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Discordias políticas en el Azteca

Por: Horacio Reiba

2012-06-11 04:00:00

El viernes iniciaba México las eliminatorias rumbo a Brasil 2014. Con horas de anticipación, había ocupado sitio en las gradas una vocinglera y variopinta multitud, que viajó especialmente desde estados gobernados por el PRI, gente del campo y barrios marginales, carne del desempleo y el comercio informal. Ergo, acarreados. Su misión, lucir playeras y pancartas y gritar consignas en favor de su candidato presidencial. Prácticas dinosáuricas trasladadas a la era Terminator.

No contaban con que grupos con inferiores recursos escénicos pero movidos por pasiones similares iban a hacer su aparición poco antes del silbatazo inicial. Los identificaba, entre otros enseres menores, una gran camiseta verde con la leyenda México #132, extendida en una tribuna alta. Y el estadio que alguna vez vibró entre vítores al Halcón Peña –capitán del Tri y autor del tanto de la calificación a cuartos de final en México 70– iba a estremecerse con coros y arengas claramente contrarias al Peña de estos tiempos, en respuesta a porras y gritos a la carta que la sumisa peña de acarreados se veía precisada a proferir como justificación del viaje y el boleto gratuitos. Como no podía ser menos, hubo serios conatos de enfrentamiento y, por primera vez en su historia, el Azteca estuvo al borde del motín, con grave riesgo de muchas familias de simples aficionados y de los jóvenes partidarios de #YoSoy132 que, en pequeños grupos, coincidieron a la salida con masas de acarreados, depositados en aquel polvorín por la irresponsabilidad e insidia de los operadores políticos de su partido.

 

El otro partido

 

México, que venía de derrotar a Brasil por décima vez en la historia, ofreció una floja sesión de entrenamiento contra Guyana, que de sentirse nada como adversario –era tal su pánico que al principio reventaban sin más cuanto balón quedaba al alcance de sus botines– de a poco se fue animando, hasta reducir a un discreto 3–1 la inevitable derrota.

Evidentemente no era una noche propicia al buen futbol, y habrá que esperar mejores ocasiones para medir el potencial del equipo del Chepo. Que si en algo logró unificarse tribuna tan dividida fue en el abucheo con que tirios y troyanos acompañaron su retirada al vestidor tras 90 minutos para el olvido. Por puro rigor estadístico, apúntese como anotadores a Salcido, Giovani y el Chícharo, que falló goles hasta decir basta. Quien no falló fue Héctor Moreno al vencer a Talavera, su arquero, para el único tanto guyanés.

 

España y 15 más

 

Es curioso, pero mientras en Barcelona florecía una generación luminosa y, con ella, un futbol de avanzada, auténtica orquídea negra en medio del pantano, el futbol europeo sucumbía a la seducción del euro, la avalancha del poderío físico y los planteamientos ultraconservadores. Con la compañía, nada inconsecuente, de importantes brotes de corrupción y atrofia severa de la creatividad, apenas disimulados por ciertas apariciones celestiales (Messi, Cristiano, Iniesta y poco más).

En estas condiciones llega la Eurocopa 2012, con clima adverso y escasas expectativas. Grecia, que a duras penas reunió lo necesario para el viaje, le aguó el debut a la local Polonia, un equipo tan pobre en individualidades como en juego de conjunto. Ni siquiera el goleador de la bundesliga, Lewandowski, que estrenó tempranamente el marcador, fue capaz de encabezar la esperada victoria, que quedó en empate a uno, pese al esforzado localismo del árbitro. 

En cambio, dentro del mismo grupo, Rusia dejó buenas sensaciones. Cuatro por uno aplastó a los checos, futbol alguna vez señero que ya solo cría vacas flacas. Como la URSS, el seleccionado capitaneado por Yashin fue el primer campeón de este torneo (Francia 60) y subcampeón en dos ocasiones –la última en 1988. El viernes, un renovado cuadro rojo, bajo dirección de Dick Advocaat,  mostró la misma frescura y disposición ofensiva que lucieran cuatro años atrás los pupilos del también holandés Guus Hiddink. Un sobreviviente, el entonces muy joven Arshavin, dibujó quirúrgicos servicios bien aprovechados por Dzagoev (autor de tres goles) y Pavlyuchenko, que hizo el tercero. Empero, habrá que ver cuánto les dura la cuerda, pues hace cuatro años iban muy bien hasta que tropezaron con España, que los mandó a casa con un costal de goles. 

 

Favorito a la cuneta

 

Mal empezó Holanda, a la que algunos dan como posible ganador… aunque solo si algo inusual derribara a los españoles. El sábado, Dinamarca anotó pronto (Khron–Dely, a los 24’), se defendió con orden y con ello tuvo bastante para sacar el 1–0 y exhibir la incapacidad de una naranja demasiado mecánica. Igual que en Sudáfrica, vaya.

En el mismo grupo, Alemania venció a Portugal a la alemana, es decir, por  vía aérea: Mario Gómez y su 1.96 cerca ya del final. Los lusos fueron la decepción de costumbre, menos justificada por la cantidad de jugadores de clase que reúne su delantera, donde Cristiano y Nani se vieron condenados a pelear en desventaja contra la dura zaga teutona y los pelotazos que les mandaba desde el fondo la renuncia de su equipo a elaborar juego.

España–Italia,

buen empate

 

El favorito tuvo un duro estreno, pues ya se sabe que la Azzurra se crece ante las dificultades. Esta vez, el 1–1 enmascaró un magnífico espectáculo, intenso y aguerrido, con el añadido de dos golazos, relampagueante el de Di Natale a medido servicio de Pirlo y de elaboración finísima el español, con Fábregas como ejecutante y la dupla Iniesta–Silva inventándose en un palmo la incisiva acción.

En ese grupo, las cosas están muy claras. Veremos qué pasa hoy entre Francia e Inglaterra.

 

Reina Sharapova

 

María tenía en Roland Garros una de sus asignaturas pendientes, y sus inconsistencias de los últimos años no parecían apuntar a una revancha a la siberiana. Pero el sábado, los hados les sonrieron a ella y sus múltiples admiradores, que lo son tanto de su belleza –incomparable– como de juego –variado, inteligente, ameno, tres perlas en medio de la jungla de raquetazos que vive el tenis femenil. En un torneo muy pronto huérfano de favoritas, tuvo como contendiente en la final a la italiana Errani, sin apenas medallas que exhibir y víctima fácil de la rusa en sets corridos (6–3, 6–2). Sharapova, a la chita callando, pertenece ya al selecto grupo de quienes han ganado al menos una vez los cuatro grandes torneos de la temporada. El Grand Slam, que le nombran.

La otra final, entre Nadal y Djokovic, dos rivales clásicos, se libra aún porque la lluvia está azotando Paría sin miramientos. Es claro favorito el mallorquín, que adelanta al serbio por dos sets a uno y luce intratable en su terreno predilecto, No por nada lleva seis títulos consecutivos en Roland Garros.

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