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Muchas testas coronadas

Por: Horacio Reiba

2012-05-21 04:00:00

El sábado anterior volvía a Primera el León, y el pasado era turno de la Champions, cuya final se disputó en Munich, con el Allianze Arena totalmente colmado de público y más tarde inundado de tristeza ante el fracaso del Bayern, al que un Chelsea sobrado de oficio supo aguantar, patiatar y finalmente derrotar en la tanda de penaltis tras 120 minutos de áspera disputa.

Dos veces se había sentido vencedor el cuadro de casa y de ambas se levantó la perseverante escuadra londinense, armada en torno al experto pie veterano integrado por Peter Cech –que les detuvo sendos penales a Robben, en el alargue, y a  Olic en la serie final  (el decisivo lo estrellaría en el poste Schweinsteiger)–, Ashley Cole –impasable por su banda e impecable en cada cierre–, Frank Lampard –que cubrió con criterio y coraje irreductibles el medio campo– y, sobre todo, Didier Drogba, emblema y héroe de los blues  lo mismo al batir a Neuer con un frentazo sólido y esquinado como remate del único corner de su equipo –faltaban dos minutos para los 90, y hacía cinco que Muller había dado ventaja a los suyos–, que al colocar fría y magistralmente en la red lateral derecha el lanzamiento definitivo, lo que permitiría al capitán Terry –suspendido– levantar la orejona, que el Chelsea conquistaba por primera vez. 

Empero, esta victoria indiscutible admite una doble interpretación: si bien premia la tenacidad de los de Di Matteo, no deja de representar un serio revés para los amantes del futbol arte, cuyo máximo exponente es el derrocado Barcelona, víctima en semifinales de, precisamente, el flamante campeón. Selló, además, una velada  con más emociones en la grada que en el campo.

 

12 finales ganadas

 

Mientras el Bayern Munich revivió el drama de 1999 en el Camp Nou, cuando otro inglés, el ManU, le sacó en el descuento un partido que los bávaros dominaron de principio a fin y ganaban 1–0, el inesperado éxito del Chelsea supone la  conquista número 12 de la Copa por clubes ingleses. Encabeza la lista triunfadora el Liverpool (con cinco), y le siguen el United (tres), el Nottingham Forest (dos) y con una victoria Aston Villa y ahora Chelsea.

Como máximo ganador de la Copa figura aún el futbol español (nueve veces campeón con el Madrid y cuatro con el Barça), seguido de Italia (12 en total), Alemania (seis, entre ellas cuatro del Bayern), Holanda (seis), Portugal (cuatro) y con un trofeo Escocia, Rumania, Francia y la antigua Yugoeslavia.

 

El Momento de Oribe, la inercia del Monterrey. Oribe Peralta

 

Para quitarse el sombrero. Mexicano y sin embargo fuerte de cuerpo y espíritu. Delantero centro y sin embargo excelso media punta. Lejos de los reflectores capitalinos y sin embargo el hombre del día. El “Cepillo” Peralta viene de clavar tres goles de antología que pusieron a su equipo –un equipo incierto, desigual– al cabo de la gloria. Si la alcanzó o no, depende de lo que haya sucedido anoche mismo, después de redactadas estas líneas. Pero es muy difícil que alguien le arrebate a Oribe el papel estrella de esta liguilla. Se lo ganó a pulso con los goles que sepultaron las aspiraciones de Tigres –colosal el cabezazo del minuto 87, contundente el remate de zurda que fulminó a Palos 120 segundos después, a sendos servicios de Carlos Darwin Quintero. Antes, solo Tigres, en el control del partido desde que Mancilla convirtió un gol tempranero, seguido de otro más cuando aún no terminaba el primer tiempo.

Por temperamento, por talento, por carácter, Oribe Peralta sepultó en dos minutos la larga superioridad del campeón saliente, que erró el tiro de gracia varias veces –¡aquel espinillazo de Lobos, primero al poste, luego al regazo de Oswaldo!– antes de que el “Cepillo” cazara los medidos envíos de Darwin con testa y empeine maestros. Un empate a dos que rubricó el descarte de los de Tuca y fue para el Santos música celestial, la antesala del título.

 

El otro empate

 

Faltaba lo mejor: el largo envío de Closas –gran partido el suyo–, magistralmente amortiguado por Peralta con Basanta encima, su medio giro bajo vigilancia del argentino, y el instantáneo zurdazo alto, acompañado por el estéril el vuelo de Jonathan. El jueves, en el Tec, habría sido Santos un justo vencedor de no mediar el penal de Baloy, bien marcado por Mauricio Morales y enviado a la red por Suazo en su único acierto de la noche. Dudosa, en cambio, la anulación del testarazo del panameño que habría puesto en ventaja a los Guerreros. Queda por aclarar si su empellón a Orozco fue anterior o posterior al lanzamiento del tiro de esquina.

 Monterrey, que debió perder en casa, puede ganar en la ajena. No será fácil, sin embargo. Como equipo, me sigue pareciendo mejor armado y dirigido, pese a su floja actuación en la ida. Pero para levantar el cetro tendrá que poderle al Santos en su propio santuario. Y, sobre todo, encontrar la forma de anular a Oribe Peralta, el nombre más milagroso del futbolero santoral.

 

Testas coronadas

 

El cierre de la temporada europea trajo varios sucesos. En lo emocional, la coronación del Manchester City, revirtiendo la fatalidad de un adverso destino con dos goles en tiempo de descuento. De cara a lo insólito, los 100 puntos acumulados por el Real Madrid en la liga de España, récord absoluto, como lo fueron también, ahí mismo, los 50 goles de Lionel Messi que no evitaron la declinación del Barça ni la renuncia de Pep Guardiola. Otra marca de importancia estableció Juventus al coronarse campeón invicto en el viejo calcio, donde los inacabables juicios por corrupción acaban de abrir un nuevo capítulo. Y además de perder la orejona, el Bayern Munich cedió su título de la Bundesliga al mismo Borussia Dormund que, en la final copera del domingo pasado, vapuleó severamente a los bávaros con música de 5 a 2, tres de ellos anotados por el polaco Lewandoski, goleador del año en Alemania por encima del 9 del Bayern Mario Gómez,  un tenue, inocuo fantasma en la final de la Champions.

Más campeones: el Gasatalay en Turquía –donde la noche del partido decisivo la Policía cargó violentamente contra la hinchada del Fenerbahçe–, el Ajax en Holanda y  el Porto en Portugal.

 

Submarino

amarillo, a pique

 

En la otra punta de las tablas europeas, los descensos y su drama. Particularmente desdichada la caída del Villarreal, un club modesto que se tuteó por 12 años con lo mejor de la liga española. El año pasado aún se calificaba para la Champions –donde fue semifinalista en 2005–2006, con Riquelme y Forlán en sus filas y al timón el ingeniero Pellegrini–, pero el domingo anterior una infortunada carambola de última hora lo arrojaba a Segunda División, pues si un gol de Falcao a los 88 sellaba su derrota ante el Atlético, en Vallecas otro de Tamudo, en tiempo de descuento, salvó de milagro la permanencia del Rayo local.

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