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Hambre

Por: Antonio Cruz López

2013-04-16 04:00:00

El hambre es uno de los problemas capitales de la
actividad política de cualquier país; por ende
su atención debiera ser prioritaria en municipios
o estados para encaminar actividades que debieran
combatirla

 

No hay duda de que el hambre es uno de los problemas capitales de la actividad política de cualquier país; por ende su atención debiera ser prioritaria en municipios o estados para encaminar actividades que debieran combatirla, en especial porque es consecuencia de pobreza social, económica, cultural, enfermedades infecciosas, que el perogrullo político no vislumbra, dando la impresión de que ignoran qué significan estos términos; por ello se les ve repartiendo cajas de despensa a humildes cada vez que quieren o intentan combatirla, o bien que todas las casas del área rural deban tener piso de cemento, cuando muchas casas ni siquiera tienen paredes o techos; se tornan orgullosos de crear fuentes de trabajo a los habitantes en edad laboral, como albañiles en carreteras o edificios sin plan social, con sueldos carentes de seguridad social básica, sin objetivo de necesidad; por ello vemos justificadamente que los maestros que enseñan en ruralidad extrema protesten; su trabajo lo hacen sin elementos básicos de escuela, aunque eso sí se pregona que deban enseñar con internet sin que existan siquiera enchufes o energía eléctrica, pregonan que en esas localidades los niños asistan a la instrucción básica en bicicleta, que los jóvenes concursen sin discriminación para estudiar en universidades sin rechazo, a pesar de carecer de medios de cultura: edificios escolares, bibliotecas, internet. Cabe por ello preguntar si algún político ha vivido en la miseria o la conoce, quizá sean solo humanos con poder, ajenos al hambre los que ven pasar trienios o sexenios prometiendo todo y cada vez la población está peor”.

Pensamientos que inundan mi de por sí mi atiborrada cabeza, cuando recuerdo que a mis 10 años de edad (1948) probé “chiquiliches”, que ahora sé son larvas de cigarra; lo hice debido a que mis padres viajaban residiendo en localidades humildes porque eran maestros rurales, realidad de la educación pública surgida cuando fue nombrado Vasconcelos rector de la Universidad Nacional, luego titular de la Secretaría de Educación, quien afirmaba que el triunfo de la revolución se debía reflejar en educar obreros y campesinos, fuerza humana que ofreció sus vidas a favor del cambio social, cultural, ambiental del país, parte humana útil, para quienes había que crear una enseñanza accesible a través de la qué todos pudieran leer y escribir, sin importar qué tan lejanos estuvieran de las ciudades; mas pasó que los políticos echaron a perder el sueño de obreros, surgió un sindicalismo mafioso nefasto, cuyos mejores ejemplos son la señora Gordillo, el petrolero, el minero, las confederaciones campesinas, sujetos cuyo control no protege, se encamina a la corrupción, se pasa al abandono de los recursos básicos, en el campo los dirigentes que nunca sembraron ni en macetas; hacen esos, sí que los obreros de la tierra se ven obligados a  huir con su fuerza de trabajo a las ciudades a Estados Unidos o Canadá, de donde cabe el que debiéramos preguntarnos ¿cómo mitigar el hambre de la clase humilde? A la que se antoja responder que comiendo lo que producimos, pero no producimos, entonces que al menos coman artrópodos: chiquiliches, jumiles, gusanos de maguey, cuetlas, o roedores, tlacuaches, armadillos, víboras, hongos, todo lo que se mueva o crezca que es alimento y muy bueno, cuya ingesta los indígenas consideraban ceremonial, no precisamente para mitigar el hambre, como delicia temporal de la naturaleza para sus hijos humanos. 

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