarcaciones. Por si esto fuera poco, el presidente mediático impuesto, antes de asumir el poder fue a España a ofrecer la ayuda incondicional de México (¿estaremos de acuerdo con que nuestros impuestos se vayan a la “madre patria?) para “rescatar” la economía de España.

Por más seudoteorías económicas que se inventan para justificar los resultados negativos de los programas neoliberales, por más que se maquillan las cifras, la realidad golpea la vida de la mayoría de mexicanos: desempleo, salarios de miseria, violencia, acceso restringido al agua y los alimentos, despojos de ejidos, minería a cielo abierto, represión a las protestas sociales… pero eso sí, promesas y promesas de futuro crecimiento.

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