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¿Y qué haremos después de que se acabe el mundo?

Por: Ramón Beltrán López

2012-12-18 04:00:00

Como suele suceder cada cierto tiempo hay grupos que aseguran que el mundo se acabará dentro de 3 días. Algunos, ahora en Argentina, están invitando a efectuar un suicidio colectivo antes de que esto suceda. Es decir, nos invitan a desperdiciar los pocos días, las pocas horas de vida que, según ellos, aún nos quedan.

Ya ha habido anteriormente grupos de “loquitos” que tras asegurar que vendrá el fin del mundo convencieron a sus seguidores de acabar voluntariamente con sus vidas. En Guyana se suicidaron los fieles seguidores de la secta del “Templo del Pueblo”, conducidos por Bill Jones, su guía espiritual, allá por 1978. Desde entonces ha transcurrido ya la friolera de 34 años. Y nada pasó. Excepto lo que les sucedió a ellos.

En 1993, en Texas, se suicidaron los Davidianos, convencidos por su líder David Koresh, en el rancho llamado por ellos Monte Carmelo. Casi 20 años hace.

Muchos episodios similares han habido durante los cuales el guía espiritual arrancó la vida de sus “fieles” para posteriormente privarse de la propia.

Para ellos se acabó el mundo, pero para todos los demás, aún existe.

Para los 20 niños y seis adultos asesinados en Midtown, Connecticut, EUA., la vida concluyó hace 5 días. Para los demás, aún continúa.

A ninguno de ellos, supongo, les relataron que hay quienes dicen haber interpretado los códices mayas y han descubierto que predijeron el fin del mundo en este año, para este mes, en el día 21 de diciembre. Y, además, de nada hubiera servido avisarles, porque de cualquier manera murieron antes de la fecha. De esa fecha tan temida por algunos.

Y los de Afganistán, los de Irak, los del Vietnam de hace 60 años, los de Angola, los del antiguo Congo Belga, los de Costa de Marfil, los de Siria, actualmente, o los millones de judíos asesinados durante la Segunda Guerra Mundial. Ejemplos sobran. Civiles asesinados sin deberla ni temerla, son, han sido y serán el pan nuestro de cada día en este mundo “civilizado”.

Y hasta donde estoy enterado, salvo que mi único lector me desmienta y demuestre lo contrario, nadie pronosticó alguna –ni una sola– de estas tragedias. Pero sucedieron. Y es que uno de los ejercicios más difíciles es pronosticar. Sobre todo cuando se trata del futuro. Pronosticar el pasado ya viene siendo una tarea mucho más fácil. Visto retrospectivamente podemos retorcer cualquier augurio, como los de Nostradamus, y acomodarlo a todo aquello que se nos pegue la gana.

¿Alguien pronosticó la destrucción de Hiroshima y Nagasaki?  Con sus cientos de miles, millones de muertos. Creo que no.

Muchos individuos ingenuos creen, algunos ciegamente, en aquellos que dicen adivinar el futuro. Como si el futuro existiera, como si fuera algo que se desenrollara como las viejas películas de celuloide, o que estuviera escrito en alguna parte y fuera, por ello, inmutable, imposible de cambiar.

¿Y si ese futuro es algo que ya está escrito y es imposible de cambiar, de qué sirve conocerlo por anticipado? ¿Solamente para sufrirlo a plenitud, más intensamente?

Porque si el futuro se puede pronosticar, se puede prever, entonces no es posible cambiarlo, ya está escrito, es inmutable. Y si es posible cambiarlo, una vez que nos lo han revelado, si podemos hacer algo por evitarlo, entonces no está escrito, no es inevitable, porque resulta que era uno,  antes de que fuera previsto y prevenido, y es otro después de esos hechos.

Así que solamente nos queda esperar el día 22 de diciembre y reírnos, carcajearnos con absoluta incredulidad si seguimos vivos. Y como en los casos anteriores, en los suicidios colectivos, olvidarnos del asunto… hasta la próxima.

Que no faltarán “videntes” que nos aseguren que en otra fecha, para la próxima, entonces si se acabará el mundo.

Y aquí seguiremos. O seguirán nuestros sucesores. O sus hijos, o sus nietos.

Y pronto, mientras más se acerque el fin de año aparecerán más, muchos más, de esos que lucran pronosticando lo que sucederá durante 2013. Aunque para febrero  o marzo ya nadie se acuerde de ellos ni de sus pronósticos.

Porque tampoco sucedió nada en el año 2000. No se preocupen. Son puros cuentos.

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