Logo de La Jornada de Oriente
Cargando...

Tres dramas y un melodrama

Por: Horacio Reiba

2013-06-03 04:00:00

Ya nos maliciábamos, recordará usted que así cerraba Semanálisis la columna de hace siete días, que el Cruz Azul no estaba físicamente apto para soportar, si no el mejor futbol, sí la superior musculatura del América. Lo que quizá nadie imaginó fue que el equipo cementero se diluyera como terrón de azúcar bajo la lluvia, incapaz de sostener una ventaja de dos goles contra un cuadro diezmado –la expulsión de Molina sobreviene a los 14 minutos de juego y es reglamentariamente correcta–, lo cual convierte su histórico revés en un acto de justicia. De no mediar dos milagrosos goles de última hora, se habría coronado sin merecerlo, tras una exhibición vergonzosa. Y de ganar habría sido uno de los campeones más indignos que se recuerden.

Tanto que, si yo fuera el mandamás del cuadro del cemento, después de semejante demostración de desidia y ausencia de espíritu despediría a todo el plantel –empezando por el entrenador–, con la sola excepción de Jesús Corona y Gerardo Flores, los únicos que hicieron cuanto estaba en sus honestas capacidades para ganar esa final.

 

Explota el drama

 

Aparte del gol de Teófilo Gutiérrez, que luego se perdió otro –el del doble postazo– al no enterarse siquiera dónde quedó la bolita, la empapada parecía haber sido de balde. Para los seguidores de ambos bandos, tan maltratados unos como otros por un partidito en que  difícilmente se ligaban tres pases seguidos, la lluvia como pretexto. Pero de esa resignación vino a sacarlos, dentro del alud de córners que dio en ceder el Cruz Azul en el segundo tiempo, un cabezazo de Mosqueda que, mansamente, alojó el balón en la red cemetera. Era el minuto 89 y, al menos, no iba a salir limpio de ahí el desaprensivo cuadro celeste.

No se fue limpio, se fue derrotado. Moisés Muñoz, a todo o nada, llevaba ya par de minutos del descuento merodeando el área contraria sin que Cruz Azul acertase a alejarlo con algún amago de contragolpe cuando, a tiro de esquina lanzado por Sambueza, ensayó una palomita no muy cabal, que Corona se aprestaba a controlar cuando, torpemente, Alejandro Castro le desvió el balón con la rodilla y lo depositó en su propia meta. Así cayó, en medio de un escándalo mayúsculo –nadie en el Azteca permanecía en pie, la tribuna y la cancha trepidaban–, el tanto de la igualada a dos. El que garantizaba el alargue. Y, prácticamente, la victoria de las huestes del Piojo, concretada en unos penales que la gente del cemento afrontó con la misma resignada pasividad con que había mal gestionado antes una ventaja de dos goles que un rival diezmado, pero infinitamente más ambicioso, fue capaz de borrar y superar.

 

Colofón

 

Lo del América podrá parecer a muchos un mero golpe de suerte –y la caída del Cruz Azul un clavo más en la cruz que ha debido soportar durante tres lustros de frustraciones–, pero la realidad es que los de Coapa nunca dejaron de luchar, con pocas luces y un futbol casi cavernario, pero manteniendo vivo ese temperamento ambicioso y osado del que careció por completo el equipo de enfrente, empeñado en esconderse lo más atrás posible y regalarle la iniciativa a un rival que jugó durante más de hora y media –sumado el alargue– con un hombre menos.

 

Resaca de la resaca

 

Con el paso de los días, el delirio americanista, la tele a la cabeza, se ha desvanecido con la misma celeridad con que apareció. De todos modos, el lánguido futbol nacional estaba necesitado de una sacudida como la del domingo 26 en el Azteca, esa finalísima que nadie recordará por las excelencias del futbol exhibido por ambos –paupérrimo, verdaderamente–, pero sí por la voltereta de última hora, felizmente coronada por las Águilas con la conquista, en el desempate por penales (4–2), de lo que llaman ellos su undécimo título de liga, media corona en rigor, dado que corresponde a un minitorneo, equivalente a media liga y un pilón.

 

¡Qué lástima, Xolos…!

 

Quien a punto estuvo de concretar una hazaña mayor fue el equipo de Tijuana. Y nada menos que en Belo Horizonte, la casa de ese Atlético Mineiro que venía siendo la sensación en Sudamérica. Los xolotzcuintles tuvieron la gloria tan cerca como un penal en tiempo de descuento que se las habría abierto de par en par, pero que Duviel Riascos lanzó de la peor manera posible –al centro y a dos palmos del suelo– de modo que el arquero Víctor consiguió salvar su meta angustiosamente, estirando la pierna zurda a todo lo que daba y utilizando el pie para rechazar el balón.

Tijuana había enmudecido ya al estadio al abrir el marcador –esta vez Riascos no se equivocó, tomó de aire un centro de Aguilar y se la cruzó a Víctor al rincón opuesto en gran gesto técnico: un golazo (27’)–. Lo malo es que el Atlético les empató en un descuido, error de marcaje en un tiro libre lejano, desde la derecha, que lanzó Ronaldinho –su única intervención útil de la noche— para un remate fácil, toquecito raso, del defensa Réver (40’), que ni se tuvo que mover para conseguirlo.

Pero antes y después de eso, y sin olvidar alguna intervención meritoria de Cirilo Saucedo, el cuadro de Mohamed asustó de verdad a los 100 mil torcedores que llenaban el Mineirao produciendo, bajo la luz de las bengalas, un ruido ensordecedor. No sólo plantó cara al local con absoluta decisión –gran partido de Castillo, Pellerano, Aguilar, Arce, Riascos…– sino que pudo y debió ganar el encuentro. Poco antes del penal errado por el colombiano que jugó hace dos campañas en el Puebla, Fernando Arce había estremecido el travesaño de Víctor con un tiro libre al ángulo, soberbio de precisión y toque. Y en la jugada señalada por el juez chileno con la pena máxima, Aguilar se cruza astutamente delante del último defensa de modo que el puntapié que éste lanzaba lo alcanzase de lleno mientras el balón seguía de largo.

En el Mineirao, como en el Azteca, también hubo un penalti decisivo. Pero esta vez, el salvamento de Víctor Leandro obró en castigo de quien había merecido de sobra la victoria y el pase a semifinales. Para dimensionar adecuadamente el esfuerzo de la jauría fronteriza, recordemos que el Atlético Mineiro sigue siendo el principal candidato a campeonar en la actual Copa Libertadores.

 

En Rosario, otro

desempate con drama

 

Mineiro va a jugar la semifinal contra el Newells Old Boys de Rosario,  que eliminó desde los 11 pasos al Boca Juniors de Carlos Bianchi. Con mucho suspenso y tras una larga sesión de lanzamientos que concluyó 109. El tiempo normal de sus dos partidos, en cambio, había terminado 0–0. 180 minutos para el olvido.

Dilucidar el semifinalista de duelo tan insustancial requirió de nada menos que 26 lanzamientos. Demasiados, porque al fin y al cabo los decisivos iban a ser el primero –fallado por Riquelme por tirarlo al centro– y el último, excelentemente ejecutado por Maxi Rodríguez, el mismo que fulminó a México en Alemania 2006 mediante aquel anguladísimo remate de aire, bolea tan memorable para el mundo como infortunada para nosotros. 

Desde luego, los rosarinos, como los americanistas, tienen todo el derecho a sentirse en el éxtasis de felicidad, reyes del universo por un día. Lo cual tampoco oculta la realidad por la que pasa el futbol argentino, tan venido a menos que es hoy uno más entre tantos que navegan en el mar de mediocridad de los minitorneos. Si sus clubes siguen exportando obsesivamente, ellos y los ingenuos compradores lo hacen ya por inercia, no por calidad.

 

El Tri, en capilla

 

Resumen de medio 2013 para la Selección mayor: seis partidos jugados y seis empates; y de los cinco goles convertidos, cuatro de Javier Hernández. Sin comentarios.

El partido del viernes en Houston contra Nigeria, vigente campeón de la Copa África, ha sido probablemente la mejor demostración del Tri durante el año. Los nigerianos, faltos de condición, se desfondaron por completo en el segundo tiempo, y México, jugando con 10 tras la expulsión de Barrera –su mano en la línea costó la roja correspondiente y el penal del empate a uno (Brown, 29’)– hizo un buen esfuerzo aunque sólo alcanzara para el empate, sumado a los dos tantos del Chicharito (21’y 70’, en posible fuera de juego) el autogol de Torrado a los 39’. Importa sin embargo la mejoría, de cara a la semana que se nos viene encima.

Semana mundialista, con nueve puntos fundamentales en litigio y dos visitas no fáciles pero sí asequibles –mañana a Kingston, contra Jamaica, y el viernes a Panamá contra los canaleros–, además de la visita de Costa Rica al Azteca –el martes 11– que por supuesto debe ganarse.

 

Gio y el melodrama

 

Clamorosa controversia entre el Real Mallorca y la Femexfut, que reclamaba la presencia de Giovani dos Santos en Houston y sólo obtuvo calabazas a cambio, porque el Mallorca, con el apoyo de su federación, retuvo al regiomontano para su decisivo encuentro del sábado contra Valladolid, última jornada de la liga hispana y postrera esperanza del equipo bermellón para eludir el descenso.

Los mallorquines, jugando en casa, vencieron 4–2 al Valladolid, con Gio como piloto y autor de una de las anotaciones. Victoria pírrica, porque de todos modos cayeron a Segunda, junto con Deportivo la Coruña y Zaragoza. Recordemos que allá –y donde quiera que el futbol se juegue en serio– son tres los coleros que descienden al concluir un campeonato de liga íntegro, con sus 38 jornadas a visita recíproca y sin pilones para consumo televisivo. 

De cualquier forma, en el país del melodrama, la telenovela está servida: si razonable era que el Mallorca retuviese a su mediocampista, abocado como estaba a una jornada crucial, mientras en Houston nada importante se jugaba, ahora lo procedente es que Giovani se incorpore a toda prisa al Tri para los partidos eliminatorios en puerta y no hasta la Copa Confederaciones, a mediados de este mes, como alegan neciamente los españoles.

Veremos en qué termina el artificioso culebrón.

Share
La Jornada
Nacional Michoacan
Aguascalientes Guerrero
San Luis Veracruz
Jalisco Morelos
Zacatecas  
Tematicas
Defraudados Izquierda
AMLO Precandidatos 2012
Servicios Generales
Publicidad
Contacto
© Derechos Reservados, 2013. Sierra Nevada Comunicaciones S.A. de C.V.