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Centenario y Bicentenario: ¿así o peor?

Por: Ramón Beltrán López

2012-02-21 04:00:00

Hasta hace tres décadas más o menos, los mexicanos podíamos optar entre tres opciones políticas más o menos claras. Más o menos de derecha, centro o izquierda. Y eso del “más o menos” con todas las dificultades que esto implica, trataré de explicarlo más adelante.

Al intentar el ejercicio de identificar o de definir a estas opciones con los aspectos más relevantes de nuestra historia, o con los acontecimientos políticos de la época reciente, causaba –por lo menos en mí– verdaderas crisis de identidad, momentos en los cuales no sabía o no entendía cual era la ruta, más o menos correcta, más o menos acorde con mis valores, ideales o convicciones, aquella que consideraba más apropiada para que tomara nuestra patria en su ruta hacia el futuro; sin embargo, intentaba encontrar aquella opción que me pareciera más satisfactoria.

Mis clases de historia me mostraban que hubo aquí un país, o un territorio, o una enorme región poblada por los llamados “indios o pueblos indígenas”, los cuales fueron despojados de sus riquezas, propiedades, libertades, creencias, idioma, etcétera, por unos invasores venidos de España, y que los opuestos a todo esto, y una vez alcanzada la Independencia, los ideales insurgentes se pusieron en marcha para revertir todo aquello que nos agraviara durante tres siglos. Aún entonces carecíamos de fisonomía e identidad, pero contábamos con un ideal común que nos animaba y este era la libertad, la independencia. Muy poco tiempo después fuimos invadidos por los yanquis (perdón, quise decir los gringos), quienes nos privaron de más de la mitad del territorio. Un poco más tarde, los invasores fueron los franceses, invitados por el Partido Conservador, para que posteriormente, ya derrotados éstos, pudiéramos iniciar la construcción de la patria y, por supuesto,  de la identidad nacional. Guiados por la reciedumbre de dos indígenas oaxaqueños, obcecados, indomables, pero convencidos de lo que hacían, Juárez y Díaz, modelaron el México del siglo XX.

Los vientos del socialismo llegaron a México y pronto, avivados por nuestro natural sentimiento antiyanqui y deseosos de atenuar las enormes diferencias sociales que persistían desde la Colonia, muchos mexicanos hicieron estallar una revolución que mezcló varias y diversas maneras de concebir el progreso nacional. Varias facciones lucharon entre sí, con diversos intereses y distintas convicciones ideológicas.

Finalmente, la Revolución se institucionalizó y así se formó un partido que supuestamente haría suyas las mejores tradiciones y los mejores propósitos que guiaron a los caudillos de la Revolución y de la Independencia. Breve, lo más breve posible.

Actualmente, a un siglo de iniciado ese movimiento social, primero en América y 80 años después de formado el PNR–PRI; 30 años después de la caída del socialismo real, ya en pleno posmodernismo, tal parece que cada día que pasa nos estuviéramos sumergiendo más en la confusión, el conformismo, el valemadrismo, la mansedumbre y la corrupción.

No es posible distinguir actualmente líderes, hombres o mujeres, con ideas claras, con rumbo, con propuestas. Juárez, Díaz, Miramón, Madero, Carranza y Obregón tenían ideas e ideales, tenían rumbo y tenían propuestas. Sus seguidores lo eran porque las hacían suyas, porque consideraban que éstas representaban un camino correcto y una ruta que podría llevar a solucionar los problemas de la época. Podremos estar de acuerdo o en desacuerdo con ellos; la historia ya los juzgó, unos resultaron triunfantes, otros derrotados, pero así se modeló el perfil de una nación que llegó a ser líder de Latinoamérica hasta hace poco más de un cuarto de siglo. Un país con un desarrollo político, económico y cultural que asombró al mundo y que llegó inclusive a ser denominado como el “milagro mexicano”, tal como ahora nos asombra el crecimiento de China y de la India.

¿Que nos pasó después? ¿Dónde perdimos el rumbo? ¿Por qué razón somos ahora una nación de parches mal puestos, con una de las peores distribuciones del ingreso nacional, con un retraso educativo que avergonzaría a Justo Sierra, a Vasconcelos, a Barreda, a cualquiera de los grandes educadores de nuestra historia?

¿Dónde quedaron los líderes políticos, los convencidos, los idealistas, los luchadores? ¿Los de un bando y los del otro?

Actualmente la única esperanza que nos queda es que uno o varios de los candidatos, en caso de ganar, nos salgan buenos o por lo menos ya no tan malos.

¿Partidos? ¿Cuáles? ¿Con qué propuestas?

Los de ahora parecen agencias de empleos en busca de políticos caídos en desgracia o dispuestos a traicionar cualquier convicción, cualquier principio, presente o futuro.

¿Revolucionarios, progresistas, conservadores? ¿Dónde?

Chaqueteros, traidores y busca chambas.

Aunque estos términos antaño peyorativos parezcan, actualmente, méritos o virtudes, dignas del mejor aprecio.

Ni un hombre, ni una idea.

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