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Semana inglesa, de Silvertone a Wimbledon

Por: Horacio Reiba

2012-07-09 04:00:00

Inglaterra es la cuna del deporte moderno, ése que hoy mueve dinero a manos llenas y tuvo su origen en los colegios de élite del imperio británico justo cuando éste dominaba mar y tierra y la modernidad iniciaban su larga embestida contra usos y costumbres ancestrales. Fértil en tradiciones, cultivadas con un esmero casi maniático, la Inglaterra victoriana ofrecía al mundo un puñado de prácticas deportivas minuciosamente reguladas y especializadas, en correspondencia al orgullo de clase de los jóvenes aristócratas que les dieron nacimiento, nombre y forma. Así surgieron el cricket, el rugby, el futbol, el golf y el tenis. Y, con el paso del tiempo y la tecnología, las carreras de autos. Vendría luego la consagración de esos enclaves míticos que son Wimbledon, Wembley y Silverstone. Sitios cuya magia empieza por el nombre, que nada más aflorar ya está invitándonos a desglosar historias cargadas de solera.

Un nuevo capítulo de dos de ellas fue rubricado ayer para contento de los seguidores del tenis y la Fórmula 1. En la cancha central de Wimbledon, el abierto celebraba la final masculina con un británico como postulante, algo que no ocurría desde 1936. A unos kilómetros de ahí, en Silverstone, el GP británico acababa de concluir con amenaza de lluvia, una nítida victoria del australiano Mark Webber y la contrariedad del tapatío Sergio Pérez, marginado de la carrera por una torpe maniobra de Pastor Maldonado. Ahí mismo, la víspera, Esteban Gutiérrez había ganado la carrera de GP2 y el himno mexicano puso a vibrar el aire londinense.

 

En Silverstone

domina Red Bull

 

La escudería del toro escarlata –no confundir con los sanfermines, que Pamplona celebra por estos días– colocó a sus pilotos en primero y tercer lugar, Webber por arriba y Vettel a su izquierda en el podio. Y entreverado, Fernando Alonso, que está dando cátedra de manejo  a pesar de las limitaciones de su Ferrari. Por eso continúa puntero en la tabla, aunque ayer haya cedido, a falta de tres giros, al empuje del piloto australiano, cuya estrategia de cambiar a neumáticos duros cuando restaban aún un tercio de carrera funcionó de maravilla. Antes, en el giro 19, Hamilton había dado una alegría fugaz a la multitud de paisanos que lo alentaba disputando rueda a rueda con el asturiano un primer puesto del que terminaría muy lejos, en octavo.

El percance que mandó al Checo a la cuneta fue todo responsabilidad del venezolano de Williams, quien a punto de ser rebasado en una curva a la izquierda, lanzó su coche contra el Sauber, lo enganchó lateralmente mientras derrapaba y lo lanzó al pasto con el eje y el alerón averiados. Furioso, nuestro paisano denunció al micrófono la maniobra de Maldonado, que se está volviendo cliente favorito del comisariado de la F–1, encargado de sancionar este tipo de imprudencias.

 

Federer agranda su historia

 

Ya era Roger Federer el mayor tenista de la época y uno de los mejores desde que existe este deporte cuando topó con Novak Djokovic en la semifinal dell miércoles. Iba el serbio de número uno pero el suizo lo desplazó sin miramientos: 6–3, 3–6, 6–4, 6–3. Lejos quedaba la sorprendente derrota de Nadal, el otro favorito, en segunda ronda y ante un desconocido checo que luego duró menos que un suspiro.

Como lo inesperado también es allí tradición, un escocés, Andy Murray, apoyado en su devastador saque cruzado, se había convertido en el primer británico finalista en singles masculinos desde 1936. ¿Coronaría su hazaña con un título que, al empezar el torneo, no estaba en las previsiones de nadie? Arropado por su público le ganó a Federer el primer set (64) y puso muy caro el segundo, finalmente ganado 7–5 por el suizo, que luego fue imponiendo su superior experiencia y clase al empuje del escocés. La clave estuvo en el sexto juego del tercer set, con Federer adelante 3–2 y Murray al saque: el partido había estado suspendido durante la media hora necesaria para proteger el césped del aguacero y cerrar el techo corredizo, y el intercambio de golpes, que duró arriba de 20 minutos, fue un alarde de clase e imaginación por ambas partes y tuvo una emoción que levantó continuas ovaciones antes de que Roger le rompiera el saque al local para enfilar directamente a la victoria.

Roger Federer ganó Wimbledon por séptima vez, una victoria que hace el número 15 de su dilatada colección en torneos de grand slam.

 

Cotinthians, ganador

de la Libertadores

 

Por tercer año consecutivo se coronó un equipo brasileño. Pero a diferencia de cualquiera de sus antecesores, Coronthians era finalista por primera vez, situación algo extraña dado que en Sao Paulo es el club popular por excelencia. Como se recordará, el encuentro de ida terminó empatado a uno. Y el miércoles en Pacaembú, la primera parte  ofreció pocas variantes, pues transcurrió tensa y sin que se abriera el marcador. El timao se mantenía arropado y el Boca se concretaba a sobrellevarlo, carente de la arrogancia y fuerza mental de otras ocasiones. Así hasta el minuto 53, cuando llegó la hora de Emerson: Alex cobra un tiro libre desde la derecha y, en el barullo del área, Danilo acertó a tocar de inglesa para el moreno atacante, que no lo pensó dos veces para fusilar a Sosa, quien acababa de reemplazar al lesionado Orión.

Ninguna culpa tuvo el guardameta suplente por ese gol ni tampoco del segundo, atribuible a un exceso de confianza de Schiavi, que jugó lateralmente el balón sin tomar en cuenta la cercanía del ubicuo Emerson, quien terminó por morder su erróneo pase para fugarse rumbo al gol y esquinar su remate a la salida del portero. Iban 72 minutos y acaba Boca de desperdiciar su única aproximación del partido, un frentazo cercano de Caruzzo al que respondió Casio con vistosa atajada. Resultado justo: Corinthians, cuadro poco vistoso, ofreció siempre más solidez y tuvo los mejores hombres, mal replicado por un Boca sin inspiración ni gente con capacidad para revertir el daño, y que se dejó arrastrar al abismo casi resignadamente. Raro en ellos, pero así fue.

Con el triunfo del timao sube a nueve el número de clubes brasileños alguna vez ganadores de la Copa: sus 16 títulos los encabezan Santos y Sao Paulo, que se coronaron cada cual tres veces por dos de Cruzeiro, Gremio e Internacional y una de Palmeiras, Vasco da Gama y Flamengo. Máximo ganador sigue siendo Argentina, con 22 títulos y el club líder del certamen (Independiente, con 7 conquistas), cifra que pudo alcanzar Boca si hubiera ganado esta final. Lejos quedan las ocho copas con que brindaron los otrora poderosos uruguayos (cinco victorias de Peñarol y tres de Nacional, la última de ellas aurinegra y hace ya 25 años) y las tres del Olimpia de Paraguay. El resto fueron éxitos aislados y marginales de equipo de Colombia (Nacional y Once Caldas), Chile (Colo Colo) y Ecuador (LDUQ). Van, en total, 53 versiones del histórico torneo hoy desdeñado por los Decios simplemente porque Televisa no posee los derechos de transmisión.

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