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Paraolímpicos y fecha FIFA

Por: Horacio Reiba

2012-09-10 04:00:00

En un siglo en que la palabra “deporte” se vincula espontáneamente a la avidez económica y el espíritu mercenario, cuando no a la corrupción y el dopaje, resaltar el valor de las competencias paraolímpicas es hacer referencia a una invaluable reserva humana, la última que va quedando dentro de un mundo ganado por la opacidad ética que ya ni siquiera es capaz de ofrecer a cambio un brillo estético cada día más escaso, pues la dependencia de la tecnología, los programas exhaustivos de preparación y el culto a la fuerza bruta se convirtieron ya en los argumentos con mayor presencia y peso dentro del terreno de juego, cualquiera que éste sea. Por no hablar  de esos entretelones donde se tejen contratos fabulosos y alianzas inconfesables.

Así las cosas, los medios de comunicación en general nos deben una cobertura más abundante y auténtica de esas competencias, aparentemente desprovistas de glamour, que hoy día representan lo mejor y más limpio del deporte bien entendido. Es decir, ligado a esa raíz humana donde sueños y sentimientos terminan por volverse –que es lo difícil– esfuerzo constante y sed de vuelo en libertad. En ese sentido no hay por ahora mejores ejemplos que los que proporcionan, con su vida toda y su tenacidad cotidiana, plantando cara a la adversidad y apostando de firme a sus aspiraciones más caras y difíciles, los atletas que ahora mismo están dirimiendo en Londres no una competencia deportiva más, sino probablemente la que los proyectará no a la riqueza material y la zalamera fama, sino al autoconocimiento profundo y la seguridad del propio valer,  en unas condiciones de desventaja que sin embargo no los derrotaron. Al derecho que tenemos todos de sentirnos vivos y valiosos y capaces de trascender.

Ni qué decir tiene que tenemos que sentirnos orgullosos de que, como cada cuatro años –como las 24 horas de cada día– los atletas que representan a México en estos juegos ejemplares están cosechando preseas, cuyo mérito no puede ni debe medirse en cantidad sino en calidad. Calidad deportiva, calidad personal, calidad humana.     

 

Una fecha FIFA más

 

Las fechas FIFA fueron ideadas por Zürich para movilizar dinero e escala internacional –vía, sobre todo, televisión– con toda clase de competencias y eliminatorias como pretexto. Curiosamente, el aficionado las ve con creciente despego, vista la pobreza del juego ofrecido por miríadas de seleccionados reunidos al vapor y abocados, como es natural, más que nada a tareas defensivas propias de bomberos, cosa, por otro lado, perfectamente comprensible.

De este modo, el televidente está condenado bien a presenciar goleadas sin sentido –España 6, Arabia Saudita 0; Moldavia 0, Inglaterra 5 y desaguisados parecidos–, o bien a bostezar a mandíbula batiente mientras supuestas potencias y evidentes medianías luchan por conservar indemne la virginidad de su marco. De hecho, y a salvo dos o tres pinceladas de Lio Messi (Argentina 3, Paraguay 1), el único partido realmente disfrutable de la semana consistió en un recital de futbol netamente sudamericano, ofrecido por Colombia en Barranquilla y padecido por una celeste uruguaya apabullada por el calor tropical y por esa inspiración que de vez en cuando les brota a los colombianos. Pero que, cuando llega, es capaz de espectáculos y victorias tan inolvidables como aquel 0–5 en el estadio de River, sobre los ches (eliminatoria para EU 94). Dirán los charrúas que, después de todo, a ellos no les fue tan mal, pues la Colombia de nuestros días, muy bien dirigida por Pekerman, no pasó esta vez del 4–0. Goles de Falcao, Teófilo Gutiérrez dos veces y por último Zúñiga.    

Mas si Colombia ofreció el viernes su mejor cara, el anfitrión del mundial próximo tiene motivos para preocuparse. Jugando en Sao Paulo, Brasil sólo fue capaz de hacerle a Sudáfrica un solitario gol, obra de Hulk, el mismo que le anotó a México en la final olímpica de Wembley.  Es de imaginar la rechifla con que los despidió un público poco numeroso, pero no por ello menos defraudado.

 

Demasiado sencillo

 

Ante un equipo tico demasiado ofuscado y fuera de control, como acomplejado incluso, el Tri se paseó por San José sin prisas ni problemas, hizo lo que había que hacer y se trajo una victoria por 0–2 en que los goles cayeron con la naturalidad de la fruta madura. De la Torre, que había puesto sobre el campo a ocho de los flamantes medallistas olímpicos, probó a jugar con dos nueves, pero el Chícharo y Oribe no pasaron de discretos. El resto del equipo, en cambio, se movió con perfecta sincronía, bien apuntalado por Guardado sobre la izquierda y el Maza como patrón del cuadro bajo. Los locales se concretaban a espantarles las moscas, y salvo ciertos excesos de Brian Ruiz sobre la escurridiza persona del oaxaqueño Aquino, el resto de la banda costarricense sólo mostró desorientación palpable y un respeto casi reverente hacia los aztecas, que movían balón a placer y supieron acertar a puerta en el momento preciso. A través de Salcido primero (’43) y con el lujo de una preciosa raspada de aire por Jesús Zabala sobre un balón procedente de un corner desde la derecha.

Que el doble pivote ofensivo se haya ido en blanco mientras los tantos los marcaban hombres de retaguardia habla de la buena sincronización y el trabajo de equipo que tuvo México, en contraste con la inoperancia, devenida finalmente impotencia, que caracterizó al cuadro tico.

De acuerdo con el calendario de una ronda premundialista que el Tri encabeza con suma comodidad (9 unidades por 4 de Costa Rica, 2 de El Salvador y 1 de Guyana: los dos primeros califican al hexagonal definitorio de los tres que irán directamente a Brasil 2014), ambos vuelven a medirse, mañana, en el Azteca.

 

En Monza, Përez

hace historia grande

 

Hasta Nikki Lauda, piloto legendario donde los haya, se quitó la gorra ante el Checo, en pleno podio y cuando se disponía a entrevistarlo para conocer su punto de vista acerca de lo que acababa de ocurrir. Y lo que ocurrió fue que el tapatío había hecho volar a su Sauber sobre el histórico trazado italiano para, en apenas doce vueltas, recuperar seis lugares y amenazar el inconmovible liderato de Lewis Hamilton. Afortunadamenbte para Hamilton, la carrera no duró cinco vueltas más, porque el mexicano le estaba descontando un segundo por giro y la bandera a cuadros llegó cuando la ventaja del líder se había recortado a poco más de tres. Atrás de Checo, que arribó segundo luego de romper varias veces el récord del circuito, entró Fernando Alonso, que se afianza a la cabeza del campeonato, favorecido por una sucesión de abandonos de quienes ocupan puestos inmediatos al suyo (Button, Vettel, Webber…). Había arrancado décimo y no pudo ocultar cuanto lo halagaba haber logrado subir al podio italiano. Un podio que reivindicaba a los tres principales damnificados por el impresionante choque múltiple de una semana atrás, en Bélgica. Y que establece, para lo que resta del año, el muy apetecible duelo Alonso–Hamilton como la más probable opción al título.

Pero lo del tapatío fue consagratorio.  A una jornada de clasificaciones floja –arrancó en decimosegunda posición– respondió con una carrera perfecta. Como estrategia –su única parada en pits la hizo a la altura de la vuelta 30, sacrificando un segundo lugar conquistado a pulso pero sabedor de que, una vez hecho el cambio a neumáticos más blandos, su oportunidad de podio se fortalecería. Y, sobre todo, ofreciendo, antes y después de parar, una auténtica lección de manejo. Sin fisura alguna. Armonizando destreza, precisión y arrojo con una sangre fría de veterano, algo impropio de quien no completa aún su segundo año como piloto.  Sus sucesivos rebases sobre Vettel, Schumacher, Massa y Alonso lo acreditan como tal.

Éste fue orden de llegada del GP italiano, histórico ya para Pérez y el automovilismo mexicano: Hamilton (McLaren),  Pérez (Sauber), Alonso (Ferrari), Massa (Ferrari), Räikkönen (Lotus), Schumacher (Mercedes). Y la lucha por el campeonato la sigue encabezando Alonso (179 puntos), seguido por Hamilton (142), Räikkönen (141), Vettel (140) y Webber (131; Checo Pérez va noveno con 65 unidades, pero la suya es una apuesta de futuro. La más alta, sin duda, de toda la F–1.

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