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De cara al descenso seguimos en ascuas

Por: Horacio Reiba

2013-04-08 04:00:00

 

En cuanto se supo que el Puebla trasponía la ancha puerta de la multipropiedad, a temblar todo mundo. Si no podíamos con un equipo, ¿qué malabares hacer con dos naranjas en una sola mano? El San Luis, abandonado a su suerte, se convirtió en un santiamén en candidato al descenso. Y el Puebla, presunto hermano mayor de la flamante cuanto precariada familia, después de lanzar ciertas señales alentadoras al inicio del torneo ha entrado en una espiral que a cada semana que pasa más tomaba forma de descenso en picada.

El empate del sábado en el Azteca supone un pequeño respiro para la franja, pero el verdadero golpe de suerte lo dio la derrota del Querétaro ante Cruz Azul. Porque ya empezaba a vislumbrarse el fantasma de una competencia fraternal por eludir el purgatorio de la Primera A, mientras los abocados hace par de meses al desastre nos veían desde arriba. El Atlas como sublíder, y el Querétaro con su mejoría de las últimas semanas, interrumpida en buena hora por la gente del cemento. Será cosa de ver si también el San Luis ha sido capaz anoche, en Cancún, de aprovechar el tropezón queretano.

 

Llover sobre mojado. El miércoles, la llamada Copa Mx vivió una anticlimática semifinal, presidida por el absurdo de jugarla a un solo partido y en casa de uno de los contendientes. Si en el torneo anterior la final de la rediviva la disputaron dos equipos de Primera A, la semifinal de Cancún enfrentaba a dos serios candidatos al descenso. Vamos progresando.

Transmitió el juego un canal de paga, pero su producción remitía a los albores de la década del sesenta, con dos cámaras fijas por todo equipo y narradores dejados de la mano de dios. Patético. Y muy a tono con un partido sin pies ni cabeza, tan empeñados ambas escuadras en dar fe de su pésima forma actual que ninguna parecía interesada en ganar y hacerse finalista. Pero qué remedio, alguno tenía que ser. Y fue el Atlante, de la mano de un arbitraje localista –el penal del empate lo inventó el juez– y con Jorge Villalpando en el papel protagónico, pues no sólo atajó los lanzamientos de Romo y Durán, sino además convirtió el suyo, dejando en la cuneta a su exequipo.

La última semifinal, resuelta también desde los 11 pasos tras otro empate a uno, mandó al infierno al América en beneficio del Cruz Azul, que ahora habla de salvar no ya la temporada sino el siglo entero, ganando este hechizo y descafeinado torneo de copa. Ver para creer.

Xolos sí, Toluca no. En la Libertadores, los clubes mexicanos demostraron que no está el horno para muchos bollos. Menos mal que Tijuana, de la mano de Mohamed, es equipo capaz de dejarse la piel en la cancha. Y que empatando a uno en Bolivia con el San José, ha asegurado el pase a octavos de final. Lo hecho por los guaguás tiene un mérito que debe serles reconocido.

En cambio, lo del Toluca en Montevideo no tiene nombre. No ganó Nacional (4–0... y pudo ser peor), perdieron los Diablos –que puestos a perder han perdido hasta lo rojo del uniforme–. Además de arrastrar la imagen del balompié mexicano, los “profesionales” del plantel choricero parecen dispuestos a mudar de equipo cuanto antes, y de paso jubilar al profe Meza, seguramente malaconsejados por sus respectivos agentes, esa plaga enquistada en el futbol del siglo XXI.

 

Barça sufre. Mucho se esperaba de los cuartos de final de la ChL, partidos de ida. Y resulta que al Barcelona, en su visita al Parque de los Príncipes, casi se le aparece el diablo. Y no precisamente por culpa del PSG –un equipo a medio hacer, pues afortunadamente los millones no lo son todo en el futbol–, sino de un arbitraje verdaderamente siniestro, que convalidó un gol de Ibrahimovic en fuera de juego clamoroso, mientras se atendía al lado del campo a Alba y Mascherano, que habían chocado al ir por el mismo balón en un córner de esos que provocan pánico en la zaga azulgrana. Ya Messi –que abrió marcador a los 38’– no estaba en la cancha, por una lesión que, aun no siendo tan grave como la de su paisano, le impedirá jugar el encuentro de vuelta.

Para colmo, Valdés se comió a última hora un remate sin fuerza desviado por el suplente catalán Bartra, y con eso empataron a dos los galos, tras el penal anotado poco antes por Xavi Hernández, otro de la interminable lista de jugadores tocados que tiene el Barça. Que si como equipo es mucho más que el PSG, ahora está obligado a resolver la eliminatoria sin Messi ni Mascherano.

 

Madrid entrena. Chocaban en el Bernabeu el equipo más caro del mundo y el más caro... de Turquía. Y no hubo caso. Mourinho dio recreo a sus goleadores y aunque ninguno se prodigó los tres anotaron (Cristiano, Benzemá e Higuaín), mientras los del Galasataray se conformaban con sobar el balón lejos de Diego López y el Madrid se tomaba las cosas con calma. Hubo, efectivamente, un penal de Ramos no señalado por el juez, pero ni eso habría puesto en duda la superioridad absoluta de los blancos sobre un campeón turco consciente de estar viviendo horas extra en la Champions. Y dispuesto a disfrutarlas como se disfruta un crucero con gastos pagados.  

 

Bayern arrasa. Los muniqueses dejaron resuelto desde el minuto uno el duelo de cuartofinalistas que se presuponía más cerrado y apasionante. Y que Juventus se dé de santos que solamente fueron dos los goles encajados por Buffon –insólitamente inseguro y errático, como también Pirlo–. De hecho, los bávaros volaron y la Juve quedó reducida a casi nada durante la mayor parte del desigual encuentro. Parece asunto resuelto, aunque esté pendiente para pasado mañana el partido de vuelta en Turín.

Y como Borussia Dortmund sacó provechoso 0–0 de Málaga, es de suponer que les aguarda a los europeos una doble semifinal hispano–germana.

La confirmación, entre martes y miércoles.

 

El equipo del Papa. Recién electo papa el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, sus biógrafos enfatizaron, entre otras minucias, su gusto por el futbol y su preferencia de siempre por San Lorenzo de Almagro, tradicional escuadra porteña cuyos mejores días estuvieron comprendidos entre la década de 1940 y los primeros 70’s del siglo anterior.

Fueron años dominados por numerosas versiones inolvidables del equipo azulgrana –los carasucias de mediados de los 50, los matadores del 68 y el 72, los cuervos de toda la vida–, pero ninguna tan extraordinaria como el Ciclón de Boedo que en 1946 completó una gira por España absolutamente triunfal, cuando la célebre delantera formada por Farro, Pontoni y Martino marcó 48 goles en 10 partidos y se dio el lujo de golear dos veces a la Furia Roja (7–5 y 6–1). Era su capitán el vasco Ángel Zubieta –que entrenó aquí al Puebla en 1971–72–, y la conmoción que produjo todavía se recuerda, pues no existían los torneos internacionales de ahora. El futuro papa se enamoró de aquel equipazo, que bordaba el tiquitaca con precisión y belleza escalofriantes.

Sin embargo, el ídolo del actual obispo de Roma fue José Francisco Sanfilippo El Nene, el más célebre goleador cuervo (207 goles en 265 partidos entre 1958 y 1962: aquí jugó el hexagonal del 60, ganado por cierto por el Toluca), y no faltan sanlorencistas que atribuyen a Sanfilippo, y no al santo de Asís, la decisión del pontífice de tomar como Papa el nombre de Francisco.

 

Gol de Sanfilippo. Bromas aparte, vale la pena rescatar un delicioso relato del difunto escritor argentino Osvaldo Soriano –asimismo hincha irredento del Ciclónque tiene por protagonista precisamente a José Francisco Sanfilippo. Transcribo tal cual.

Querido Eduardo:

Te cuento que el otro día estuve en el supermercado “Carrefour”, donde antes estaba la cancha de San Lorenzo. Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas. Caminamos entre las góndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos. De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice: “Pensar que acá se la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca”. Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice: “Fue el gol más rápido de la historia”.

Concentrado, como esperando un córner, me cuenta: “Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido me mandás un pelotazo al área. No te calentés, que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevilla se llamaba, se asustó, pensó: a ver si no cumplo”. Y ahí nomás, Sanfilippo me señala la pila de frascos de mayonesa y grita: “¡Acá la puso!”. La gente nos mira, azorada. “La pelota me cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde está el arroz, ¿ve?” –me señala el estante de abajo, y de golpe corre como un conejo a pesar del traje azul y los zapatos lustrados: “La dejé picar y ¡plum!”. Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las pilas para radio y las hojitas de afeitar. Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar. El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de 1962, nada más para que yo pudiera verlo.

(Tomado de El futbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano.)  

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