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¿Futbol o debate?

Por: Horacio Reiba

2012-05-07 04:00:00

El futbol es lo más importante de lo menos importante Jorge Valdano

Debatir implica una elemental disposición al diálogo, palabra desconocida para el dueño de TV Azteca. Y el futbol es una simple diversión, algo perfectamente prescindible. Claro que cuando escribo esto aún está por ver qué tan imprescindible y revelador sería el debate de anoche entre los cuatro finalistas de la carrera sexenal. Pero lo que no está en duda es la importancia misma del acto, del acto de debatir y del de escuchar debatir a los candidatos. Aun cuando el rígido formato preestablecido opere como improcedente camisa de fuerza. Y aunque, en dichas condiciones, un debate real resulte más que improbable, reemplazado por la formulación de promesas tremendistas y vagas, y por dimes y diretes más propios de una disputa telenovelera que de un diálogo civilizado donde se expongan análisis e ideas inteligentes. Quienes pudieron ahorrarnos dilema tan aberrante –el IFE y la SGR– prefirieron abstenerse y dejar cancha libre al caprichoso representante de la oligarquía. Que ha elegido perder algo de público para su transmisión futbolera –muchos de los clientes habituales quizá prefieran ver el debate– con tal de restarle resonancia a las previsibles pifias del candidato de, precisamente, la oligarquía que domina este país. De arriba a abajo. De la educación a la recreación. De la evasión fiscal al manipuleo de las conciencias. De la absurda guerra antinarco al degradado futbol profesional.

No olvidemos que TV Azteca posee dos de los equipos que, gracias a la conveniente victoria del uno sobre el otro en

la última fecha del Clausura, tuvieron acceso a la liguilla actual. Uno de tantos efectos perversos de la multipropiedad, que es un lastre pero no el único que arrastra nuestro balompié en estos tiempos neoliberales.

FENOMENAL MESSI, GRANDE GUARDIOLA

El sábado en el Camp Nou, el público dictó su veredicto. Y convirtió el derbi local en multitudinario homenaje de despedida a Pep Guardiola, que deja la DT del Barcelona contando con el apoyo y la gratitud incondicional de jugadores e hinchas por igual. La impresionante manifestación desbordó los limitados cauces de un partido en el que el Espanyol no fue oponente para un Barça guiado desde fuera por el fervor de su público, y desde dentro por un Lionel Messi fantástico, autor de los cuatro goles de su equipo –tiro libre, penal poco claro, internada en solitario culminada de zurdazo cruzado y nuevo penal–. Luego de clavar el cuarto, y a falta de 12 minutos de juego, el rosarino salió disparado hacia la banca y se fundió en largo y emocionado abrazo con el autor intelectual del mejor futbol del siglo. Y entonces el estadio se alzó en un clamor incontenible y la rutina del tiempo se vio envuelta de pronto en una nube de cósmica eternidad.

Allá, en un punto luminoso de la esferita azul del planeta, Barcelona levitaba soñando que aclamaba a sus héroes.

CLÍMAX Y ANTICLÍMAX

Como pocas veces, la liguilla parecía tener definidos de antemano a sus semifinalistas: la única duda –Tigres o Morelia– apenas preocupaba a los partidarios de uno y otro; el resto dábamos por descontada la clasificación de América, Monterrey y Santos, justos punteros del minitorneo en proceso de definición. Los resultados de media semana no hacían sino confirmar un pronóstico aparentemente fácil.

Solo que a la hora buena, los favoritos decidieron complicarse la vida. El América, en el Azteca y con todo a favor, logró incluso irritar a su afición, que convirtió en abucheo los vítores con que había saludado a su equipo, vencedor 1–3 en la ida. Fueron 90 minutos para el olvido y nadie, ni siquiera el Pachuca, quedó satisfecho con el 0–1 que proclamaba vencedores a los Tuzos al tiempo que depositaba a las Águilas en una de las semifinales.

Allí lo aguarda un Monterrey que tampoco es ya lo que era hasta hace poco. El mismo sábado, en el Tec, ni la superioridad numérica le valió para doblegar a un muy digno Xolos de Tijuana, que vendió cara la derrota –en realidad, empate a dos, matemáticamente inservible luego del 1–2 registrado el miércoles en la ciudad fronteriza. De cualquier forma, tendrán un agarrón de pronóstico reservado: más hecho el conjunto de Vucetich y más pasional el de Herrera.

DERROTA CRUEL

Lobos BUAP estuvo más cerca de la gran sorpresa de lo que deja entrever el engañoso 7–3 de su doble final contra el León. El momento clave estuvo el miércoles, en el Universitario, cuando doblegada 3–1 a la fiera guanajuatense le faltó oficio para sostener el resultado. Como les faltaría profesionalismo y serenidad para evitar, en el encuentro definitivo, la triple expulsión que desfiguró al equipo y precipitó un resultado (4–0) a todas luces desproporcionado: los tres últimos goles leoneses cayeron en los minutos finales, cuando ya trituraban los once locales a solamente ocho poblanos.

RITUAL BRITÁNICO

País con marcado apego a sus tradiciones más rancias, Inglaterra coronó al Chelsea campeón –por séptima ocasión– del torneo más antiguo del mundo, pues la Copa de la Asociación se disputa desde 1872. Más impresionante que el encuentro en sí –2–1 de los blues sobre el Liverpool, otro histórico– fue el protocolo previo, con matices de ceremonia china, fasto romano o celebración versallesca. Eso sí, la tonalidad bu-rocrática del juego se quebró cuando Carroll anotó el 1–2 a los 64, y los hasta entonces dormidos reds se lanzaron en pos de una igualada que hacia el final a punto estuvo de concretarse, gol fantasma incluido. O mejor dicho excluido, pues el cuerpo arbitral no lo convalidó.

Menos solemne pero más cerrada, la lucha por el título de la Premier parece inclinarse por el Manchester City desde que el lunes pasado venció 1–0 (gol del central Company) a sus vecinos del United, igualándolos en puntos pero con clara ventaja en el goleo. Ayer, el ManC solventó 2–0 su brava visita al Newcastle, y aunque el ManU también derrotó al Swansea, la última jornada se presenta promisoria para los celestes y sombría para los de Ferguson.

Por cierto, los dos tantos del City fueron obra de Touré Yaya, el sólido centrocampista senegalés que el Barça dejó ir el año pasado, sustituyéndolo por el argentino Mascherano.

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