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Misterios mexicanos

Por: Ramón Beltrán López

2012-09-11 04:00:00

 

Fue escrito y publicado en diciembre de 2005. No se le ha modificado un punto ni una coma. Han pasado casi siete años; ya concluyó un nuevo proceso electoral y se repitieron los mismos debates con algunos actores diferentes, pero con iguales resultados.  ¿Algo ha cambiado, aparte de las cifras?

Cada vez que escucho alguna de estas afirmaciones me es sumamente difícil salir del asombro, volver a cerrar la boca, acomodarme a esa realidad tan diferente de todo aquello que me enseñaron en la escuela.

Hace pocos días escuché a López Obrador en una entrevista con “Brozo” (prefiero a aquel que a Víctor Trujillo), y una de sus respuestas me dejo con bastantes motivos para la reflexión:

Interrogado acerca de las reformas imprescindibles para el país, entre otras, la fiscal, AMLO respondió que la corrupción significaba una erogación (o una pérdida) de 150 mil millones de pesos anuales, y que si Fox pretendía recaudar 50 mil millones mediante la aplicación del IVA a alimentos y medicinas, bastaría con disminuir la corrupción en una tercera parte para igualar esa cifra. Y eso sin lastimar económicamente a los más desposeídos.

Y la respuesta no tiene desperdicio, por varias razones.

Es lógico suponer que disminuyendo la agobiante corrupción a todos nos iría mejor, ¿pero eso evita o sustituye a los otros cambios que requiere el país? Yo creo que no.

El combate a la corrupción es urgente e impostergable, pero los cambios estructurales son igualmente importantes.

¿Y como le hizo AMLO para cuantificarla?

¿Acaso simplemente calculando el 10 por ciento de “mochada” en toda la obra gubernamental?

¿Cómo medir las “transas” en la venta de paraestatales, descentralizadas, desconcentradas, Fobaproa–Ipab? ¿Cómo?

¿Cómo medir el costo de todos los aviadores que pululan en las nóminas gubernamentales, principalmente en educación?

¿Cómo medir el dispendio –siempre combatido en la teoría– en comidas, hoteles, celulares, pasajes de avión, automóviles, choferes, etcétera de nuestra “clase gobernante”? Esto cuando el presidente Fox se ha pasado seis meses, de los cinco años que ha ocupado la presidencia, viajando fuera del país. Ejemplo que es alegremente imitado por presidentes municipales de todas las categorías y todos los niveles.

¿Cuánto cuesta –para seguir con los ejemplos– el robo de gasolina, otros combustibles y petroquímicos a Pemex? ¿Cuánto nos cuesta el robo hormiga a todos los usuarios por parte de los expendedores de gas, gasolina y diesel, mediante la venta de litros y kilos incompletos?

¿Y el robo de electricidad, que hay quien cuantifica entre 20 y 30 por ciento de lo generado, y que finalmente alguien tiene que pagar, sea convertido en una tarifa alta, o mediante el subsidio a las empresas por parte del erario federal?

¿Y la repetida práctica del “retiro voluntario” aplicada a todos los niveles pero que termina finalmente en una nueva recontratación en otra nómina oficial? ¿Y las jubilaciones de privilegio para cualquier funcionario bien conectado, o para los miembros de gremios y sindicatos poderosos?

Eso por lo que hace al hurto de bienes, servicios, prestaciones, sueldos, aunque solamente me he referido a alguno de los más conocidos, pero ¿cuanto nos cuesta la ineficiencia, que es otra forma de corrupción? Es decir, todo aquello que hacen mal o incompleto los funcionarios.

Los inspectores que no ven a los ambulantes en las calles; otros que no ven el abuso de algunos contra otros, como el apartado de lugares en la vía pública ni la ineficiencia del transporte público, o bien el reguero de muertos y heridos que va dejando a su paso. ¿Cuánto?

¿Y el contrabando con todas sus secuelas? La pérdida de puestos de trabajo, la competencia injusta contra empresas transnacionales que no cubren su carga impositiva, ¿y cuanto nos cuestan las carreteras que hay que parchar o relaminar completamente a los pocos meses de su inauguración? Algo que ya es asunto cotidiano en nuestro estado.

¿Y el pago por los proyectos que nunca se construyen o que nunca se concluyen? Como los macroproyectos de Paredes, para citar un ejemplo.

¿Y las tragedias anuales, con sus secuelas de pérdidas de vidas, heridos, daños, materiales, como consecuencia de la imprevisión? ¿Cuánto cuestan?

¿Y la contaminación impune de ríos y lagunas? ¿Y la inutilización de las plantas de tratamiento de aguas negras, por la misma razón?

¿Y como medir el daño que se hace a nuestros jóvenes con escuelas y universidades “patito” que no reúnen los mínimos estándares de calidad?

¿Y el daño que provocan los profesionales ineptos e impreparados?

¿Cuántos aspectos diferentes tiene la corrupción?

¿Cómo cuantificarla?

¿Cómo se combate? ¿De arriba para abajo? ¿Al revés?

¿Es cultural? ¿Tendremos que cambiar todos poco a poco? ¿En cuantos cientos de años?

Pero, finalmente, nuestros políticos, de todos los niveles y todos los partidos ya la midieron, cada uno a su manera. Y saben de qué tamaño es el negocio.

Víctor Hugo Islas, diputado Federal por Texmelucan dice que es mucho menor, si acaso de 25 mil millones.

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