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Una tragedia y un sainete

Por: Horacio Reiba

2012-04-16 04:00:00

Livorno, puerto de la Toscana, ha sido un tradicional reducto antifascista. Famoso por la combatividad de sus sindicatos, Livorno tiene un club de futbol –de uniforme obviamente granate–, cuyos seguidores despliegan en las tribunas banderas con la efigie del Che y de Karl Marx al lado de las de los ídolos locales Cristiano Lucarelli –el último de ellos– y Picchi –histórico capitán del Inter de Helenio Herrera, bicampeón de Europa en los 60–. Allá recaló hace poco Piermario Morosini, futbolista de 25 años y muchos clubes, el último de los cuales, el Udinese, lo había prestado al Livorno, que hoy milita en la División B del calcio. El sábado, el Livorno visitaba al Pescara, y a los 31 minutos de juego, Morosini perdió el equilibrio y cayó arrodillado: tres veces intentó incorporarse sin que sus piernas le respondieran, y por último quedó tendido sobre el césped. Aunque acudieron en su auxilio las asistencias –incluso médicos que presenciaban el partido– no fue posible reanimarlo, y en un hospital cercano sólo pudieron certificar su muerte, que es la número 31 de un futbolista profesional desde 1990.

Hace pocas semanas, en Inglaterra, Muamba, delantero congolés del Bolton, salvó milagrosamente la vida porque, en un trance similar, se le aplicó a tiempo el desfibrilador cardíaco que deberían tener todos los estadios para emergencias de esta naturaleza. Tómese en cuenta que éstas son cada vez más frecuentes –el recuerdo de Toño de Nigris es inevitable– entre quienes se dedican profesionalmente a jugar futbol, un deporte cuyas exigencias físicas hace mucho rebasaron las de carácter técnico.

 

¡Que lo boten, que lo boten!

 

Así gritaba una pequeña multitud de hijos de exiliados cubanos frente a la sede de los Marlins de Miami, indignados por declaraciones del manager de esta novena de la ligas nacional. La tormenta se desató a raíz de que Oswaldo Ozzie Guillén, venezolano de origen y estadounidense desde sus días de brillante jugador de beisbol, hace ya un par de décadas, tuvo el mal tino de declarar su admiración por Fidel Castro, en entrevista publicada el último fin de semana en la revista Time; sus palabras sentaron como bomba, pues no por nada es Miami el baluarte oficial del anticastrismo militante.

Llegadas las cosas a ese punto, la directiva de los Marlins decidió castigar a su manager con cinco partidos de suspensión. Además, entre la cubanada y la patronal obligaron a Guillén a desdecirse públicamente de sus comprometedoras opiniones, pues ha llamado multiasesino y vergüenza del mundo libre y los latinos de EU a su hasta la víspera admirado comandante.

Y todo esto en el país que se considera a sí mismo campeón universal de las libertades y la democracia.

 

Final del efecto Cruyff

 

Patética la situación del Guadalajara –y de Jorge Vergara, pues se trata de entes intercambiables. Trajo a Cruyff como presunta solución desesperada a su pésimo inicio de campaña, a tono con un plantel flojísimo de futbol y de espíritu, y pareció que, al menos en lo anímico, la presencia del holandés obraba el milagro. Pero irse Johan y volver las Chivas a su nivel ha sido todo uno. Por lo pronto, a su derrota ante Tecos sumó enseguida la del clásico –el 0–1 le salió barato– y a media semana, antes de su caída ante Tigres, de la cual se puede responsabilizar en parte al arbitraje, abandonó la Copa Libertadores por la puerta de atrás, vencido por el Vélez en el Omnilife (0–2) en partido para el olvido.

De modo que entre el efecto Cruyff y su defecto –es decir, su ausencia posterior al capricho exhibicionista de Vergara–, el Guadalajara pasa por un periodo negro y sin visos de pronta mejoría.

 

Plusmarquistas y clásico

 

Mientras en la semana, que fue de jornadas dobles, prácticamente quedó definida la lucha por el título en las principales ligas europeas, el clásico español del sábado en el Camp Nou nos dirá si el Barça puede seguir aspirando al cetro o éste lo empuña en definitiva el Real Madrid, un interés añadido que ojalá no defraude la esperada cita entre las, hoy por hoy, mejores oncenas del futbol mundial.

La antesala no pudo ser más emocionante, pues si el miércoles los azulgranas redujeron por unas horas la diferencia de cuatro puntos entre ambos al disponer sin apuros del Getafe (4–0), sólo para que el Madrid, luego de sortear la incertidumbre de un empate en el segundo tiempo se deshiciera del Atlético por goleada (1–4, con tres de un desatado Cristiano Ronaldo), el sábado jugaron primero los merengues (y de nuevo vinieron de atrás para derrotar 3–1 en casa al Sporting de Gijón) y horas más tarde le tocaba al Barcelona remar a contracorriente, pues jugando en Valencia Levante lo aventajaba por un gol, y tuvo que ser Messi quien acudiera al rescate de los tres puntos, si bien su segundo gol se derivó de un penalti más que dudoso.

Pero la nota principal atañe al rubro goleadores, pues tanto el argentino como el portugués, empatados a 41 tantos en la disputa del Pichichi de este año, han dejado atrás la venerable marca de 38, firmada por Hugo Sánchez en la temporada 89–90, igualando lo que el viejo Zarra había conseguido 40 años atrás. 

Y aún le quedan cinco jornadas de liga a la pugna entre los dos extraterrestres.

 

Altas, bajas y

descenso definitivo

 

El Puebla empató en Zapopan el viernes (1–1 con Estudiantes), y el puntito compartido resultó insuficiente para ambos: a los Tecos no les evita el descenso, que la posterior victoria del Atlas terminaría sentenciando, y a la franja no le sirvió para ofrecer una cara mejor de la consabida, pues lo que ambos ofrecieron es futbol basura típico del campeonato mexicano.

Pero no todos están así de mal. América, más garra que futbol, tuvo con eso para deshacerse de un Santos bastante limitado (3–1 y calificación asegurada), Tigres, sin recobrarse del todo tras su derrota en el derby local, tuvo en el árbitro un aliado y en Chivas a un rival voluntarioso pero sin gol (2–1 en el Volcán); el Morelia se reivindicó –buena falta le hacía– a costillas del Pachuca, al que venció a domicilio (1–2), mismo resultado y efecto logrado ayer por el Cruz Azul en casa del decadente Toluca.

Ya se mencionó la victoria del Atlas que condenó a Primera A a los Tecos. Lo relevante es que la consiguiera sobre el Monterrey, que de ofrecer el mejor futbol del torneo pasó a convertirse en uno de tantos cuadritos tributarios del acarreo insustancial y el pelotazo sin destino. El solitario gol lo hizo Hugo Rodríguez a los 37’ y era apenas la segunda victoria en el torneo de los caóticos rojinegros.

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