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Lo que no estaba en la agenda de los diputados

Por: Ramón Beltrán López

2012-10-02 04:00:00

 

¿Por dónde empezar? En este, nuestro México actual, pasan tantas, tantas cosas que, en ocasiones, lo que sobran son temas que abordar para el pretendido analista.

¿Tiempos interesantes? La maldición china te desea que vivas tiempos interesantes.

¿Y cómo hacer para no caer en la depresión, en el desencanto?

¿Por comparación?

¿Estamos mejor que en Grecia, que España, que todos esos países que han tenido que recurrir a medidas draconianas para reducir y, tal vez algún día, acabar con el déficit público? Es decir, con esa costumbre de algunos gobernantes irresponsables, o ávidos de votos, que no dudaron en gastar más de lo que recaudaban sus gobiernos.

Desde cierto punto de vista podríamos pensar que estamos mejor, pero tal vez esto no sea cierto. Según desde donde se vea.

¿Razones?

En todos esos países impera un “estado de bienestar” que garantiza, entre otras cosas, que todos los ciudadanos tengan derecho a servicios de salud, servicios que algunos consideran gratuitos y otros les denominan “universales”, porque se tiene derecho a ellos únicamente por el hecho de ser ciudadano. Y a veces ni eso.

Los ciudadanos o habitantes de un “x” país tienen derecho a médico, medicinas, hospitalización, etcétera, porque pagan impuesto sobre la renta en todo lo que ganan y también impuesto al valor agregado en todo lo que compran.

Lo que en algunos países representa 50 por ciento el primero y más de 20 por ciento el segundo.

Son impuestos directos y progresivos. El que más gana y el que más gasta, más pagan. Esta sería su obligación.

Pero también tienen derecho a las pensiones, a las incapacidades por enfermedad, por maternidad, por paternidad, por invalidez, por vejez, por desempleo, etcétera.

Y resulta que muchos se pensionan por enfermedad, sin estar realmente enfermos o incapacitados para el trabajo (igualito que en México); otros se jubilan por vejez a una edad muy temprana (igualito que en México); otros alegan estar desempleados y reciben 500 o 600 euros al mes (Cada uno de los miembros de una pareja), es decir entre 8 mil 500 pesos y 9 mil 600 pesos cada uno, libres de polvo y paja. Esto no pasa por acá. Todavía). Y a veces con esa lana se vienen a vivir acá, sin trabajar.

Y además estos gastos se dispararon  desde que se integró la Unión Europea y los que más producen tuvieron que subsidiar a los menos productivos.

Y luego llegaron los inmigrantes. En mayor número en aquellos países a los cuales es más fácil ingresar, por razones geográficas o de las otras. Y esos también adquieren derechos.

En nuestro país eso no sucede por varias razones:

Solamente tienen derecho al Seguro Social 16 millones de trabajadores y sus familias. En total menos de 50 millones de los 110 millones de habitantes. Y en general la mayoría se jubila con pensiones de miseria, con excepción de los propios trabajadores del IMSS, que disfrutan de condiciones de privilegio. También todos losde las paraestatales, ISSSTE, universidades, etcétera.

Menos de 5 por ciento de la población recibe servicios del ISSSTE, Pemex, CFE, Servicios Médicos Estatales, etcétera.

A los demás (50 a 55 millones) les toca, si acaso, el Seguro Popular, con los mismos servicios que recibían de la Secretaría de Salud, con excepción del Defe en donde se encuentran los hospitales de excelencia. O sea que más de la mitad tienen servicios médicos de segunda, sin acceso a la seguridad social (incapacidades, pensiones, etcétera.).

Y algo así como 10 millones de paisanos, que trabajan en el extranjero, no reciben nada. Pero envían remesas por algo así como 25 a 26 mil millones de dólares anuales.  Algo así como 300 mil millones de pesos. El equivalente aproximado a lo que gasta el gobierno federal en “fondear” pensiones –muchas de ellas exageradas y abusivas– que no fueron debidamente fondeadas por el trabajador ni por el patrón.

¿Y por qué razón no fueron fondeadas?

Simplemente porque el patrón es el gobierno, ya sea directamente o por una paraestatal, sea Nafin, los gobiernos estatales, las universidades públicas, el Banco de Comercio Exterior, Banrural, etcétera. Y nunca se le exigió a sus directivos y a sus empleados (o sindicatos) que se crearan los fondos de pensiones que permitieran pagar a todos sus jubilados y pensionados.

¿Y entonces de donde sale el dinero para pagarlas?

Pues de nuestros impuestos. Principalmente de los de aquellos que nunca tendrán derecho a una jubilación. Es decir más de 50 por ciento de la población; de esos que pagan Impuesto sobre la Renta pero no son empleados al servicio de un patrón (profesionistas, comerciantes, artesanos, etcétera), y también del Impuesto al Valor Agregado (IVA) que paga esa mitad, que no tiene derecho a nada, o si acaso al Seguro Popular, pero paga el IVA en todo lo que adquiere, en todo lo que gasta.

La crisis, entonces, está muy lejos de llegar a nuestro país. Sin embargo la distribución de la riqueza (a pesar de la Revolución Mexicana, o como consecuencia directa de ella) es cada día más desigual y por ende más injusta.

El hombre más rico del mundo habita aquí. Y 40 millones de mexicanos por debajo de la línea de la miseria, también.

Esto, esta realidad, ni siquiera se encontraba en la agenda de discusión de las modificaciones que serían discutidas por los diputados a la Ley Federal del Trabajo. ¿Y sabe usted por qué?

Simplemente porque los integrantes de los sindicatos más poderosos y que son los ganones, y sus líderes, son precisamente los que salen beneficiados por esta situación.

Son los que “trabajan” para el gobierno y las paraestatales.

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