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América campeón; descenderían Puebla y San Luis

Por: Horacio Reiba

2013-05-06 04:00:00

 

Imaginemos por un momento que el futbol mexicano no es el festín privado de los dueños del balón y sus pactos de gavilleros, sino una liga de futbol profesional cualquiera, con sus más y sus menos. Cedamos por un instante a la utópica idea de que aquí, como en el resto del mundo, quedara campeón quien supo trabajarse su título durante 34 jornadas, y que fueran tres los equipos que descienden a Segunda División (sucede así hasta en Argentina, de donde copió la Femexfut el mañoso cálculo de cocientes). Y como nada cuesta soñar, supongamos que ayer hubiera concluido el auténtico torneo de liga para dar paso a la etapa anual de desintoxicación futbolística, más merecida por la sufrida afición que por esos “profesionales” que –como demostrara el Puebla en Querétaro– juegan cuando quieren y cobran cuando pueden.
Semejante escenario suena, en México, a cosa de marcianos, pero pongamos que fuera cierto. Después de todo, la Liga MX tiene, en el ancho mundo, mucho más de excepción que de regla. .
 
Las cosas en su sitio
 
Así, lo que tendríamos hoy entre manos sería la tabla con las posiciones finales de una liga jugada a dos vueltas, con el campeón celebrando y media docena de equipos clasificados para disputar la Libertadores o la Concachampions. Lo normal allí donde el futbol tiene vida propia y no es simple culebrón televisivo, con el deporte cautivo y pisoteado por desbocados criterios de lucro. Una tabla, pues, tan simple de obtener como que resulta de sumar los puntajes de cada equipo al final del Apertura 2012 y del Clausura 2013. 
Aunque ese hipotético torneo de liga tendría ganador desde hace varias jornadas (América, con 63 puntos, seis más que el sublíder Morelia), el color y la emoción habrían prevalecido hasta el final gracias a la intrincada pelea por no descender, que acabaría por condenar al purgatorio de Primera A al Puebla (32 puntos), al Querétaro (31) y al San Luis (28). 
Si por elemental respeto a la Concachampions se destinaran a su próximo elenco el campeón y el subcampeón mexicanos (es decir, América y Morelia), les tocaría participar en la Copa Libertadores nada menos que a Tigres (tercero con 56 unidades), Cruz Azul y Tijuana (ambos con 55). Suena atractivo.
Desde luego, los seguidores de la Franja no estarían celebrando la salvación in extremis de la bienamada franquicia camotera. Franquicia, es decir objeto de compraventa, no equipo ni mucho menos club de futbol. Pues eso, por estos rumbos, hace ya tiempo cayó en desuso.  
Redoba norteña
Con seguridad, es el primer partido bueno y emotivo de verdad que, al cabo de tantos años, le tengo vista a la tediosa Concachampions. Contrariando pronósticos tras el 0–0 de la ida, Santos salió decidido a resolver pronto la final, y como quiera que el Monterrey seguía lejos de su mejor forma, a los 50 minutos ya ganaba por 0–2 y por un rato se paseó por la cancha del Tec con aires de mandón. 
Fue entonces que la casta que los regios parecían tener olvidada les brotó de pronto. Y eso que el tanto de De Nigris (’60) fue un revulsivo de acción retardada, porque a pesar del empuje de los de Vucetich el empate llegó hasta los 84 mediante impresionante volea de Neri Cardozo a la salida de un córner. Y ya nada fue capaz de contener la marea rayada. De nuevo De Nigris, a gran pase de Suazo (’87), y finalmente éste, que había sido el hombre del partido, dieron vuelta completa al marcador. Un 4–2 con pasaporte directo a Marruecos, que es donde se disputará este diciembre el mundialito de clubes.
Dos cosas quedaron claras: que los equipos mexicanos también son capaces de brindar espectáculos de altura cuando los respaldan proyectos coherentes; pero también que un medio viciado como el nuestro favorece que se reserven avaramente para las grandes ocasiones (el mismo Monterrey, goleado el sábado por los cementeros), dando calabazas con demasiada frecuencia a sus seguidores. Y, por supuesto, también a la cada día más reducida teleaudiencia.  
 
Consumatum est
La semana ida confirmó la rampante superioridad alemana sobre el resto de Europa futbolística, y en el caso específico de las semifinales de la Champions, partidos de vuelta, sobre la orgullosa España y sus dos portaestandartes más linajudos. Al Real Madrid no le alcanzó el estirón final para dar caza al Borussia Dortmund –aunque sí lo asustó bastante–, y el Barcelona –lo que queda del mismo– fue sometido por el Bayern a una auténtica tortura ante la mirada resignada de su propio público. Nada que objetar, ni en uno ni en otro caso. La superioridad germana estaba escrita desde la ida y solamente les faltaba a los dos gallones hispanos tener en el bolsillo sus respetivos certificados de defunción.
Más emoción que juego
Futbolísticamente, el partido del martes en Chamartín quedó a deber. Aunque después de errar tres goles fáciles en el primer cuarto de hora y verse dominado de manera clara durante la mayor parte del encuentro, el Madrid maquilló dignamente la derrota con dos goles de puro empuje y un más que emotivo final. 
El Borussia volvió a darle un baño táctico al equipo blanco. Un gran Weidenfeller los salvó al principio en sendos manos a mano con Higuaín y Cristiano –otro gol casi hecho lo erró Özil–, pero se sobrepusieron a esos sobresaltos y a la temprana lesión de Götze –reemplazado en el minuto 14–, y durante más de una hora no hubo más pipa que la suya, con Alonso permanentemente enjaulado, Özil de nuevo extraviado por la banda derecha y Ramos moliendo a codazos la cabeza de Lewandowski a ciencia y paciencia del silbante. Pudo cerrar la discusión el propio polaco, pero su fusilamiento lo devolvió el larguero (’51), y nadie se explica cómo fue que  Diego López logró tapar el remate a bocajarro de Gündogan poco después, en pleno baile prusiano. 
Puede decirse, no obstante, que el Borussia ejecutó mal lo que tan bien había planteado –demasiadas entregas equivocadas (36%) con el contrario prácticamente entregado. En el pecado llevó la penitencia. Y si salió con bien fue porque el gol del Madrid llegó muy tarde, pues cuando el derechazo de Benzemá hundió por fin la red teutona iban ya 83 minutos. Ese arreón final, con el Madrid desatado y todo el estadio empujándolo, descompuso de tal manera la maquinaria de precisión del Borussia que hasta Klopp entró en pánico, y al sacar a Lewandowski para poner un defensor más, lo que hizo fue liberar por completo a Sergio Ramos, que de sombra negra del polaco pasó a convertirse en autor del 2–0 (’88). Encomiable pero insuficiente. Y merecida la calificación de un Borussia futbolísticamente superior. 
 
Valdano ensalza a Klopp
Sabíamos que Jürgen Klopp es, además de entrenador y estratega de élite, un tipo carismático. Pero la descripción de él que Jorge Valdano ofreció en El Larguero del viernes no tiene desperdicio. Porque además trasciende el personaje y se adentra con sencillez enorme en la esencia del futbol. Preste usted atención.
“Lo mejor no es que Klopp sonría con frecuencia sino cómo sonríe su equipo… es un tipo que ve la vida con optimismo,  que se maneja desde la ironía… sus equipos transmiten ganas de vivir, ganas de jugar, y eso forma parte de lo fundamental… (porque) cuando jugamos y hablamos de futbol es para escapar de la realidad, y si hacemos del futbol algo odioso, algo que convoca a la infelicidad, entonces se vuelve una cosa desesperante… Cuando vemos a alguien que llena esto de simpatía, donde su gente se entrega con un orgullo de pertenencia, y los jugadores festejan como si fueran niños, pues allí hay un conductor que ha entendido la esencia del juego, la esencia del futbol”.
 
Calvario catalán
El 7–0 deja sin argumentos a los devotos del Barcelona, que son legión. La ausencia de Messi desnudó por completo al equipo, lo entregó mansamente a los leones, puso en evidencia a jugadores y entrenador. No fue una mala noche ni una simple pesadilla, fue la renuncia a un estilo y unas convicciones que habían hecho del Barça el equipo del siglo. Y el Bayern, que había planteado un primer tiempo más bien contemplativo, de espera cauta aunque sin renunciar al balón, olió la sangre y después del descanso –gran técnico Heynckes— salió por el partido. Sueltas las amarras del equipo, desatados Robben y Ribery, fue el holandés el primero en golpear, llevándose entre las espuelas a Adriano y Bartra y cruzándola de zurda al ángulo lejano de Valdés (’48); a los pálidos intentos azulgranas respondía el gigante bávaro con cargas y descargas poderosas, y dos fugas consecutivas del inalcanzable Ribery, coronadas con sendos centros punzantes que valían por medio gol, encontraron, el primero, el infortunado cruce de Piqué, cuyo remate al ángulo hubiera sido inatajable hasta para el muy solvente Neuer (’72), y el segundo la cabeza de Thomas Müller, al que el francés regaló, bombeando su centro fuera del alcance de Valdés y defensores, jugosa rebanada de mango. 
Pudo ser peor, pero con esa dosis tuvo suficiente el Bayern para saciar su gula. Y también el Barcelona para –es de esperar– convencerse de que debe cambiar muchas cosas, bucear en el mercado en busca del DT adecuado y reforzar con urgencia los puntos débiles del equipo, empezando por la zona baja, hoy más endeble que nunca. Y, por supuesto, hay que tirar lastre.
Por descontado, entre las áreas a mejorar sustancialmente se encuentra también la sección médica del club, pues el silencio que rodeó la ausencia de Messi ha sembrado, sobre la desazón reinante, un desconcierto en el que fácilmente pueden florecer hablillas y discordias sin cuento.            
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