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¿Y qué nos espera a partir de septiembre?

Por: Ramón Beltrán López

2012-08-21 04:00:00

Finalmente llegará el esperado 1 de septiembre y de manera inevitable –según parecen indicar todos los signos– ese día tomarán posesión los nuevos diputados federales y los senadores que fueron electos en julio pasado. Y ni modo, si esa parte de la elección es aceptada como buena por quienes tomarán posesión y también por los partidos que los postularon, y sin que hasta el momento exista razón alguna para dudarlo, parecería extremadamente improbable que alguien persista en su negativa a aceptar la validez del resto del proceso, o sea únicamente la elección de presidente de la República. Como tampoco lo han hecho respecto de la elección de los gobernadores. 

Los argumentos y las pruebas presentadas hasta ahora no podrían sustentar una declaración de invalidez, la cual no podría ser parcial y abarcar únicamente la elección presidencial, y no la de diputados y senadores, y que además, en el hipotético caso de suceder, hundiría al país en el total desconcierto y la confusión, acabando por demoler aquellas instituciones que aún resisten y sostienen al Estado Mexicano, tan vulnerado, tan traicionado, y al mismo tiempo tan homenajeado por los políticos de todos los pelajes. Homenajeado y exaltado hasta el aburrimiento en toda una larga serie de actos oficiales, con motivo de centenarios, sesquicentenarios y bicentenarios, todos por igual tan intrascendentes e insulsos como carentes de cualquier contenido patriótico real y verdadero.

Y tal vez sea más probable que, dentro de un siglo, se recuerden los actos del primer centenario, presididos por el general Porfirio Díaz, que los que encabezó Felipe Calderón, cuyo único recuerdo icónico será la llamada Estela de Luz, o de Pus, como prefieren llamarla algunos críticos hipersensibles y molestos por el dispendio de recursos, la ineficiencia absoluta y la corrupción impune ocurridos durante la construcción del monumento “emblemático”.

Siguiendo esta lógica para el 1 de diciembre estará rindiendo protesta Enrique Peña Nieto, el priista que regresará a su partido a Los Pinos después de una verdadera “Docena Trágica”.

Y aún sin saber si Acción Nacional se comportará como aquel viejo elefante que camina en busca de su última morada o como un viejo león que se retira a lamerse las heridas, lo verdaderamente importante será saber si ese “nuevo” PRI, que  hasta ahora se dice nuevo pero que no muestra un perfil político definido, revolucionario o institucional, podrá solventar los retos que ya enfrenta México en este siglo XXI, que apenas se inicia.

Porque todos nuestros viejos y nuevos políticos saben –o por lo menos así lo expresan públicamente– que el país requiere urgentemente de varias reformas, a fondo, enérgicas, verdaderas. La laboral, la hacendaria o fiscal, la energética, la educativa, entre otras. Y para ello se requiere de contar con la mayoría del Congreso. 

El único obstáculo es que el PRI por sí solo no alcanza ni siquiera a la mayoría simple en la Cámara de Diputados. Para lograr un modesto 51 por ciento de los votos requiere de los diputados del “niño verde” y de los de “Nueva Alianza”. O sea que sin el apoyo de Elba Esther no llega a los 251 diputados. ¿Preferirá entonces  aliarse con el PAN, ahora enemistado con la Maestra? ¿Querrá hacerlo? ¿Tendrán estos diputados panistas –y sus dirigentes  visión de Estado y no de partido, como para que acepten aliarse con quienes los derrotaron? ¿Y que pedirían a cambio? ¿Chambas, puestos, que?

Esto no parece totalmente descabellado, toda vez que en el pasado ya se han unido para efectuar alianzas parlamentarias y conseguir la aprobación de algunas reformas importantes, aunque la mayoría siguen atoradas.

¿En ese caso cómo reaccionaría el PRD?  

¿Aliados con la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación), enemiga de Elba Esther, pero defensora a ultranza de los privilegios y las canonjías de los maestros más conservadores, enemigos de cualquier evaluación, de cualquier intento de mejorar la calidad de la educación, representará acaso un estorbo a cualquier reforma que permita mejorar el desempeño científico y tecnológico de nuestro país?

¿Aliados con el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), o lo que queda de éste, se opondrán a cualquier cambio tendiente a mejorar la brutal ineficiencia energética que padecemos y que ya se ha convertido en un lastre para el desarrollo nacional?

Porque el sindicato de Pemex, el Suterm y otros de los poderes fácticos tradicionalmente aliados del PRI seguramente lucharán contra cualquier reforma que los prive de sus privilegios. Y eso podría reducir aún más el número de votos necesario para cualquier cambio. A menos que alguno de los dos partidos, ahora en la oposición, se decidan a entrarle al toro.

Y que en ese “nuevo PRI” quieran, de verdad, salvar a un país que parece navegar a la deriva, sin rumbo, ni timonel.

Con los peores índices de distribución de la riqueza, con un rezago educativo que lo mantiene en los peores niveles de aprovechamiento, con un 40 por ciento de miserables, con un sistema de pensiones que está a punto de caer en una crisis de liquidez, en fin, un barco a la deriva y que hace agua por todas partes, a punto de hundirse en un embravecido mar de corrupción.

¿Quién será el, o los, valientes que se decidan a seguir el ejemplo de aquellos héroes que tanto ensalzan en sus discursos?

¿Aquellos que se encuentren decididos a arriesgar su futuro político inmediato, personal, por emprender los cambios que han prometido a sus electores?

¿Los hay?

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