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¿Y que sucedía hace 10 años?

Por: Ramón Beltrán López

2012-05-15 04:00:00

 

Vale la pena recordar lo que sucedía hace una década? para hacerlo, una vez concluidos los magnos festejos efectuados para conmemorar 150 años del triunfo militar de Ignacio Zaragoza sobre los franceses en el Fuerte de Guadalupe, aquel 5 de Mayo de 1862, vale la pena leer nuevamente el “Subeybaja” publicado el 29 de agosto del año 2002. Veamos:

 

Del Cerro de las Campanas al Palacio Municipal

 

Desde ayer, por acuerdo del cabildo,  Puebla dejó de ser de Zaragoza y regresó a ser de los Ángeles.

Y para que no parezca un simple capricho de un presidente municipal que insiste en que “es, ha sido y seguirá siendo fua” (a los ignaros aclararemos que esto significa que este señor sigue luchando contra los molinos de viento (del comunismo) que ya solamente existen en su imaginación, pues ser anti–comunista hoy en día es como suponer que Hussein pueda derrotar a Bush, o que la muerte del cura Hidalgo pueda conducirnos a ser nuevamente una colonia española, pero allá él). Le contaremos que  su propuesta contó con el voto de 16 regidores panistas y el apoyo explícito del líder municipal del Partido Acción Nacional (PAN), Pablo Rodríguez Regordosa, quien aseguró que había “razones históricas” para regresar al pasado. Revisémoslas pues.

Y es que del pasado regresa aquel sonsonete la época juarista, que algunos quisieran borrar de nuestra memoria histórica (la época y los versitos): “zis y zis y zas, cangrejos al compás, marchemos para atrás”.

Y marchamos para atrás,  alejándonos de la posibilidad de ser un país de instituciones, (y ya) vivimos nuevamente una segunda época del gobierno al estilo panista, del gobierno a  capricho, de los ayuntamientos del berrinche, y del infantilismo como régimen jurídico.  El estado soy yo,  afirma  Luis I de la Puebla de los Ángeles; los límites de la ciudad los fijo yo, no el Congreso; el nombre de la ciudad lo decido yo, no el Congreso. No necesito consenso ni armonía y,  si pude hacer eso, también cambiaré la historia. Regresaré a Iturbide, Miramón, Mejía, Huerta, a los altares de la patria. La escribiré de nuevo, y en  la mía ganarán los franceses. Fusilaremos a Juárez, a Prieto, a Lerdo de Tejada, en el Cerro de Loreto. Tan, tan.

¿Cuáles serán las “razones históricas” que aduce el dirigente del PAN municipal? ¿Las de los juramentados de la secta Blanca?

O posiblemente las que hallamos en la correspondencia del general Zaragoza y de sus contrincantes:

Veamos (lo que decían estos últimos):

“...Desgraciadamente, todas mis instancias al respecto (para aceptar la ayuda de los mexicanos conservadores que pretendían ayudar al ejército francés) han fracasado hasta el presente ante la resistencia del general (Lorencez), y quizá más aún frente a la de su Estado Mayor que no quiere a ningún precio oír hablar de auxiliares y que muestra con cualquier motivo un soberano desprecio para todos los mexicanos sin excepción de partido...”

“...me confirma en la opinión de que las tropas de Juárez no son de la talla para medirse contra las nuestras cualquiera que pueda ser la desproporción...”

“...Por lo demás, aunque Zaragoza quiera o no defender a Puebla, creo que nosotros no tendremos mucha dificultad en apoderarnos de una ciudad que ha sido tomada y vuelta a tomar veinte veces durante las guerras civiles, a menudo por bandas de 2 mil a 3 mil voluntarios mexicanos...”

Quecholac, 2 de mayo de 1862, Alphonse Dubois de Saligny.

(Y que decían del lado mexicano):

“El enemigo pernoctó en Amozoc y aún a las 7 de la mañana estaba ahí.

“Nuestra caballería lo hostiliza constantemente. En cuanto al dinero nada se puede hacer aquí, porque esta gente es mala en lo general y sobre todo muy indolente y egoísta; sin embargo acabo de mandar ver al señor Cabrera”.

“Hoy no he podido completar ni para un día de socorro económico que importa 3 mil 700 pesos porque sólo tiene la comisaría 3 mil 300. La fuerza está sin socorro desde el día 5 y casi sin rancho”.

“Que bueno sería quemar a Puebla”.

“Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo, pero es una realidad lamentable.”

“Estoy preparando mi marcha sobre el enemigo, pero acaso no lo podré verificar oportunamente por falta de recursos”.

Puebla, mayo 9 de 1862. General Ignacio Zaragoza.

C. Presidente don Benito Juárez.

“...No me parece por demás advertir a usted que por este rumbo existen gruesas partidas de reaccionarios y que el orgullo francés ha sido herido profundamente y por lo mismo, importa mucho que esta ciudad execrable, que no he incendiado porque existen en ella criaturas inocentes, quede de pronto bien resguardada y que se mande fortificar en regla... para que no nos volvamos a ver en otro caso tan difícil como el que acabamos de pasar...”

“No hay que confiar en los reaccionarios, son muy infames y aseguro a usted que con excepción de Negrete, y otros muy pocos, me ha causado grande afán para poderlos sobrellevar, empresa bien difícil, al frente del enemigo extranjero...”

“...Gálvez, Echeagaray y otros han pagado mis consideraciones con una infame defección. En consecuencia, pues, si se amnistían más rebeldes no me los mande usted, porque entonces no podré ni dormir...”

Mayo 9 de 1862. Ignacio Zaragoza.

El 7 de septiembre (de 1862) el general Zaragoza falleció en la casa que hoy ocupa la Tesorería Municipal.

(Y desde ese año se expidió el siguiente decreto presidencial):

“Artículo 1. Se declara benemérito de la Patria en grado heroico al ciudadano general Ignacio Zaragoza.

Artículo 2. Su nombre se inscribirá en letras de oro en el salón de sesiones del Congreso de la Unión...

6. Desde la publicación de este decreto la ciudad de Puebla llevará el nombre de Puebla de Zaragoza.

Palacio del Gobierno Nacional, en México, a 11 de septiembre de 1862.

Por poquito le atinan con el “nuevo decreto municipal”, porque del 29 de agosto al 11 de septiembre solamente les faltaron solamente 13 días.

Tenía razón el general.

Hasta aquí el “Subeybaja” de hace 10 años. Y dos lustros después muchos de aquellos enanitos que pretendieron borrar el nombre del general Ignacio Zaragoza de la historia de Puebla, se han visto obligados –de grado o por fuerza, porque más cornadas da el hambre– a asistir a los actos organizados por el gobierno del estado para rendirle un merecido homenaje.  Muchos de los integrantes del actual ayuntamiento trabajaron también en el de Luis Paredes. Aplaudieron entonces y, aunque Usted no lo crea,  aplaudieron ahora.

Y aunque ahora también  pretenden hacernos  creer que “todos los mexicanos se unieron en contra del invasor”, esto es otra mentira. Una más. Muchos militares, y muchos más civiles conservadores, se unieron, sí, pero para luchar en favor del nuevo emperador austriaco de México.

Como me hubiera gustado oír y ver ahora, 10 años después, a S. E. Luis Eduardo del Sagrado Corazón Paredes y Moctezuma, (alias El Loquito), tan congruente como siempre, junto con su síndico, Luis Olmos Pineda y sus 16 Regidores, oponiéndose  ahora, pública, abiertamente,  a que se le hiciera este  homenaje a Zaragoza,  “por razones históricas”. 

Porque seguramente, para ellos, tiene mucho más fundamento histórico el creer que fueron los ángeles quienes trazaron a Puebla o que  fueron  quienes  subieron a pulso las campanas de la Catedral.

Tenía razón el general don Ignacio Zaragoza Seguín.

Aquí estaban... y aquí siguen.

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