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El sainete de un tesorero municipal que no era contador

Por: Ramón Beltrán López

2012-02-28 04:00:00

 

No se trata de hacer leña del árbol caído. No. Se trata de aprender de las lecciones del pasado, porque el que tropieza dos veces con la misma piedra recibe epítetos y calificativos muy duros. Y es que resulta que el tesorero municipal, don Arturo Botello, se ostentaba como contador público titulado, sin serlo. Y no es siquiera un requisito legal que el tesorero municipal sea contador público, vamos ni siquiera se requiere contar con una licenciatura. Hasta se puede ser únicamente contador... de cuentos, así como CriCri.

La Ley Orgánica Municipal le fija al tesorero los mismos requisitos que al secretario general del ayuntamiento, o sea:

I. Ser ciudadano mexicano en pleno ejercicio de sus derechos.

II. No haber sido declarado en quiebra fraudulenta ni haber sido sentenciado como defraudador, malversador de fondos públicos o delitos graves, ni haber sido inhabilitado por sentencia o resolución administrativa firme.

III. En municipios que tengan una población de hasta 2 mil 500 habitantes haber concluido la educación primaria; en municipios de más de 2 mil 500 hasta 25 mil habitantes, haber concluido la educación media y en los municipios que tengan más de 25 mil habitantes, haber concluido la Educación Media Superior;

IV. No ser cónyuge o concubinario, pariente consanguíneo en línea recta sin limitación de grado o colateral hasta el cuarto grado, o por afinidad dentro del segundo grado, del presidente municipal, regidores o síndico correspondientes, y

V. Las demás que establezcan las disposiciones aplicables.

Artículo 137. Si el secretario es profesionista, no podrá ejercer su profesión u oficio en la municipalidad.

Y nada más.

O sea que basta con ser mexicano,  tener la preparatoria concluida y no incurrir en las demás prohibiciones.

Entonces las denuncias presentadas contra Botello no se basaban en la carencia del título de contador, sino en que se ostentaba como tal, sin serlo.

Y en llegando a este punto, y antes de profundizar al respecto, si esta fue la acusación y el tesorero no tuvo otra alternativa más que aceptar públicamente la veracidad del hecho y presentar su renuncia,  por “razones personales”, el aprendizaje resultante, la conclusión inevitable a la que conduce todo este sainete, es que actualmente ya resulta imprescindible que se dicten las disposiciones pertinentes a efecto de que todos aquellos empleados o funcionarios públicos que se ostenten como profesionales en alguna disciplina deberán exhibir, en la página de Transparencia correspondiente, su currículum vitae, su grado académico y los números de resgistro correspondiente a éste.

Y baste recordar que ya tuvimos un secretario de Estado a nivel federal que ostentaba un doctorado del cual carecía, y que obviamente también tuvo que renunciar.

Y que ahora tenemos, por todas partes y en todos los puestos, muchísimos “lics”, o “licenciados” cuyo único mérito es haber aprobado todas las pruebas necesarias para obtener una licencia para el manejo de automóviles. Cuentan con licencia, sí, pero de manejo.

Que sorpresas nos llevaríamos si esta exigencia se volviera realidad.

Porque aunque sabemos que hay licenciados, maestros y doctores, egresados de universidades “patito”, que sí cuentan con el papelito, que puede llegar inclusive a ser un doctorado, aunque en la realidad sean incapaces de redactar un documento coherente, sin faltas de ortografía y con una sintaxis aceptable.

Pero sea como sea, ya cuentan con el papelito.

Si usted, amigo lector, quiere saber si un abogado lo es realmente, si en verdad se recibió y cuenta con el título correspondiente, basta con que entre a la página electrónica del Tribunal Superior de Justicia y teclee su nombre en la sección correspondiente a aquellos profesionales titulados y registrados. Ahí puede encontrar el nombre de su abogado o bien llevarse una gran sorpresa.

Y en la página de la Dirección General de Profesiones puede igualmente consultar el número de una cédula profesional que alguien ostenta como suya. Y esta puede ser la misma que aparece en la receta que le expidió su médico... y luego resulta que pertenece a alguien más y hasta con una profesión diferente. Y resulta que hay algún vivo que se la está fusilando.

Pero regresemos al tema inicial; lo sorprendente, lo que más llama la atención es que el señor Botello ya era tesorero municipal por tercera ocasión. Primero con Hinojosa, después con Paredes y ahora con Eduardo Rivera. Y en todas ellas se había ostentado como contador, sin serlo.

¿En cuantos documentos oficiales habrá firmado anteponiendo las letras C. P. o C. P. T., como suele hacerse?

¿Y que dice la Ley de Profesiones al respecto?

“Artículo 24. Se entiende por ejercicio profesional, para los efectos de esta ley, la realización habitual a título oneroso o gratuito de todo acto o la prestación de cualquier servicio propio de cada profesión, aunque sólo se trate de simple consulta o la ostentación del carácter del profesionista por medio de tarjetas, anuncios, placas, insignias o de cualquier otro modo”.

Más claro ni el agua. Ostentarse como profesional, en tarjetas, papel membretado o como sea, aún sin cobrar, constituye una violación a la Ley Reglamentaria del artículo 5º. Constitucional.

¿Y que más dice dicha Ley?

“Artículo 26. Las autoridades judiciales y las que conozcan de asuntos contencioso–administrativos rechazarán la intervención en calidad de patronos o asesores técnicos del o los interesados, de persona, que no tenga título profesional registrado”.

“El mandato para asunto judicial o contencioso–administrativo determinado sólo podrá ser otorgado en favor de profesionistas con título debidamente registrado en los términos de esta ley”.

¿Acaso el señor Botello fungió como representante del ayuntamiento, en ésta o anteriores administraciones panistas, ostentándose como poseedor de un título del cual carecía? ¿Cuáles podrían ser las consecuencias de esto? ¿Habrá otros casos similares? ¡Ay nanita!

Son preguntas, conste.

Porque de que hay regidores que ostentan títulos de los cuales carecen, sí que los hay. Y son varios. Lo bueno es que no representan al ayuntamiento de forma personal.

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