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De la Eurocopa a la Concacaf

Por: Horacio Reiba

2012-06-18 04:00:00

Hace pocas semanas exponía aquí mismo el temor de que la Eurocopa estuviera condenada a convertirse en un monólogo español, salpicado desde todos los ángulos por la zafiedad del juego predominantemente físico, contragolpista y chocador tan caro a las costumbres de la época. Y sin embargo, hoy toca celebrar que la escuela holandesa que tan espléndidamente ha florecido en la Masia del Barcelona esté ya permeando el modo de concebir e interpretar el juego, y que la huella del futbol sutil sea a estas alturas bastante más profunda de lo previsto, de suerte que hasta los combinados más modestos presentes en Polonia y Ucrania intentaron, aun dentro de sus limitaciones, adherirse a una versión más estética de este deporte, con intercambios de balón en corto y atrevimientos en el control y la finta antes inusuales. 

Aunque la buena nueva aun no alcanza la frecuencia deseable, es claro que el futbolista se exige ahora más en materia de técnica individual; esperemos que, cuando alguno provoque una situación de riesgo para su equipo por perder una pelota que trataba de jugar limpiamente, no vaya el DT a penalizarlo por cualquiera de las vías a su alcance, desde la ostensible reprimenda que exhibe al culpable hasta el destierro de las alineaciones que mata al iluso.

La calidad del arbitraje, con pocos errores y en general bien llevado, constituye otra señal alentadora: cuando los profesionales se dedican a jugar, atentos más a crear que a destruir, la impartición de justicia se simplifica y todo fluye con más naturalidad.

 

Buenas sensaciones

 

Lo anterior no significa que una mayoría de equipos esté a punto de caramelo o que los encuentros de alta calidad se estén sucediendo a ritmo trepidante. Por ahora es bastante con que la Eurocopa esté deparado espectáculos intensos y numerosos partidos abiertos y bien jugados.

Ya en el debut, España e Italia brindaron un espectáculo de campanillas (1–1), y no fue menos Rusia, que envolvió y vapuleó a los Checos (4–1) hasta hacerlos parecer inferiores a lo que realmente son, como evidenciarían ante Grecia (2–1) y Polonia (1–0). Y si en otro buen partido Ucrania superó a Suecia tanto como Shevchenko a Ibrahimovic (2–1), posteriormente los vikingos venderían cara su eliminación en emotivo toma y daca con Inglaterra, que se reivindicó tras un primer episodio en el que se había inclinado por el catenaccio ante una Francia mucho más ambiciosa (1–1). De hecho, ese Inglaterra–Suecia (3–2), con el PortugalHolanda de ayer (2–1), marcaba los picos más altos del acto en cuanto a juego, grandes acciones individuales y colectivas y emociones regaladas al espectador.

Virtudes que tampoco faltaron en la victoria –un 2–1 francamente corto en relación con los méritos adquiridos– que con soberana autoridad se apuntó Alemania en perjuicio de Holanda, convertida ésta en la  decepción del torneo, a tono con la incapacidad de su entrenador para convertir en equipo coherente y solvente a un grupo de excelentes futbolistas. Lastres similares aquejan desde luego a Portugal, provisionalmente salvado por el suplente Varela una vez asentada la extraña incapacidad de Cristiano para asumir su papel y marcar diferencias. Si mucho se inhibió  frente a los alemanes (1–2), en la victoria sobre Dinamarca (3–2) falló clamorosamente.

 

Lo mejor hasta ahora

 

Desde luego, ninguna selección se ha paseado por la Copa con tanto señorío como España en el 4–0 sobre Eire. No solo exhibió una estética serena y abierta, capaz incluso de contagiar de alegría el juego del adversario, también se permitió –mérito de Del Bosque– avanzar unos palmos en la recuperación del Niño Torres como el ariete devastador que puede volver a ser. Pero si el 9 del Chelsea hizo doblete, ahí queda el paciente gol de Silva como ejemplo de cirugía mayor en la selva del área.

Tampoco es de desdeñar la suficiencia con que Francia dio cuenta de la local Ucrania (2–0), prolongando su invicto a 23 partidos consecutivos. Se nota que Blanc ha logrado unir a un grupo con muchos bemoles de individualismo. Y que por ese camino, el conjunto galo puede llegar lejos. Sin olvidarnos de Portugal, con un equipo tocador pero también aguerrido. Y con Cristiano recuperado, según pueden dar cuenta los holandeses, a los que ayer fundió con sus goles (2–1).

Primeros clasificados y primeros eliminados. Ducha helada sobre el oso ruso, descartado por Grecia (1–0) pese a contar con el mejor goleo del G–1, a razón de 5–3. La verdad es que los de Advocaat se derrumbaron estrepitosamente, confirmando lo comentado aquí luego de la paliza inicial a los checos, los cuales, quien lo dijera, acabaron por eliminar a Polonia (0–1) y quedar líderes del G–A. En cuartos van contra Portugal, que ayer dio una soberbia exhibición para dejar a Holanda (2–1) en la cuneta y sin un punto. Y si favoritos son los lusitanos para ese choque, más lo será Alemania en su encuentro contra Grecia, equipo excesivamente modesto aunque tuviese arrestos suficientes para marginar a los rusos de la competencia. Ayer, los germanos dieron cuenta de Dinamarca, que se marcha sin gloria aunque con el consuelo de haber empezado a desnudar a los inocuos holandeses y su nefasto entrenador.

Y entre hoy y mañana, bajo el signo de la incertidumbre, van a definirse los dos grupos restantes.

 

Pírrica victoria nacional

 

De cara a la tabla, ganar en el Cuscatlán (1–2) tiene que ser buena noticia para el Tri. Otra cosa es que el partido del martes haya pertenecido al género hórrido, malísimo de cabo a rabo incluso para el precario nivel de la Concacaf. Y con el arbitraje omitiendo marcar, precisamente en los dos goles verdes, sendos fuera de juego del tamaño del zócalo. Que El Salvador haya exhibido insuficiencias parvularias no debería sorprendernos tanto como el raquítico desempeño de los nuestros, replegados y sin asomo de inspiración la mayor parte del tiempo.

Para acabar pronto, nadie merecía ganar, y el único marcador justo y real para tan infame encuentro no podía ser otro que 0–0. Porque en el tiro libre que terminó en gol local, tanto la barrera como el arquero Corona brindaron facilidades casi ridículas al ejecutor.

Si a José Manuel de la Torre eso le pareció un buen partido y más que satisfactorio el desempeño de su equipo, se vale empezar a temblar. Y ya podemos ir pensando en ofrecer alguna manda y encender abundantes veladoras para cuando lleguen instancias algo más exigentes. Queda como asidero la certeza de que, peor que el martes, es casi imposible que el Tri vuelva a jugar.

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