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Llover sobre mojado

Por: Horacio Reiba

2012-05-14 04:00:00

 

Partidos bajo la lluvia y sobre el fango suele haber muchos en campos del hemisferio norte, pero en México son más bien raros. Si me limito a la memoria propia y la sitúo en el Cuauhtémoc, puedo revivir como si hubiesen sido ayer un Brasil–Nigeria olímpico en el 68 (3–3: partidazo), el choque rioplantense de octavos entre Argentina y Uruguay en México 86 (lo que cayó sobre Maradona y los demás fue una verdadera tromba llegada desde La Malinche) y dos nocturnos de liguilla que el Puebla no pudo ganar: la semifinal contra Pumas de 1991 (0–2, goles de Aspe que prácticamente le arrebataron a la Franja su título de la liga anterior) y una final sin goles contra el León, que de la mano de Vucetich terminaría coronándose en su cueva. Aguaceros formidables que el drenaje del Cuauhtémoc –impecable en esos años– absorbió sin problemas. 
Me removió tan húmedos recuerdos el partido del sábado en el Tec, con jugadores y árbitros bajo una tupida ducha que los hacía escurrir agua a cántaros cuando aún no había rodado el balón. Imposible buscar, según frase trillada, un equipo “mejor parado” sobre la cancha, pues aquello era un chapoteadero, ideal para resbalar y zambullirse, no para practicar el futbol. Con todo, la Pandilla –con dos oportunos goles de cabeza, de Basanta y De Nigris—hizo valer la capacidad estructural, técnica y táctica que todo mundo le reconoce. 
La otra semifinal, cuyo resultado ignoro, luce mucho más pareja. Pero sin menoscabo de la neta superioridad rayada, lo que no significa que Monterrey, aun con Vucetich, sea seguro ganador.
 
Hitchcock redivivo
 
Manchester City hizo bueno el pronóstico y se coronó en Inglaterra. Al United no le sirvió ganarle al Sunderland para igualar el puntaje ciudadano (89) porque su número de anotaciones es inferior y la vigente reglamentación es clara en ese sentido. Lo que se saltó las reglas y los cálculos más atrevidos fue el desenlace. No en Sunderland (1–0, que Rooney fabricó desde el minuto 20) sino en la sede del nuevo campeón, que recibía al colero Queen Park Rangers. Imagine usted este escenario: se cumplen ya los 90 minutos y QPR, en inferioridad numérica por expulsión de su capitán, gana 2–1. No sólo está burlando el descenso, de paso va a arrebatarle el título presentido al City para ponerlo en manos del United. Estupor y lágrimas enmarcan, desde el graderío, la insistencia ofensiva de los jugadores celestes, presas ya de visible desánimo.
Y en eso, cuando ya nadie lo espera, a los 92 de juego y en un córner de tantos, llega el gol del empate. Pero no servirá de mucho: el City necesita la victoria para coronarse. Y a los 94, Balotelli alcanza a puntear desde el piso un balón en el barullo del área, el Kun Agüero se lo lleva, evitando una última barrida, y se apresta a fusilar al arquero –héroe del QPR hasta ese momento– para marcar el tanto ganador y transportar del infierno a la gloria a esa muchedumbre vestida de azul celeste que más tarde invadirá la cancha sin conseguir que su júbilo explote hasta después de muchos minutos de taciturna celebración. El City ganó su última liga en 1968.
 
Desastre consumado
 
En Asunción, el Cruz Azul dijo adiós a la Libertadores. Igual que Enrique Meza, quien tras lograr absolutamente nada en tres años al timón cementero recibió el mismo martes el portazo correspondiente. Bastaron dos tempraneros testarazos –uno en cada tiempo– para que el Libertad, un equipo sin figuras pero con estructura, los eliminara (3–1 en el global), luego de convertir al arquero cruzazulino en el hombre de la noche.
Lamentable la participación del futbol mexicano en esta versión de la Copa, pues el cemento apenas resistió un poco más que las Chivas, arrolladas en la ronda de grupos, y los Tigres de Ferretti, que prefirió entregar las armas sin pelear desde la fase preliminar.  Si luego salen por ahí con que ése no es el nivel real del futbol mexicano habrá que remitirlos a la liguilla actual –se presume que accedieron los cuatro mejores, pero eso no ha evitado el baño de mediocridad que soportamos durante la semana. O recordarles la clase de dirigencias que Chivas y cementeros se gastan: un prepotente que es la frivolidad encarnada y una pareja de hermanos en descompuesto jaloneo por el poder que se prolonga ya por varios años.
 
Goleadas sacuden
Sudamérica
 
Semana de palizas en la Libertadores, menos esperadas por cuanto se supone que a octavos acceden equipos fuertes. Pero todo es relativo, como comprobaron los bolivianos del Bolívar: visitaban al Santos con ventaja de 2–1 y salieron de Vila Belmiro bajo el peso de un 8–0 (de Neymar par de ellos) que suena a marcador de otros tiempos. Y para no ser menos, el Nacional de Quito, el mismo que apaleó al Guadalajara para apearlo de la competencia, llegó a Santiago como favorito (en la ida había cobrado ventaja de 4–1 sobre la U de Chile), y salió como gato escaldado luego de un 6–0 para contarlo a los nietos. Los chilenos jugaron por nota y los ecuatorianos, muy mal dirigidos por Carlos Ischia, ni las manos metieron.
Otros clasificados a los cuartos de final son Boca Jrs., Vélez Sársfield, Vasco da Gama, Fluminense, Corinthians y, tras despacharse al Cruz Azul, el paraguayo Libertad.      
 
Aúpa Aleti
 
Muy felices se las prometían los leones vascos –sobre todo desde que tan espectacularmente batieron al ManU– y he aquí que la final de la Europa League fue toda del Atlético de Madrid. Atenazados los de Bielsa por la responsabilidad, golpeados desde el principio por un primoroso gol de Radamel Falcao y absorbidos sus tímidos ataques por una defensa bien ordenada y un medio campo colosal –el contencioso Mario Suárez como la gran revelación–, nunca pusieron en peligro la superioridad del caganchesco once madrileño, que terminó redondeando un 3–0 concluyente, y consagrando al colombiano Falcao –autor de dos goles– como la figura más codiciada del verano para las chequeras gordas del Viejo Continente. Otro que brilló, dentro de un equipo sin puntos bajos, fue el organizador brasileño Diego, que bailó a media defensa bilbaína antes de estampar su rúbrica en el marcador. Y cabe a Diego Simoes la gloria de haberle dado una lección a su maestro, es verdad que apoyado en un equipo que estaba viviendo su noche de cuento de hadas.
Más le dolió la derrota al Athlétic porque nunca había sentido tan cercano un título europeo: su única final fue en la Copa UEFA de 1977, y Juventus los venció con 2–2 global y gol de visitante. Atlético, en cambio, lleva ya cuatro conquistados, el último en este mismo torneo con su 2–1 de 2010 sobre el Fulham inglés.
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