Logo de La Jornada de Oriente
Cargando...

La conciencia de las sensaciones

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-06-20 04:00:00

La conciencia de orden superior, conscientes de que estamos conscientes, descansa sobre el sistema de emociones primordiales. Estas emociones incluyen: la sed, el hambre, el dolor, la necesidad de aire, la necesidad de minerales, el despertar sexual y el orgasmo, la sensación que acompaña el impedimento de la función visceral (micción, defecar), el deseo de dormir después de periodo de privación de éste, cambios en la temperatura del cuerpo, entre otros1. Estos elementos subjetivos, también identificados como instintos, generalmente están programados genéticamente y mantienen la constancia físico–química del medio interno del cuerpo, proceso conocido como homeostasis. Obviamente, como bien señala Denton, si bien el salvaguardar la constancia físico–química del cuerpo está regulado por un sistema hormonal complejo, ésta también se mantiene a través de un sistema que crea sensaciones imperiosas, que luego genera el deseo y la intención de buscara aquella substancia que el cuerpo carece, tales como el agua, la sal, los minerales, el aire, entre otros.

Vulgarmente las emociones primordiales han sido identificadas como sensaciones que se entrometen en la conciencia. En el caso de la teoría psicoanalítica, ésta las asocia a deseos inconscientes, la parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad, cuyo único propósito es reducir la tensión creada por pulsaciones primitivas relacionadas con el hambre, lo sexual, la agresión y los impulsos irracionales. Sin menoscavar el efecto psicológico que el mal manejo de estas emociones pueda traer al ser humano, es necesario señalar que, éstas han emergido hacia la conciencia durante un largo proceso evolutivo porque son aptas para la sobrevivencia del organismo.  

Sin profundizar en el pensamiento freudiano se puede decir que, de acuerdo con Freud, estos instintos heredados, presentes al nacer, representan nuestros impulsos, necesidades y deseos más elementales, los cuales constituyen el motor del pensamiento y el comportamiento humano. En este sentido, las interacciones con el medio ambiente son un aspecto esencial de la experiencia consciente. Para poder sobrevivir en un ambiente natural complejo, el animal deberá aprender y retener en la memoria que estímulo predice (o que previamente haya sido asociado con) una recompensa, tal como comida, y cual ha sido identificada como un castigo, tal como la que un depredador puede traer2. De acuerdo con Denton y colaboradores, en un animal, es de gran ventaja evolutiva el ser capaz de formar una imagen mental y de elegir una opción apta para la acción a la luz de la apreciación de una situación inmediata, incluyendo en muchas instancias su memoria de experiencias previas. Esto pudiera ser una mejor determinante de acción que el de la acción reflexiva con una alta probabilidad de ser matado. El animal sobreviviente podrá pasar su particular estructura genética, la cual codifica para una organización neural que ayuda al desarrollo de la propensión de la percepción consciente y el análisis situacional3

La consciencia de las sensaciones, a diferencia de la conciencia de orden superior (la cual es esencialmente cortical), postula la función preponderante del sistema límbico en la orquestación de los intentos viscerales (vía los sistemas endocrinos y autónomo nervioso) por adquirir tanto las recompensas innatas así como de evadir los castigos innatos. En términos operacionales, se considera una recompensa innata aquella que representa un valor positivo, o un comportamiento de acercamiento hacia el estímulo. De igual forma, el castigo involucraría un comportamiento de evitación basado en la inhibición de la actividad neuronal hacia él o una activación en la actividad neuronal que dirija hacia el rechazo del castigo.

Los circuitos prefontrales involucrados en el procesamiento de la asociación del estímulo con la recompensa le añaden una cualidad apetecible, lo que hace del estímulo una sensación deseable. Estas sensaciones, en mayor o en menor intensidad, proveen las bases para un comportamiento consciente y para la formulación de una respuesta. De acuerdo a Newton Ressler4, son los circuitos prefrontales identificados con estos intentos viscerales los que le dan a las sensaciones un aspecto cualitativo.

La experiencia consiente de la emoción, la subjetividad, involucra una activación coherente o correlacionada entre la corteza sensorial, el sistema límbico y la corteza prefrontal. De acuerdo con el modelo de Ressler, cuando un individuo recibe un estímulo ambiental, la red neuronal que lo representa se activa. Esta activación se trasmite a través de una cadena de redes neuronales (o un asociación de orden superior) hacía las asociaciones indirectas de recompensa o castigo innatas. El sistema límbico re–trasmite esta información a la víscera. Sí el estímulo es de recompensa, la víscera activada intentará facilitar su adquisición. En el caso de la comida, el individuo salivará para facilitar el paso de la comida por el esófago, aumentará la motilidad gastrointestinal junto con la secreción gástrica y así adquirir sus beneficios. Sí el estímulo es de castigo, la víscera intentará inhibir su adquisición e impedirla o reducirla. En el caso de una temperatura dolorosamente fría, los escalofríos y la vasoconstricción de los vasos sanguíneos en la piel ayudaran a generar y conservar el calor y así reducir el malestar. Mientras se activa la víscera, el sistema límbico también activa los circuitos prefrontales (corteza orbito y medial frontales). Por lo que las características o identidad del estímulo sensorial vendrán de la corteza sensorial, mientras que la qualia, su valor, o el afecto (sentimiento) del estímulo vendrán de la cualidad adquisicional o aversiva de la activación de las vísceras a través del sistema límbico, formando una experiencia emocional consciente.

Las prácticas acéticas y puritanas han trastornado el funcionamiento eficiente de las estructuras neuronales encargadas de manejar las emociones primordiales, las cuales son fundamentales para la sobrevivencia del ser humano. Desde una perspectiva psicoanalítica, es muy probable que Freud tuviera razón, y la represión de estas emociones primordiales sea la causa de mucho de los trastornos psíquicos actuales. Además, la post–modernidad nos ha heredado el uso abusivo de sustancias adictivas, que al igual que las religiones, han secuestrado las estructuras neuronales encargadas de manejar las recompensas y castigos innatos del ser humano. La brújula biológica que nos legó la evolución se encuentra fuertemente amenazada por la cultura contemporánea.

 

1 Denton, D. A. (2006). The primordial emotions: The dawning of consciousness. Oxford University Press.

2Hammer M. The neural basis of associative reward learning in honeybees. Trends Neurosci 1997;20:245–52.

3 Denton DA., McKinley MJ., Farrell M., Egan GF., 2009, The role of primordial emotions in the evolutionary origin of consciousness, Consciousness and Cognition 18 500–514

4Ressler N., 2004, Rewards and punishments, goaldirected behavior and consciousness, Neuroscience and Biobehavioral Reviews 28: 27–39.

 

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico

 

rhpmedicus@yahoo.com.mx

Share
La Jornada
Nacional Michoacan
Aguascalientes Guerrero
San Luis Veracruz
Jalisco Morelos
Zacatecas  
Tematicas
Defraudados Izquierda
AMLO Precandidatos 2012
Servicios Generales
Publicidad
Contacto
© Derechos Reservados, 2013. Sierra Nevada Comunicaciones S.A. de C.V.