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Aguanten, que ya solamente nos restan siete días

Por: Ramón Beltrán López

2012-06-26 04:00:00

Estamos a una semana escasa de que se lleve a cabo un nuevo proceso electoral y para hoy ya muchos estamos hartos, hastiados, del bombardeo de “espots”, (creo que así se les denomina en ese nuevo espanglish semicibernético que nos vemos obligados a hablar cotidianamente), y de esa inagotable cantidad de discursos absurdos y de sonsonetes, repetidos una y mil veces, de todo eso que nos vemos obligados a escuchar a mañana, tarde y noche. Y encima de todo, más nos lastima y molesta, por el hecho de saber que tendremos que pagarlos con nuestros impuestos.

Porque no basta con que nos aseguren que son transmitidos durante el “tiempo oficial”, y que los medios de comunicación están obligados a incluirlos una y otra vez dentro de su programación, en muchas ocasiones hasta de “trenecito”, porque finalmente todo ese tiempo será convertido en un “costo” para las empresas de la comunicación y, finalmente, como sucede con todo lo oficial, se nos cobrará a nosotros, de una forma u otra. Y la más frecuente de todas las formas, la más usual, será por medio de los precios de los anunciantes, quienes los trasladarán al usuario final, al ciudadano común y corriente, nos guste o no. Además de la producción de toda la publicidad, que igualmente será pagada con las “prerrogativas” otorgadas a los partidos.

Y así nos enteramos –como muestra basta un botón– de que hay una candidata que a pesar de estar renegando del “oficialismo” del pasado, y dizque oponiéndose a cualquier influencia, similitud o parecido con  aquel partido “oficial” que nos gobernó durante más de 70 años, presume ahora de los resultados de la lucha contra la delincuencia organizada emprendida por el gobierno, mientras, rauda y veloz, se cuelga la medalla de la captura del “hijo del Chapo Guzmán”, medalla y triunfo que se convierte, a las pocas horas, en una verdadera pifia. Y que digo pifia, en un insulto a la inteligencia de los mexicanos, al pretender dar un burdo golpe electorero, uno más,  que finalmente resultará en un fracaso, tal  como el “michoacanazo”, el moreirazo o la pretendida persecución de Mario Marín, de Ulises, de Godoy y de quien sabe cuantos más. Rounds de sombra. Mucho ruido y pocas nueces.

¿Y todavía presume, por qué se atreve a presumir, de ser “diferente”?

¿Diferente a quién? ¿Diferente a qué?

Y una vez más invoca, pide, solicita, clama por la intervención divina, para que se le conceda un milagro que la saque del tercer lugar y de los cielos descienda un divino y milagroso mapache electoral, o unos Reyes Magos con urnas llenas de votos, o cuando menos un Santa Claus con el trineo repleto de urnas embarazadas. 

¿Y los muchachos detenidos?

¿Y la presunción de inocencia?

¿Y las garantías individuales?

Tal parece que la desesperación de Calderón y la pasividad brutal e inexplicable de los partidos de oposición están condicionando un cuasi estado–de–sitio que durará, por lo menos, hasta el 1 de diciembre. Porque como todos nuestros políticos parecen estar demasiado preocupados por lo electoral, por lo inmediato, y se olvidan de los ciudadanos. Aún durante este periodo, cuando todos los candidatos, principalmente los que dicen ser de oposición al actual gobierno federal, juran y perjuran estar muy preocupados e interesados en el bienestar de los votantes. ¿Será cierto? ¿Y los periodistas asesinados? ¿Y los 60 mil muertos? ¿Y todos los desaparecidos?

Total, con crear “fiscalías especiales” o federalizar algunos delitos, o bien con permitir la “coadyuvancia” de la PGR en las investigaciones, con las procuradurías estatales, de manera mágica, todo quedará resuelto. Las voces indignadas callan, porque nadie los escucha. Los inocentes, presos, dan gracias de por lo menos haber salvado el pellejo. Los periodistas de provincia (que son los que ponen los muertos), agradecen que hasta ahora no les haya tocado, y posiblemente optan también por el silencio. En boca cerrada no entran moscas. Ni balazos.

¿Y quién pide, quién promete poner un alto a los abusos de Calderón el pequeño? ¿Persistirán el abuso y la impunidad, gobierne quien gobierne?

Tal vez sea necesario recordarle a nuestros políticos, a nuestros candidatos, a los votantes del domingo próximo, algunas frases de Bertolt Brecht: “El que no conoce la verdad es simplemente un ignorante. Pero el que la conoce y la llama mentira, ¡ese es un criminal”!

Y hay muchos de estos.

Porque ya son muchas, demasiadas, las mentiras que se han pronunciado para encubrir, negar o justificar  los cada vez más frecuentes abusos de la autoridad. De la autoridad del Poder Ejecutivo y de las dependencias que se encuentran bajo su mando. Incluida la PGR y las fuerzas armadas. Siempre bajo la misma justificación: la lucha contra el “crimen organizado”, por medio de un Estado que, por el contrario, parece cada día más desorganizado y enloquecido.

Y lo peor que nos puede suceder es que la participación ciudadana quede, ya después de las votaciones del 1 de julio y de la manifiesta dificultad de los llamados #132 para lograr organizarse y fijar metas claras y concretas, en que se caiga en un desánimo generalizado y en una falta de voluntad para participar activamente en la vida política nacional. La vida política no puede terminar en la simple emisión del voto y en permitir, después de esto, la satisfacción absoluta de los intereses partidistas.

Es absolutamente necesario que, una vez pasadas las elecciones y en medio de esta profunda crisis social y política, todos y cada uno de nosotros participemos, en la medida de nuestras posibilidades, en la recomposición del país. En la exigencia cotidiana del cumplimiento de las promesas, gane quien gane, del retorno a la seguridad, de la desaparición de los plurinominales, de la lucha la lucha contra la corrupción y la impunidad, etc. Y no se vale hacerse a un lado o negarse a participar aduciendo repulsión a la política o a los políticos. Sicilia, Alejandro Martí y muchos otros más que creyeron estar ajenos a esa dolorosa realidad han sufrido las consecuencias. No podemos permanecer ajenos, porque ninguno de nosotros está a salvo, ni de la violencia criminal, ni de la violencia del Estado.

Citaremos nuevamente a Brecht para fortalecer este argumento: “El peor analfabeto es el analfabeto político.

“Él no oye, no habla ni participa en los acontecimientos políticos.

“No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas depende de las decisiones políticas. El analfabeto político es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la política. No sabe el imbécil que de su ignorancia política proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político aprovechador, embaucador y corrompido, lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

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