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Tardes de San Isidro

Por: Alcalino

2013-05-27 04:00:00

 

Se dice que lo importante de la feria isidril no es tanto el resultado de la corrida, rara vez halagüeño, como la vivencia, el saboreo del ambiente. Que una tarde de toros en Madrid es otra cosa, un mundo aparte, un microcosmos en el que lo taurino se mezcla con el ritmo y los aromas de la ciudad y del coso de Las Ventas, tan especial también por las dimensiones de su enorme ruedo, la solemnidad que allí se da al rito y el extremado rigor de su público. Que puede ser el más hostil y desdeñoso del orbe. Pero de pronto, también, el más sabio y sensible al hechizo del toro, el toreo y los toreros auténticos.

Todo eso, y un poco más, es lo que está discurriendo en estos días de mayo, a partir de las 7 de la tarde, sobre la arena de Las Ventas y en honor de San Isidro, el santo labrador y aldeano, entronizado como su patrón por la capital de España.

 

Revancha de Talavante

 

Si a alguien le dolió el traspié del extremeño con los victorinos fue a la afición madrileña, que lo ha hecho su torero y anhelaba verlo tomar desquite. Desquite que llegó pronto y le permitió a Madrid izarlo de nuevo sobre sus hombros, en triunfo, al terminar la corrida de este viernes 24.

Para ello, Alejandro debió hacer un acto de contrición cabal, concentrado en su faena a “Artillero”, un bien armado zaino de Victoriano del Río que repetía codicioso y ante el cual Talavante se quedó quieto desde el primer muletazo –ayudado por alto–, antes de entregarse por completo a la conducción en redondo de una embestida fuerte y desigual, demasiado rebosada en ocasiones en evidente perjuicio de la limpieza de los pases. Una verdadera prueba, como correspondía a la comprometida situación del diestro tras el victorinazo.

El momento explosivo llegó cuando remató sus derechazos más sometidos y templados cambiando de mano la muleta para trazar el natural y el de pecho sin mover las zapatillas en absoluto... para perderle la cara al toro tras el remate y ser empitonado sin mayores consecuencias. Esto calentó aún más a público y torero, pues Alejandro se levantó de la arena para continuar la obra con mayor enjundia y casta si cabe, ahora por el pitón zurdo hasta domeñar con la muleta muy baja la creciente casta del morlaco, sobre cuyo morrillo de volcó en un fulminante volapié. Faena y estocada de dos orejas y puerta grande.

Y faena de revancha plena, cómo no, aunque sin relación con la definitivamente histórica que le cuajó hace dos años a “Cervato”, de El Ventorrillo. Aquélla era de rabo en cualquier plaza del mundo. Incluida por supuesto la de Madrid, que debiera incluir dicha presea en su reglamento, aunque limitado a casos tan excepcionales como el de Talavante y “Cervato” aquel 17 de mayo de 2011.

 

Un triunfo muy caro

 

Iván Fandiño había protagonizado con el bravísimo “Grosella”, segundo de Parladé en la corrida del martes 22, una auténtica gesta torera. Lo veroniqueó sin probaturas y a lo clásico –limpio juego de brazos, suerte bien cargada–, ordenó poco castigo en varas  y se plantó con su consabida firmeza desde el principio de la faena. “Grosella” llegó al tercio final muy entero, repitiendo con celo y soltando mucho la cabeza. Pero nada de eso arredró al torero vasco –tampoco el racheado viento–, decidido a imponerse a la poderosa embestida a base de embarcar con la muleta adelante, conducirla la acometida con mando y sin tropiezos y rematar perfectamente cada pase. Sabía Iván que era ésa la única fórmula que le permitiría triunfar con semejante morlaco, cuya poderosa bravura habría puesto en jaque a más de cuatro. Pero no a un torero tan encelado y dispuesto como Fandiño, que en su obsesiva búsqueda de la puerta grande encontró la de la enfermería.

La cornada –un tabaco que le atravesó el muslo derecho de parte a parte– se produjo al entrar a matar, en el intento de borrar el pinchazo previo –“Grosella”, en su codicia, pegó un arreón que sorprendió al torero–. Volapié entregado, de ésos que honran el título de matador de toros. Y una herida extensa pero limpia (25 centímetros de pitón, desviado por el fémur hacia la cara externa del muslo).

Iván Fandiño. Otro nombre a retener porque es el de un auténtico torero, maltratado, como tantos más, por quienes mueven los hilos del tinglado.  

 

Perera, sin trofeos

 

Ha sido Miguel Ángel el de actuación más pareja en la feria, y si el primer día estuvo en un tris de abrir la grande, el jueves 23, con el débil encierro de Jandilla, debió desorejar a su primero por su clarividencia para ver y entender a un animal muy justo de fuerza en faena a más, cuya culminación fueron unos naturales sencillamente prodigiosos de redondez y hondura. Pero no le perdonaron un pinchazo previo a la estocada y sólo dio la vuelta al ruedo.

Otra había dado David Mora –es bueno que se recupere la costumbre– tras hacer lo imposible con su primero de la mansísima corrida de Pedraza de Yeltes, divisa que debutó el martes 21 y cuyo  infumable encierro malogró los esfuerzos de El Cid y Luque, que se va de la feria sin recompensa. Aunque Manuel Jesús, más decidido que otros años y con el buen estilo muleteril de siempre, firmara una especie de armisticio con los madrileños, que lo despidieron cariñosamente.

 

El 24, tarde de cuatro orejas

 

El de la Prensa era el cartel fuerte de la feria y, por una vez, las cosas salieron a pedir de boca. Quizá no tanto para Castella, que vio cómo el primero de Victoriano del Río se rompía una mano durante el segundo tercio, por lo que, pesar de la prometedora embestida del burel, se vio obligado a abreviar.  Menos mal que su segundo tuvo fijeza y clase, lo que permitiría al francés tomar cumplido desquite, su valentía natural como soporte de una faena templada y torera, modelo de bien hacer y cargada de temple, sobre todo en par de tandas con la zurda realmente magníficas. La estocada no desmereció, y la oreja de “Embarrado” fue su justa recompensa.

Igual trofeo había cortado a “Buenasuerte”, su buen primer toro, José María Manzanares, otro de los nombres fuertes del cartel, necesitado asimismo de un triunfo que avalara su condición de figura. La faena, predominantemente derechista, tuvo sosiego y mando a cambio de cierta celeridad; la estocada a un tiempo, a la altura de su fama. Justa la oreja y todos contentos, aunque en la magnífica corrida de Victoriano del Río, la puerta grande sólo Talavante consiguió descerrajarla. De todos modos ha sido, hasta ahora, la tarde más triunfal del ciclo.

 

Sangre torera

 

Si no decimos que ésa del 24 fue una corrida completamente redonda y feliz fue porque a Valentín Luján, de la cuadrilla de Talavante, el sexto –que cazaba moscas con los dos pitones– le pegó un feo cate penetrante de abdomen cuando, por abreviar el trámite y no pasar en falso, intentó préndele un solo palo rejoneando a pie, ventaja que no le bastó para burlar la acometida de aquel mal pájaro, que cortándole el viaje lo prendió con un pitón y lo remató con el contrario cuando caía. Fue ése el momento de la cornada en la fosa ilíaca, de pronóstico grave.

 

Desafortunado adiós

de Joao Moura

 

Hace 37 años, el de mayo de 1976, un cavalheiro portugués de 16 años conmocionaba Madrid con su singular estilo de rejoneador, compendio de clasicismo en las formas y atrevida innovación por la cercanía de los pitones y la permanencia en la cara del toro. Un rejoneo con tintes revolucionarios, aunado la fascinación de esa figura adolescente que le valió el mote de Niño Moura y lo convirtió en ídolo de los madrileños.

Quién hubiera dicho que el maduro maestro en que más tarde se convirtió tendría una despedida tan desairada en la plaza que conquistó desde el primer momento. Mas el caso es que, anunciada su despedida el sábado último, tuvo un tarde realmente aciaga, anulada toda emoción por la invalidez de su primero, y abroncado sin consideración tras fracasar reiteradamente con el rejón de muerte –su eterno talón de Aquiles–, sin que la afición que tanto lo quiso se permitiera al menos el detalle de dispensarle una despedida más cordial. El último recuerdo que de él guarde Las Ventas será el del incontenible llanto que derramó al lado de la barrera, una vez descabellado “Clavel”, el toro de Los Espartales que cerró su trayectoria profesional en España.

Para mayor inri, su hijo Miguel, al que dio la alternativa con los mismos 16 años que tenía él al presentarse ante la cátedra venteña, se vio presa de los nervios ante “Boticario”, el del doctorado. Mejoró en el sexto, y el público, con ese afectoque no tuvo para el padre, lo hizo dar la vuelta al ruedo.

Por su parte, Hermoso de Mendoza fue mucho más que simple testigo, pues anduvo por el ruedo a sus anchas, y si no salió en andas de la plaza fue por sus fallas con el rejón de muerte luego de bordar el toreo a la jineta con “Ventanillo”, su primero, especialmente a lomos del alazán “Disparate”, con el que protagonizó un segundo tercio memorable, con doble recorrido a dos pistas que incluyó sendos cambios de dirección al hilo de las tablas. En cambio con menos faena cortaría la oreja del quinto, “Refranero”, un astado nada sencillo al que supo envolver con destreza y exposición, para poner la plaza boca abajo con un par con las cortas a dos manos –gran desempeño del tordillo ”Pirata”– antes de rematarlo de contundente rejonazo, algo bajo y trasero, lo que justifica la reticencia del palco para duplicar el premio, según llegó a solicitarse.

 

Turno de Saldívar

 

Esta semana, habrá que estar atentos a la presentación de Arturo Saldívar, que como los demás paisanos nuestros, y a diferencia de casi todos los demás diestros programados, disfrutará de una única oportunidad en la feria. Será este martes 28, con toros de El Ventorrillo y en terna con Sergio Aguilar y Miguel Ángel Delgado, dos modestos alternantes.

Se le desea la mejor suerte del mundo, entre otras cosas porque tiene con qué armarla, como ya han podido comprobar los madrileños. 

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