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¿Y qué sucedía hace 150 años? / Séptima parte

Por: Ramón Beltrán López

2012-04-24 04:00:00

Aunque algunos anuncios radiofónicos pretendan hacer creer a sus escuchas ingenuos o ignorantes que los mexicanos estaban unidos luchando en contra del enemigo francés, esto no es verdad, y lo sabemos desde entonces. Muchos compatriotas, conservadores recalcitrantes y enemigos de la Reforma juarista se unieron al ejército invasor para ayudarlo en su aventura monárquica. Fueron los mismos que acudieron al Castillo de Miramar para convencer a Maximiliano de que sería bien recibido en México. Finalmente dos de ellos murieron fusilados junto con el “emperador” en el Cerro de las Campanas. Muchos otros murieron en el campo de batalla, no sin antes haber causado múltiples bajas al Ejército mexicano.

¿Y como se veía lo sucedido desde el frente enemigo?

El 22 de mayo el Gral. Lorencez, comandante de las fuerzas invasoras, rendía su primer informe oficial sobre la batalla al mariscal ministro de la Guerra en Francia.

“...A mi llegada el 4 a Amozoc, población situada a tres leguas de Puebla, tuve noticias de que el gobierno de Juárez había dado orden de defender a Puebla a todo trance; que la ciudad tenía una guarnición de 12 mil hombres (sic), que en todas las calles se habían formado barricadas y que estas barricadas estaban armadas con artillería...

“...Dada la señal, los zuavos y los cazadores acometieron con la inteligente intrepidez tradicional en estos dos cuerpos; hicieron lo que las fuerzas francesas solas saben hacer; llegaron soportando un fuego terrible de artillería y  fusilería, de metralla y balas rasas, hasta los fosos del fuerte; algunos lograron escalar el muro sobre el cual fueron muertos, a excepción del corneta de cazadores Roblet, que permaneció durante algún tiempo en él tocando paso de ataque. Pero el convento fortificado de Guadalupe que se me había descrito como una posición de escasa importancia estaba armado con diez piezas de a 24, sin contar con los obuses de montaña colocadas en las plataformas y en los campanarios...

“...Disponíame a hacer pasar adelante dos compañías de zuavos que tenía cerca de mí como reserva a mitad de la cuesta, cuando una tempestad tropical, oscureciendo el aire, descargó sobre nosotros y empapó el suelo de tal modo que era imposible permanecer en  pie...

“Habiéndome convencido de la imposibilidad de sostener más tiempo una lucha heroica, mandé que los batallones empeñados en ella volvieran a descender...

“...tal era, señor mariscal, mi situación delante de Puebla, la ciudad más hostil a Juárez, según decían las personas en cuya opinión debía tener fe y que me aseguraban formalmente, en vista de los datos que se hallaban en estado de adquirir, que sería recibido en ella con transportes de alegría y que mis soldados entrarían cubiertos de flores...

“...”A las 10 de la noche (del día 18 de mayo) vino a decirme el Gral. Taboada, que la caballería del Gral. (Leonardo) Márquez y el 2º. Batallón del 99º. de línea, al mando del comandante Lefevre, habían sostenido un combate reñido contra las tropas de Zaragoza; que se habían hecho mil 200 prisioneros...

Esta era la visión  del comandante que había resultado derrotado y se retiraba junto con sus tropas, hacia Orizaba.

Mientras tanto, en una carta que lamentablemente no está fechada, Víctor Hugo, el gran escritor, desde el destierro, les escribía a los mexicanos:

“... No os hace la guerra Francia; es el Imperio. Estoy con vosotros. Vosotros y yo combatimos contra el imperio. Luchad, combatid, sed terribles y, si creéis que mi nombre os puede servir de algo, aprovechadle, apuntad a ese hombre a la cabeza con el proyectil de la libertad...

“...El atentado contra la República Mexicana es un atentado contra la República Francesa. Una emboscada completa la otra. El Imperio fracasará en esa tentativa infame, así lo creo, y vosotros venceréis... si sois vencedores, os ofrezco mi fraternidad  de ciudadano; si sois vencidos, mi fraternidad de proscrito...

Víctor Hugo.

Mientras tanto, Alphonse (Dubois) de Saligny, el representante de Francia durante la intervención, así como durante las negociaciones de Córdoba, enviaba desde Orizaba, el 26 de mayo, su informe personal, su versión de lo sucedido, al ministro de Relaciones Exteriores en París:

“...Dije, y es un hecho histórico, que la ciudad de Puebla había sido, en el curso de la guerra civil tomada y vuelta a tomar 20 veces, en más de una circunstancia por fuerzas compuestas por mexicanos voluntarios que no se elevaban a más de 2 mil a 3 mil hombres. Es cierto que nunca, hasta el 5 de mayo, se había atacado por la fortaleza de Guadalupe, que había sido considerada siempre como sin más importancia que la de asegurar la retirada...

“... En el asalto, el comandante de los cazadores de a pie, Sr. Mangin, al llegar al pie de una muralla intacta, destacó a su derecha dos compañías que, lanzándose entre la ciudad y el fuerte, habrían tomado la ciudad, sobre este lado si todo el batallón las hubiera seguido en lugar de ser lanzado inútilmente contra un obstáculo materialmente infranqueable. Estas dos compañías ejecutaron su retirada a través de una llanura de dos kilómetros, a pesar del fuego de cuatro cañones, los ataques de 700 a 800 jinetes y de 2 mil a 3 mil hombres de infantería. De este hecho, que da  por sí solo una idea exacta de lo que valen las tropas mexicanas en campo raso, se tuvo cuidado de no decir ni una palabra, en la discusión sobre la retirada. No fue sino por casualidad, y desde hace tres días solamente, que lo supe. Ignoro si el general habla de ello en su informe...

“...el Gral. de Lorencez está muy preocupado por la responsabilidad que asumió y que el querría, en vano, arrojarla sobre los que según él le dieron informes engañosos...

“...En cuanto a Zaragoza, el Gral. De Lorencez debió suponer, sin que se le hubiera advertido, que probablemente estaba ocupado en otra cosa que trenzar coronas de flores y erigir arcos de triunfo para recibirnos...

“...Cobos llegó ayer con mil 200 infantes, 500 jinetes, 200 artilleros y seis piezas de montaña y se apresuró a ponerse a la disposición del Gral. Almonte...

“...Las explicaciones dadas por Cobos no son quizás tan concluyentes como sería de desear, pero parece sinceramente decidido –y esto es lo importante hoy– a reconocer la autoridad del Gral. Almonte...

Alphonse (Dubois) de Saligny.

En sus memorias, escritas en la misma fecha, Saligny se expresaba así del Gral. Lorencez:

“...desgraciadamente, he comprobado, hace ya mucho tiempo, que existía entre el Gral. De Lorencez, pero más aún en su jefe de Estado Mayor, una decisión de tratar a todos los mexicanos, sin distinción de partido, de rango ni de carácter, con un soberano desprecio y como a gentes de una raza evidentemente inferior; de rechazar con desdén a quienes nos ofrecían su ayuda y de poner una afectación a menudo tan pueril como ofensiva, de actuar en este país como en tierra conquistada... “...El ejército francés, donde quiera que se encuentre, es amo absoluto y tiene el derecho de hacer todo lo que quiera”, tal es la respuesta invariable del Sr. Coronel Valazé a las observaciones y quejas que llegan de todos lados...

En ese larguísimo informe Saligny continúa con juicios que no tienen desperdicio, tanto respecto a los comandantes franceses como en relación a los jefes conservadores mexicanos que supuestamente se habían ofrecido a ayudarlos para atacar a Zaragoza por la retaguardia y por los flancos.

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