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Ausencia de debate

Por: Horacio Reiba

2012-05-28 04:00:00

El Barcelona fracasó en sus intentos por retener el título de liga que, con Guardiola a los mandos, no había dejado de monopolizar en los tres últimos años, Pep Guardiola decidió no renovar contrato y, en consecuencia, su despedida del banquillo azulgrana llegó con la final de Copa, el viernes por la noche. Y aquello fue una fiesta, el Manzanares repleto, tres goles antes de media hora y un homenaje espontáneo al hombre que se iba, dejando la estela de un equipo histórico y un futbol señero. Días antes, la inesperada consagración europea del Chelsea había avivado la polémica sobre el otro futbol, el de cerrar espacios y esperar atrás la ocasión del zarpazo a mansalva, el del juego ventajista contra el juego abierto, transparente, el del espíritu taimado contra el espíritu lúdico.

Se trata de un debate inevitable, imperioso, necesario. Y está animando extraordinariamente no ya la discusión sino la percepción misma de lo que es –de lo que debería ser– el futbol. Mientras tanto, siguen alimentando la pasión el legado de Guardiola, los 100 puntos del Madrid, los 50 goles de Messi, la profunda decepción del Bayern o del Athletic, la caída del Villarreal, la salvación del Ajaccio, el doble drama de Manchester, los prolegómenos de la Eurocopa…

 

Apaga y vámonos

 

Aquí, en cambio, terminó la liguilla y se diluyeron sus ecos. Ni el ”Cepillo” Peralta –jugadorazo– ha sobrevivido a la fugacidad de un medio sin memoria ni análisis. Ingenuo sería esperar un debate sobre los pros y contras del estilo táctico del Santos, que se coronó apelando en muchos momentos al estilo del Chelsea, con Oribe, salvadas todas las distancias, ejerciendo de Drogbá. O tratando de explicarse la inhibición del Monterrey, con el guiño supersticioso de un Vucetich enfrentado a su final número 13. Aunque para desventura, la del Tuca y los suyos, enfrentados a cinco minutos fatídicos en Torreón. En fin, que de haber buenos sastres, tela no les iba a faltar…  

Eso por no hablar de lo que nos espera con la “Nueva” Liga, que poco va a tener de nueva y menos aún de liga, y además viene impuesta desde arriba, desde los mismos monopolios televisivos que la oleada estudiantil no se cansa de impugnar.  Ni va cansarse, por fortuna.

Por cierto, ¿no decían que el deporte es expresión supremamente juvenil, alegre, expansiva, e igualitaria? Quien eso crea, que se dé una vuelta por México y le eche un vistazo a lo que pasa aquí con nuestro “deporte profesional”.

 

Adiós al Apertura

y el Clausura

 

Siento decepcionar a los que suponían que tales denominaciones nacieron en las mentes preclaras de la Femexfut, pues un lustro atrás, hacia 1990, tan abstrusas denominaciones les fueron impuestas a sus minitorneos por sus ilustres pares argentinos de la mano de la principal televisora de allá, seducidos al parecer por el antecedente mexicano, que en este caso sí posee la primicia mundial. ¿Pero, qué se les ha ocurrido ahora, al cabo de treinta años? Pues, nada menos que dar por fallido el experimento y buscar un retorno a las antiguas bases de su futbol. Un futbol, el argentino, campeón del mundo por dos veces –o varias más, si se consideran sus muchos títulos intercontinentales–, productor a destajo de históricos cracks y poseedor de una impronta universal sólo equiparable a la brasileña.

Resulta que desde que se implantaron allá los minitorneos y los descensos determinados con calculadora, Argentina sólo ganó dos veces la Copa América –la última en 1993, al rebufo aún del esquema tradicional– y, desde Italia 90, sus participaciones mundialistas se cuentan por fracasos. Ya podrá Lio Messi proclamarse el non plus ultra, mas ni con él al frente tiene la albiceleste para cuándo recobrar su brillo. En consecuencia, los mandamases de la AFA –una chispa más lúcidos que sus pares aztecas, aunque casi tan mercachifles como los de aquí– han decidido dar por finiquitado lo de coronar dos campeoncitos al año y vuelven a uno solo, con partido por el cetro entre los ganadores de cada vuelta de la vieja liga, recobrada a partir de la siguiente campaña.

En cuanto a los descensos, y a pesar de la caída del River a Segunda, han optado por seguir calculando cocientes. Con una pequeña diferencia respecto de México: allá si bajan tres de un jalón, lo que aquí causaría a los audaces dueños del balón un terror pánico.

 

El Puebla: vuelta

a desmantelarse

 

Si en la temporada que finalizó tuvo el Puebla un jugador–eje ése era Luis García Sanz. Quizá por esto, el dueño de la franja decidió finiquitarlo y el catalán va a vestir, a partir de julio, la camiseta  de los Pumas, que se van a reforzar en la misma medida en que el Puebla se desmantela. Entretenido ejercicio, aunque muy arduo, sería hacer recuento de los jugadores importantes de los que el club local se ha desprendido en los últimos tiempos, con prisas de abarrotero avaro y desprecio total por el equipo y sus seguidores.

 

Números de Guardiola

 

¿Es Pep el entrenador más exitoso de la historia? Cualquiera lo diría, a la vista de los 14 títulos que en sólo cuatro años consiguió: tres ligas de España, tres Champions League y dos de veces ganador de los siguientes torneos: Copa del Rey, Mundial de clubes, Supercopa de España y Supercopa de Europa.

Todo es poco para el futbol mágico que su Barcelona entronizó.

 

País de Gales, en el recuerdo

 

Ayer chocaron en Nueva York las selecciones de México y Gales, uno de tantos partiditos moleros, que dice el Tuca. Pero detrás late la memoria del primer punto obtenido por el Tri en un mundial. Aquel 11 de junio de 1958, en el Rasundastadion del barrio de Solna, en Estocolmo, habían transcurrido 28 años desde el debut mundialista del país, con tres participaciones y ocho derrotas al hilo. Los británicos se adelantaron a los 32’ con un remate esquinado de Ivan Allchurch y, a partir de ahí, México buscó la igualada con ahínco. La consiguió a cuatro minutos del pitazo final, con un frentazo alto de Jaime Belmonte, extremo derecho del Irapuato, a centro de Enrique Sesma, alero zurdo del Toluca. El gasto lo habían hecho los verdes, capitaneados por un gran Carbajal, y la crítica internacional consideró que merecieron la victoria.

Poco duró el gusto: en el tercer encuentro, Hungría aprovechó que Sepúlveda y Del Muro se lesionaron pronto (aún no se autorizaban los cambios) y nos metió un 4–0 cruel. Pero en ese Grupo C, los que calificaron fueron Suecia y Gales. Tan duro de pelar el cuadro galés que Brasil sudó para eliminarlos (1–0) en cuartos de final. Ese día, Pelé marcó su primer gol de mundiales. Se lo anotó a Kelsey, un enorme arquero, el mismo al que Belmonte había batido días antes en Solna.

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