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entamebiasis

Por: Antonio Cruz López

2013-06-04 04:00:00

 

Escribir entamebiasis o amibiasis con minúsculas a pesar de que es un título de tema inquieta a los revisores de textos, que ignoran que la infectología es una ciencia con ortografía, que implica modalidades para su escritura; lo primero es que un nombre biológico se escribirá con género primero y la especie después, con mayúscula inicial el género que es el patronímico del agente, después con minúscula la especie, que es apellido, ambos escritos con letras cursivas o bastardillas; si no lo sabe o no puede hacerlo subráyelos, que es pedir perdón por ignorarlo; tomemos de ejemplo el nombre biológico humano Homo sapiens.

Si deseamos dar nombre a la enfermedad que causa un agente biológico se toma del género sin la mayúscula, se castellaniza, se quita el último fonema y se agrega el sufijo: osis, asis, iosis o iasis, según eufonía; así resulta que el agente causal de la mal llamada amibiasis, una enfermedad intestinal o sistémica se debe llamarse entamebiasis, pero le decimos amibiasis porque el nombre vulgar ya es común y se generalizó, todo el mundo lo acepta, lo reconoce, al grado que ha configurado un estrato en la ciencia médica que expresa enfermedad común del humano, causada por Entamoeba histolytica, que fue aclarada biológicamente por Schaudinn en 1903. Fue visto primero el parásito por un estudiante de medicina de San Petersburgo, F. A. Losch, en 1875, en un campesino que procedía de Arkansas padeciendo disentería o expulsión de heces fecales con pus, sangre, moco y pujo, que provenía del Círculo Polar Ártico; lo vio al microscopio como un organismo unicelular muy móvil, con endo y ectoplasma, con glóbulos rojos; con ese contenido inoculó por el recto a cuatro perros, uno de los que presentó también disentería; a pesar de los intentos terapéuticos su enfermo murió a los siete meses; realizó estudio de autopsia, encontrado numerosas ulceraciones de la mucosa del intestino grueso o colon, a los protozoarios que había visto en la materia fecal los llamó Amoeba coli; su error consistió en haber dudado de que era causal de la enfermedad; aseguró que se trataba de un coadyuvante mecánico que impedía la curación.

En 1883 Robert Koch, en una epidemia de cólera, encontró en submucosa del intestino grueso amebas, después en abscesos hepáticos; después Kartulis, en 1885–1887, en 150 autopsias de disentéricos, demostró la presencia de amibas, demostrando fehacientemente que las amibas son patógenas, causales de disentería y absceso hepático, produciendo además cuadros clínicos en gatos. Más adelante Councilman y Lafleur, en 1911, concedieron la relación causa–efecto de las amibas en intestino e hígado y propusieron el nombre de Amoeba dysenteriae. En 1903 Herber describió los quistes y Schaudinn señaló la presencia de 2 amibas, Entamoeba coli no patógena y Entamoeba histolytica patógena. Musgrave, Clegg y Walter, Sellard, en 1913, tomaron “voluntarios” sanos a quienes proporcionaron las dos especies identificadas demostrando que solamente la especie E. histolytica es patógena con fuerte selectividad a parasitar humanos con malos hábitos higieno–dietéticos, relacionados a su materia fecal, que transmite las formas infectantes o quistes, por tanto, el humano enfermo distribuye en el medio ambiente los quistes infectantes, contamina a sanos con el contacto de sus manos, en especial alimentos, que introducen a la boca de un futuro paciente cuando los ingiere del medio ambiente, fenómeno muy común de difundirla que se llama fecalismo, distribución de la materia fecal en el medio ambiente y su ingesta. Mal hábito y costumbre de mexicanos, proliferado por políticos de salud que poco o nada hacen por combatirlo.

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