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¿Y qué pasó con el Wal Mart de La Margarita?

Por: Ramón Beltrán López

2012-05-22 04:00:00

Han pasado dos trienios municipales y casi se llega a la mitad del tercero y hasta el momento no hay ninguna explicación clara respecto a lo que sucede en la Unidad Habitacional La Margarita.

Tal vez sea porque este asunto sólo le interesa a sus 26 mil vecinos, vecinos que adquirieron sus viviendas cuando el Infonavit pagaba por adelantado la construcción de unidades habitacionales gigantescas, tan gigantescas como el infierno en el que habitualmente están inmersos los habitantes de muchas de ellas.

Inmenso condominio, inmenso condemonio. Y aún peor cuando cuenta con inmensas áreas, supuestamente verdes, que nadie sabe con exactitud de quien son, a quien pertenecen. O son del Infonavit o son de los propietarios de los departamentos ubicados en el lugar.

Dilema aparentemente tan difícil de dilucidar como los límites entre Puebla y las Cholulas. Ese pequeño problemita que apenas lleva medio siglo sin resolverse. Enorme río revuelto. Y ya sabemos que en río revuelto se hacen ricos los pescadores... de oportunidades y de terrenos baldíos. Y de propiedades ajenas susceptibles de ser agandalladas. Y es que dicen que aquel que no tranza, no avanza. Y hay muchos que quieren avanzar.

Y así, desde 2006 los vecinos defienden lo que aseguran que es suyo. Que es suyo pero no es suyo, porque ni un átomo está escriturado a nombre de alguno de ellos. Y los ejidatarios de San Baltazar dicen, por su parte, que es de ellos. Y unos cuantos vivos, pero muy vivos, pero poderosos, dicen que no desean apropiarse de ellos, que les basta únicamente con administrarlos, con manejar un “fideicomiso” que pueda cobrar las rentas por un poquito de tiempo, algo así como 50 años.

Así me decía la viejita: “lo que es de todos, resulta que no es de nadie”. Y resulta que termina siendo del más vivo, léase abusivo.

Pero quien preparó todo el negocio y  estructuró el “fideicomiso” que le rentaría los terrenos de la unidad habitacional a Wal Mart tiene nombre y apellido. Se llama Felipe Mojarro, anterior delegado del Infonavit y actualmente candidato a diputado federal por Acción Nacional en Tehuacán.   Y si logra la mayoría de votos gozará de fuero; es decir, de inmunidad e impunidad, además de influencias y de poder. Poder que es necesario mencionar, no ha perdido desde hace muchos años merced a su estrecha relación, su cercanía, su afiliación a la organización, es decir a El Yunque.

Desde San Lázaro podrá cabildear para resucitar el fideicomiso, ese negocito que puede dejar mucho más que los 160 mil pesos mensuales de renta que ofrecía Wal Mart, porque lo que se pretende “privatizar” es mucho más de lo que inicialmente se destinaría para la tienda “ancla”. Hay muchos otros negocios que, con un poco de suerte, pueden echarse a andar ahí, junto a La Margarita, La Rosa, el Hospital del IMSS y, por supuesto, La Calera. Talleres mecánicos, estacionamientos, otras tiendas transnacionales, etc. Todo deja, y al final todo es utilidad si el terreno es gratis y el fideicomiso no paga impuestos. ¿Dónde quedó la bolita?

A pesar de las denuncias hechas en Estados Unidos en contra de los directivos de esa empresa por haber sobornado a funcionarios mexicanos con casi 300 millones de pesos (24 millones de dólares), con el propósito de obtener licencias de construcción y de funcionamiento, en condiciones ventajosas para ellos y, por supuesto, desventajosas para los empresarios mexicanos propietarios de tiendas departamentales similares, quienes tienen que cumplir los mil y un requisitos que les exigen las autoridades municipales de todos los colores y de todos los tamaños, por acá, en nuestro país, no pasa nada. A pesar de las denuncias efectuadas por los colonos de La Margarita durante siete años, aquí no hay sospechosos y, mucho menos, se inicia una investigación.

Tal vez sea necesario que haya un “testigo protegido”, una “Jennifer” o acaso una “Miriam” que acuse a Felipe Mojarro, y/o a su sucesor Mancisidor Landa, a los integrantes de ese engendro denominado Comité Técnico del Fideicomiso La Margarita (y quienes, por supuesto no tienen nada que ver formalmente ni con el Infonavit, ni con los colonos), o a las autoridades municipales que aparentemente concedieron licencias de construcción y de funcionamiento sobre terrenos, cuya propiedad desde un principio se encuentra en duda y en litigio, solamente así se lograría que se inicie una investigación  a fondo. Que se inicie, porque lo más probable es que acabe como muchas otras, lentamente archivada.

Porque, como ya sabemos, aquí no pasa nada, hasta que pasa. Y en una de esas pasa algo, simplemente porque es época de elecciones. Porque 26 mil habitantes representan muchos votos. Y los de allá, de La margarita, ya han dado algunos sustos.

¿Y que les dirán a ellos los candidatos a diputados y a senadores cuando los visiten para solicitar su voto? ¿Qué harán cuándo los vecinos les reclamen y exijan algo más que simples promesas? ¿Podrá alguno de ellos comprometerse, ante notario, a efectuar las denuncias necesarias ante autoridades estatales y federales para deslindar responsabilidades? Eso, por supuesto, en el caso de “que se vean favorecidos por su voto” y alcancen la mayoría.   Obviamente será difícil que esto lo hagan los candidatos del PAN, porque no se atreverán a irritar a Mojarro o a El Yunque. ¿Y los priistas? Seguramente también se van a cuidar mucho porque los dos últimos ayuntamientos han sido de ese partido. ¿Entonces quien se va a comprometer con ellos?  Nadie sabe, nadie supo. ¿Será acaso el PRD?

Ante ese panorama y la inminente sucesión presidencial las guerras serán de lodo, pero ya sabemos que el lodo ensucia,  pero no daña. Así que los artífices del enredado negocio seguramente quedarán en el anonimato y en la oscuridad. Y de obtener el triunfo en las urnas seguramente intentarán recobrar lo que ya casi consideraban  un botin seguro. Y desde San Lázaro intentarán regresar por sus fueros... y por la lana.

Mientras tanto los colonos de La Margarita deberán estar muy pendientes de los cambios que promueve el ayuntamiento de Puebla en la Ley de Fraccionamientos.  Dicen que el diablo está en los detalles, y como conozco a varios que con el pretexto de la ecología, el cambio climático y las zonas verdes y mil cuentos más, también saben sacar provecho. Y son del mismo pelaje que los anteriores.

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